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Ciencia

La materia oscura podría esconder su verdadera naturaleza en una quinta dimensión. Su geometría explicaría por qué interactuó con fuerza al nacer el universo y hoy resulta casi invisible

Un nuevo modelo propone que la materia oscura y una partícula llamada fotón oscuro se extienden por una dimensión adicional diminuta. Su forma matemática podría producir de manera natural la resonancia necesaria para explicar la abundancia de materia oscura sin recurrir a parámetros ajustados artificialmente.
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La materia oscura podría no estar escondida en algún rincón lejano del cosmos. Según una nueva propuesta, parte de su física podría desarrollarse en una dirección espacial que nuestros sentidos y nuestros instrumentos todavía no pueden percibir.

Investigadores vinculados a la Universidad de Sheffield han construido un modelo en el que la materia oscura comparte una dimensión adicional con una partícula hipotética conocida como fotón oscuro. La forma de esa dimensión obligaría a ambas partículas a adquirir masas estrechamente relacionadas, creando una resonancia capaz de intensificar sus interacciones en momentos concretos de la historia del universo.

El trabajo, publicado en Physical Review D, no demuestra que exista una quinta dimensión ni confirma la presencia de fotones oscuros. Lo que ofrece es una explicación matemática para una coincidencia que otros modelos deben introducir manualmente: que la masa de la partícula mediadora posea justo el valor necesario para amplificar las interacciones de la materia oscura.

La quinta dimensión no sería un lugar al que pudiéramos viajar

La materia oscura podría esconder su verdadera naturaleza en una quinta dimensión. Su geometría explicaría por qué interactuó con fuerza al nacer el universo y hoy resulta casi invisible
© Getty Images / Tony Rowell.

Cuando la física habla de una dimensión adicional, no se refiere necesariamente a un universo paralelo situado detrás de una puerta invisible. La idea es que, además de las tres direcciones espaciales que conocemos, podría existir otra extremadamente pequeña y compactada sobre sí misma.

Una analogía habitual es imaginar una cuerda observada desde lejos. A simple vista parece una línea de una sola dimensión. Sin embargo, una hormiga suficientemente pequeña podría avanzar a lo largo de la cuerda y también rodearla. La segunda dirección estaba allí, aunque para un observador lejano resultaba invisible.

El modelo desarrollado por Taegyu Lee y Yu-Dai Tsai utiliza una geometría denominada orbifold, construida matemáticamente a partir de una dimensión circular sometida a determinadas simetrías. Dentro de ella se introducen una partícula fermiónica de materia oscura y un fotón oscuro que actuaría como mediador de una fuerza desconocida.

El fotón oscuro no sería simplemente un fotón convencional oculto. Sería una partícula hipotética relacionada con un nuevo campo de fuerzas perteneciente al llamado sector oscuro. Del mismo modo que el fotón transporta la interacción electromagnética, este mediador permitiría que las partículas de materia oscura interactuaran entre ellas y, bajo determinadas condiciones, dejaran señales detectables en la materia ordinaria.

Una geometría que “afina” las masas de las partículas

La pieza central del estudio es la resonancia. En física de partículas, una interacción puede aumentar enormemente cuando la energía del sistema coincide con la masa de una partícula mediadora. Es un fenómeno comparable, con muchas diferencias, a empujar un columpio al ritmo adecuado o hacer vibrar con intensidad una cuerda al alcanzar su frecuencia natural.

Aplicado a la materia oscura, esto significa que dos partículas podrían aniquilarse o dispersarse con mucha mayor facilidad cuando su energía se encuentra alineada con la del fotón oscuro.

El problema es que muchos modelos anteriores solo funcionan si las masas se eligen con una precisión extraordinaria. Los físicos pueden introducir los números adecuados, pero queda sin responder por qué la naturaleza habría seleccionado exactamente esa combinación.

Según explica la Universidad de Sheffield, la nueva propuesta traslada la respuesta a la forma de la dimensión oculta. Al moverse por una dimensión compacta, los campos aparecen desde nuestra perspectiva como una sucesión de estados con masas diferentes. La geometría organiza esos estados siguiendo una estructura concreta, haciendo que algunos queden naturalmente cerca de la condición de resonancia.

En otras palabras, las partículas no tendrían que estar “afinadas a mano”. Sería la propia arquitectura del espacio adicional la que colocaría sus masas en la relación adecuada.

Podría explicar cómo sobrevivió la materia oscura al universo primitivo

La materia oscura podría esconder su verdadera naturaleza en una quinta dimensión. Su geometría explicaría por qué interactuó con fuerza al nacer el universo y hoy resulta casi invisible
© Shutterstock / shufilm.

Uno de los grandes desafíos de cualquier candidato a materia oscura consiste en explicar su abundancia actual. Los modelos deben reconstruir cómo se comportaron esas partículas cuando el universo era extremadamente caliente y denso, y por qué quedó la cantidad suficiente para formar el entramado gravitacional sobre el que crecieron las galaxias.

La resonancia propuesta podría aumentar la aniquilación de materia oscura en etapas decisivas del universo primitivo. También podría intensificar sus autointeracciones, permitiendo que las partículas oscuras chocaran entre ellas con mayor frecuencia de la que sugiere su comportamiento aparentemente inerte en la actualidad.

Esto ayuda a reconciliar dos situaciones que parecen contradictorias. La materia oscura pudo interactuar intensamente cuando se estableció su abundancia cósmica y, al mismo tiempo, comportarse hoy como una sustancia casi imposible de detectar.

La clave es que las resonancias son muy sensibles a la energía y la velocidad. Las condiciones del universo joven no eran las mismas que las existentes en una galaxia actual o en un detector subterráneo. Una interacción amplificada en el pasado puede resultar mucho más débil bajo las condiciones presentes.

La teoría propone señales concretas, pero todavía no hay una detección

La importancia del trabajo no reside únicamente en hacer más elegante un modelo matemático. Lee y Tsai sostienen que su escenario produce predicciones particulares para experimentos de detección directa y para búsquedas realizadas en aceleradores de partículas. Eso permite, al menos en principio, someter la idea a pruebas y descartar regiones de sus parámetros.

Los detectores directos buscan diminutas colisiones entre partículas de materia oscura y núcleos atómicos. Los aceleradores, por su parte, pueden tratar de producir fotones oscuros o identificar energía que parece desaparecer del experimento sin dejar partículas visibles.

Aun así, el estudio debe interpretarse con cautela. No se ha observado la dimensión adicional, no se ha encontrado un fotón oscuro y tampoco se ha identificado la partícula que compone la materia oscura. La investigación presenta un marco teórico coherente que conecta tres ideas: dimensiones extras, partículas mediadoras y materia oscura resonante.

Esa conexión es su verdadero avance. La quinta dimensión no aparece como un añadido decorativo para hacer funcionar las ecuaciones, sino como la posible causa de una relación entre masas que hasta ahora parecía una coincidencia.

Tal vez la materia oscura no esté simplemente escondiéndose de nuestros telescopios. Puede que una parte de las reglas que gobiernan su comportamiento se encuentre escrita en una dirección del espacio que jamás hemos experimentado. Por ahora es solo una posibilidad, pero una con la suficiente precisión como para que los experimentos futuros puedan empezar a buscar dónde falla.

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