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Ciencia

El James Webb parecía haber encontrado en K2-18b la señal química más prometedora de vida fuera del Sistema Solar. Nuevos análisis muestran que el supuesto biomarcador todavía puede desaparecer según cómo se procesen los datos

El telescopio detectó una señal compatible con dimetil sulfuro o dimetil disulfuro, dos moléculas asociadas con la vida en la Tierra. Sin embargo, equipos independientes no han logrado confirmar que estén realmente presentes en la atmósfera del planeta.
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K2-18b se convirtió en uno de los mundos más observados fuera del Sistema Solar después de que un equipo de la Universidad de Cambridge anunciara una posible señal de dimetil sulfuro y dimetil disulfuro en su atmósfera. En la Tierra, el primero de estos compuestos está vinculado principalmente con organismos marinos como el fitoplancton.

La posibilidad resultaba extraordinaria: si la señal era correcta y no existía una explicación química no biológica, podía representar una de las pistas más prometedoras de vida extraterrestre obtenidas hasta ahora.

Pero las observaciones del Telescopio Espacial James Webb nunca constituyeron una detección de vida. Tampoco demostraron de forma definitiva que las moléculas estuvieran allí. Desde el anuncio de abril de 2025, diferentes grupos han vuelto a procesar los datos y han llegado a conclusiones considerablemente más prudentes.

Lo que el James Webb detectó realmente en K2-18b

Un planeta lejano emite señales inquietantes: ¿la primera pista real de vida extraterrestre?
© astrophotographylens.com.

K2-18b orbita una estrella enana roja situada a unos 120 años luz. Según el catálogo de exoplanetas de la NASA, posee unas 8,9 veces la masa de la Tierra, un radio 2,37 veces mayor y completa una vuelta alrededor de su estrella cada 32,9 días.

El planeta se encuentra en la denominada zona habitable, la región donde la temperatura podría permitir la existencia de agua líquida bajo ciertas condiciones. Esto no demuestra que tenga océanos ni que sea habitable, ya que su atmósfera, presión y estructura interna continúan siendo objeto de debate.

Las primeras observaciones del James Webb confirmaron la presencia de metano y ofrecieron indicios de dióxido de carbono. De acuerdo con la NASA, aquellos resultados eran compatibles con la hipótesis de un mundo “hiceánico”: un planeta cubierto por un océano y rodeado por una atmósfera rica en hidrógeno. Sin embargo, otras estructuras internas también podían explicar los datos.

En 2025, el equipo dirigido por Nikku Madhusudhan utilizó el instrumento MIRI del telescopio para observar el planeta en longitudes de onda del infrarrojo medio. El espectro mostraba características compatibles con DMS, DMDS o una combinación de ambas moléculas, con una significación estadística cercana a tres sigma.

Como explicó entonces la Universidad de Cambridge, la abundancia estimada superaba las diez partes por millón, miles de veces la concentración habitual de DMS en la atmósfera terrestre. El propio equipo reconoció, no obstante, que eran necesarias más observaciones para distinguir las dos moléculas y descartar otras explicaciones.

Tres sigma no bastan para anunciar vida extraterrestre

Una señal de tres sigma puede parecer elevada, pero está por debajo del nivel utilizado habitualmente para proclamar un descubrimiento extraordinario. Además, la cifra depende de los modelos atmosféricos, las moléculas incluidas y el método empleado para corregir el ruido del instrumento.

La dificultad es que los telescopios no observan directamente el gas. Cuando K2-18b pasa delante de su estrella, una pequeña parte de la luz atraviesa su atmósfera. Los investigadores buscan después diminutas variaciones en el espectro y comparan esas huellas con las que producirían diferentes compuestos.

Varias moléculas pueden absorber luz en regiones parecidas. Una señal atribuida al DMS puede debilitarse cuando el análisis incorpora otras sustancias posibles o cuando se modifica ligeramente el tratamiento de los datos.

Además, que el DMS sea producido mayoritariamente por la vida en la Tierra no significa que tenga necesariamente un origen biológico en otro planeta. El propio artículo original subrayaba que todavía deben investigarse posibles rutas químicas abióticas bajo las condiciones particulares de K2-18b.

Los análisis independientes no encontraron una señal sólida

Un planeta lejano emite señales inquietantes: ¿la primera pista real de vida extraterrestre?
© Freepik.

La interpretación comenzó a debilitarse cuando otros equipos analizaron las mismas observaciones utilizando diferentes programas y modelos atmosféricos.

Una investigación publicada en Astronomy & Astrophysics combinó los datos de los instrumentos NIRISS, NIRSpec y MIRI, cubriendo el espectro completo observado por el James Webb. Según concluyen sus autores, no existe evidencia estadísticamente significativa de DMS o DMDS en la atmósfera de K2-18b.

El equipo comprobó que otras moléculas con grupos químicos semejantes podían reproducir los datos con una precisión comparable. También encontró que la preferencia por el DMS dependía de limitar previamente la cantidad de gases incluidos en los modelos y de pequeñas diferencias en la reducción de las observaciones.

Los investigadores calcularon que, incluso suponiendo correcta la interpretación más favorable al DMS, podrían necesitarse alrededor de 25 tránsitos adicionales observados con MIRI para distinguir de forma convincente sus características de un espectro prácticamente plano.

Otro análisis exhaustivo aplicó 60 tratamientos de datos y más de 250 reconstrucciones atmosféricas a las observaciones del infrarrojo cercano. Tal como señala ese trabajo, la presencia de metano se mantiene con relativa solidez, pero no apareció evidencia fiable de dióxido de carbono ni de DMS. Los mismos datos podían explicarse mediante un mini-Neptuno pobre en oxígeno, sin necesidad de un océano habitable.

El debate sigue abierto, pero todavía no hay una biosignatura confirmada

El equipo de Cambridge ha continuado examinando la atmósfera del planeta. En un estudio publicado en mayo de 2026, sus investigadores compararon las observaciones con cientos de gases y volvieron a identificar al DMS entre las moléculas capaces de mejorar algunos modelos. Sin embargo, reconocen que las mediciones se encuentran cerca del límite de sensibilidad del James Webb y que se necesitan nuevos tránsitos para establecer qué compuesto produce realmente la señal.

La situación actual no permite afirmar que K2-18b contenga DMS, mucho menos que albergue organismos. Incluso la naturaleza del planeta sigue sin resolverse: podría ser un mundo con océanos bajo una atmósfera de hidrógeno, pero también un mini-Neptuno con una envoltura gaseosa demasiado profunda y caliente para mantener una superficie habitable.

K2-18b continúa siendo un objetivo excepcional porque permite estudiar la atmósfera de un planeta templado y sin equivalente conocido en el Sistema Solar. El James Webb ha confirmado que contiene metano y ha abierto la posibilidad de analizar moléculas mucho más difíciles en mundos lejanos.

Pero la primera señal real de vida extraterrestre todavía no ha llegado. Por ahora, K2-18b representa algo diferente: una demostración de lo extraordinariamente fácil que resulta encontrar una señal prometedora y de lo difícil que es demostrar que esa señal fue producida por vida.

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