Durante décadas, los astrónomos han construido teorías para explicar cómo nacen y evolucionan los planetas gigantes. Sin embargo, un reciente descubrimiento ha puesto en duda parte de ese conocimiento. Dos mundos de dimensiones similares a Júpiter presentan propiedades tan inusuales que ni siquiera los especialistas logran explicar cómo consiguieron formarse y mantenerse estables, convirtiéndose en uno de los mayores enigmas de la astronomía moderna.
Un descubrimiento que rompe todas las expectativas
Júpiter es el planeta más grande del sistema solar y posee una masa cercana a los 1,9 × 10²⁷ kilogramos. Aunque está compuesto principalmente por hidrógeno y helio, su enorme gravedad comprime esos gases hasta alcanzar una densidad media de 1,33 gramos por centímetro cúbico. Esa relación entre tamaño, masa y densidad ha servido durante años como referencia para comprender la formación de gigantes gaseosos.
Ahora, un equipo internacional de investigadores ha encontrado un sistema planetario que parece desafiar esas reglas. Los astrónomos identificaron dos planetas casi tan grandes como Júpiter, pero con una masa extraordinariamente reducida. Su densidad es tan baja que ha sido comparada con la del algodón de azúcar, convirtiéndolos en algunos de los cuerpos celestes más extraños jamás detectados.
Los hallazgos fueron publicados en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y han despertado un enorme interés entre los especialistas, ya que estos objetos presentan características que los modelos actuales apenas consiguen explicar.

Dos gigantes con una estructura fuera de lo común
Los nuevos planetas, bautizados como TOI-791 b y TOI-791 c, orbitan una estrella ubicada a unos 1.110 años luz de la Tierra, en la constelación de Volans. Aunque ambos poseen un diámetro muy parecido al de Júpiter, su masa representa solo una pequeña fracción de la del gigante de nuestro sistema solar.
Como consecuencia, sus densidades alcanzan apenas 0,038 y 0,047 gramos por centímetro cúbico, valores sorprendentemente bajos incluso para los estándares de los gigantes gaseosos.
En condiciones normales, un planeta con semejante tamaño debería contener suficiente materia para que su gravedad comprimiera sus capas de gas. Sin embargo, estos dos mundos parecen escapar de esa lógica, obligando a los científicos a buscar nuevas explicaciones.
Los investigadores los incluyen dentro de una categoría extremadamente rara conocida como planetas «superesponjosos» o super-puff planets. Se trata de cuerpos rodeados por enormes atmósferas de hidrógeno y helio que ocupan un volumen gigantesco, pero contienen muy poca masa. Una forma sencilla de imaginarlo sería pensar en un enorme globo inflado con una cantidad mínima de aire.
Un enigma que todavía no tiene respuesta
Según explicó Jon Jenkins, científico del Centro de Investigación Ames de la NASA, la mayor sorpresa no es únicamente lo extraños que resultan estos planetas, sino que, de acuerdo con los modelos actuales, ni siquiera deberían existir. Precisamente por eso representan una oportunidad única para comprender mejor cómo se forman los gigantes gaseosos y otros planetas de gran tamaño.
Hasta ahora ya se habían identificado algunos mundos con densidades extremadamente bajas, como WASP-193b, descubierto en 2024. Sin embargo, encontrar dos planetas de este tipo orbitando la misma estrella constituye un caso excepcional.
Además, ambos mantienen una interacción gravitatoria constante. Cada vez que completan una órbita alrededor de su estrella, ejercen pequeñas fuerzas uno sobre otro, provocando ligerísimas variaciones en el momento exacto en que cruzan frente a ella. Esas alteraciones permitieron calcular con una precisión muy elevada la masa real de ambos cuerpos.
Las teorías que intentan explicar lo imposible
Aunque todavía no existe una respuesta definitiva, los científicos manejan varias hipótesis para explicar el origen de estos extraños gigantes.
Una posibilidad es que se formaran muy lejos de su estrella, en una región mucho más fría del sistema donde pudieron acumular enormes cantidades de hidrógeno y helio. Posteriormente habrían migrado hacia zonas más cercanas sin perder esas atmósferas extremadamente infladas.
Otra teoría plantea que algún mecanismo interno aún desconocido mantiene calientes sus capas exteriores. Ese calor impediría que la gravedad comprimiera los gases con la intensidad esperada, permitiendo que conservaran su enorme tamaño pese a su escasa masa.
Ninguna de estas explicaciones consigue reproducir por completo todas las características observadas, por lo que el misterio continúa abierto.
Para intentar resolverlo, el equipo liderado por Georgina Dransfield ya solicitó nuevas observaciones utilizando el telescopio espacial James Webb. Analizando la luz que atraviesa las atmósferas de ambos planetas esperan identificar moléculas como agua, metano, dióxido de carbono y otros compuestos ricos en carbono, nitrógeno y oxígeno.
Esos datos podrían ofrecer las primeras pistas sólidas sobre el lugar donde nacieron estos extraordinarios mundos y revelar por qué terminaron convirtiéndose en algunos de los planetas más ligeros y desconcertantes jamás descubiertos.
[Fuente: La Razón]