La noche podría dejar de depender únicamente de la posición natural del Sol. La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos autorizó a Reflect Orbital a desplegar y operar Eärendil-1, un satélite experimental diseñado para reflejar luz solar hacia zonas concretas de la superficie terrestre.
La autorización, concedida el 9 de julio de 2026, cubre un único satélite y las frecuencias necesarias para controlarlo y recibir sus datos. No representa todavía una aprobación para la constelación de decenas de miles de espejos espaciales que la empresa plantea desarrollar en el futuro.
Eärendil-1 funcionará como demostrador tecnológico. Su objetivo será comprobar si un reflector desplegable puede orientarse con suficiente precisión, dirigir la luz hacia una zona predeterminada y controlar los efectos no deseados de su brillo.
Un espejo de más de 300 metros cuadrados
El satélite incorporará una película reflectante de 18 metros por 18 metros, equivalente a una superficie aproximada de 324 metros cuadrados. La estructura será ultraligera, motorizada y orientable.
Desde una órbita terrestre baja situada entre los 600 y 650 kilómetros de altitud, el reflector dirigirá luz del Sol hacia una zona de alrededor de cinco kilómetros de diámetro. El satélite solo podrá hacerlo cuando continúe iluminado por el Sol mientras la región situada debajo ya se encuentra en oscuridad.
Eso significa que no puede crear luz solar durante toda la noche. Su funcionamiento dependerá de la órbita, la posición del objetivo y los períodos cercanos al amanecer o al anochecer.
Tampoco “modificará el Sol” ni alterará su funcionamiento. El sistema se limitará a redirigir una fracción diminuta de la radiación solar que llega al espejo.

La promesa es producir energía solar después del atardecer
Reflect Orbital plantea utilizar futuros satélites para extender durante algunos minutos la producción de plantas fotovoltaicas después de la puesta del Sol. También menciona posibles aplicaciones en operaciones de emergencia, rescates, construcción e iluminación temporal de instalaciones remotas.
La empresa sostiene que la orientación del reflector permitiría limitar la luz a una región seleccionada. Sin embargo, incluso el haz proyectado por un único satélite abarcaría una superficie de varios kilómetros, por lo que no funcionaría como un foco preciso dirigido únicamente a una vivienda o un conjunto concreto de paneles.
Las propias cifras presentadas durante el proceso regulatorio muestran la escala necesaria para convertir la idea en un servicio energético relevante. Las organizaciones científicas que se opusieron al proyecto señalan que Reflect Orbital necesitaría unos 5.000 satélites para conseguir un aumento aproximado de apenas un 1% en el factor de capacidad de una planta solar, con períodos de iluminación de unos 20 minutos.
Los astrónomos temen un cielo mucho más brillante
El proyecto recibió una fuerte oposición de sociedades astronómicas y organizaciones ambientales. Más de 1.800 comentarios fueron enviados a la FCC durante la evaluación.
La American Astronomical Society advierte que Eärendil-1 podría ser varias veces más brillante que la Luna llena cuando dirija su reflejo hacia un observador. Un objeto de ese brillo podría saturar instrumentos científicos, arruinar imágenes y representar un riesgo para quienes lo observen mediante determinados telescopios.
El problema crecería enormemente con una constelación completa. Reflect Orbital ha planteado alcanzar hasta 50.000 satélites durante la próxima década. Simulaciones del Observatorio Europeo Austral estiman que una red de ese tamaño podría hacer que el cielo nocturno fuera entre tres y cuatro veces más brillante, incluso cuando los haces no apuntaran directamente hacia los observatorios.
También existen dudas sobre los ritmos circadianos de las personas, la orientación de aves e insectos y los ecosistemas adaptados a períodos naturales de oscuridad.
La FCC autorizó una prueba, no el futuro completo
La licencia tendrá una duración de dos años desde que el satélite entre en operación. La FCC consideró que una única misión experimental podía aportar información sobre una tecnología emergente y concluyó que las objeciones no justificaban rechazarla.
Cualquier despliegue posterior necesitará nuevas autorizaciones. También deberá demostrar que puede operar sin interferencias, gestionar los riesgos orbitales y responder a las preocupaciones ambientales y astronómicas.
Eärendil-1 no eliminará la noche ni permitirá mantener funcionando indefinidamente una planta solar. Será una prueba para comprobar si es posible enviar luz solar desde el espacio de forma controlada.
La tecnología podría resultar útil en situaciones concretas. Pero antes deberá responder una pregunta mucho más importante: aunque podamos iluminar la Tierra desde la órbita, ¿realmente deberíamos hacerlo?