Durante casi 30 años, miles de alpinistas pasaron junto a él para buscar refugio o calcular cuánto les faltaba para la cima. Le decían por radio al campamento base cuando llegaban a su altura. Lo usaban como referencia en uno de los ascensos más exigentes del mundo. Y sin embargo, nadie sabía con certeza cómo se llamaba. Eso cambió en junio de 2026, cuando la Policía Fronteriza Indo-Tibetana (ITBP) reveló que una prueba de ADN había confirmado la identidad del hombre conocido como ‘Green Boots’: no era Tsewang Paljor, como se había creído durante décadas, sino su compañero de expedición Lance Naik Dorje Morup.
El mismo mes, la ITBP licitó la contratación de una agencia especializada para recuperar los restos de Morup antes de que termine la ventana de escalada de la cara norte del Everest, que cierra en septiembre. Si la operación tiene éxito, será una de las recuperaciones de cuerpos más altas jamás ejecutadas en la historia del montañismo.
La tormenta de 1996 y tres hombres que no bajaron
El 10 de mayo de 1996, el Everest vivió uno de sus días más mortales. Mientras en la cara sur una tormenta mataba a ocho alpinistas en lo que Jon Krakauer inmortalizaría en Into Thin Air, en la cara norte una expedición de la ITBP también enfrentaba condiciones extremas. Tres de sus seis integrantes habían decidido seguir hacia la cumbre a pesar de superar ampliamente el horario de retorno recomendado: Tsewang Smanla, Tsewang Paljor y Dorje Morup. A las 3:45 de la tarde comunicaron por radio que habían alcanzado la cima. Ninguno volvió.
Al día siguiente, un equipo japonés los encontró con vida pero en estado crítico de congelación. Los ayudaron a avanzar hacia la siguiente cuerda fija y siguieron su camino. Al descender, vieron a uno de ellos arrastrándose justo debajo del Primer Escalón. No hubo más señales. El cuerpo que quedaría congelado en una pequeña cueva de caliza a 8.500 metros, identificable por sus botas de montaña de color verde lima, se convirtió en una presencia permanente en la ruta noreste del Everest.
Treinta años de identidad equivocada
Durante décadas, la versión dominante identificó el cuerpo como el de Tsewang Paljor. Sin embargo, según detalla ExplorersWeb en su análisis del caso, ya en 1997 el oficial P.M. Das publicó en el Himalayan Journal una teoría alternativa: el cuerpo en la cueva era el de Dorje Morup, mientras que Paljor habría caído por la cara Kangshung y nunca fue encontrado. La prueba de ADN realizada en el marco de los preparativos de la misión de 2026 confirmó la teoría de Das.
El resultado tiene una cara amarga: la confirmación de que ‘Green Boots’ es Morup significa que la familia de Tsewang Paljor sigue sin saber dónde está su cuerpo. Durante 30 años creyeron que al menos tenían una referencia, una ubicación. Ahora saben que no.
Lo que implica bajar un cuerpo de la zona de la muerte
El pliego de licitación de la ITBP establece condiciones que dan una idea de la dificultad de la operación: al menos seis sherpas con experiencia en recuperaciones técnicas sobre los 8.000 metros, coordinación con las autoridades chinas que controlan el lado tibetano del Everest, transporte transfronterizo a través de Nepal, y repatriación legal de los restos a India. La operación debe completarse dentro de la ventana de escalada de la cara norte, que cierra en septiembre, y debe respetar protocolos religiosos y culturales.
La empresa nepalí Makalu Adventure estimó que el trabajo completo podría demorar 40 días. El montañista estadounidense Alan Arnette, analista del Everest, calculó un costo de alrededor de 150.000 dólares. Y eso sin contar el riesgo físico: a 8.500 metros hay apenas un tercio del oxígeno disponible al nivel del mar. Un cuerpo congelado con equipo de montaña puede superar los 100 kilogramos una vez bloqueado por el hielo, con extremidades rígidas en ángulos difíciles de manejar en terreno expuesto.
Tshiring Jangbu Sherpa, fundador de Everest Sherpa Expedition, lo describió sin rodeos: en algunos casos deben amputar una extremidad que no pueden doblar para poder avanzar. Añadió que los sherpas, en su mayoría budistas, cargan también con el peso cultural de tener que manipular cuerpos, algo que va en contra de sus creencias. Unos 200 cuerpos permanecen en el Everest. La mayoría seguirá ahí: bajarlos es demasiado peligroso o demasiado costoso, y los helicópteros no pueden operar con seguridad a esas altitudes. Si la misión de India tiene éxito con Dorje Morup, será una excepción en una montaña acostumbrada a guardarse a sus muertos.