A lo largo de la historia, los cometas han sido interpretados como presagios, mensajeros o simples reliquias heladas del cosmos. Pero el recién llegado 3I/ATLAS no encaja en ninguno de esos moldes. Descubierto en 2025 y observado ahora por el telescopio espacial James Webb, este cuerpo interestelar muestra una composición que no se asemeja a la de ningún cometa del sistema solar. Su viaje efímero y sus características químicas lo convierten en un testigo privilegiado de otros rincones de la galaxia.
Una primera mirada desde el James Webb

El James Webb Space Telescope (JWST), el observatorio más potente jamás lanzado al espacio, logró capturar una imagen inédita de 3I/ATLAS. El espectro infrarrojo reveló un hallazgo inesperado: la coma del cometa está dominada por dióxido de carbono, acompañado por agua, monóxido de carbono, hielo y polvo.
Según los datos preliminares que serán publicados en Astrophysical Journal Letters, la proporción de dióxido de carbono y agua alcanza niveles jamás vistos en cometas observados a distancias similares del Sol. Esto sugiere que el núcleo mismo de 3I/ATLAS está impregnado de este gas, lo que lo convierte en un objeto químicamente distinto a cualquier cometa formado en nuestro vecindario estelar.
Diferencias con otros viajeros interestelares
Hasta hoy solo se han confirmado tres visitantes interestelares: Oumuamua en 2017, Borisov en 2019 y ahora 3I/ATLAS. De ellos, únicamente Borisov y ATLAS mostraron coma visible. La de Borisov estaba dominada por agua, mientras que la de ATLAS presenta una clara supremacía del dióxido de carbono.
En los cometas del sistema solar, el agua suele ser el motor principal de la actividad, sublimándose al acercarse al Sol. El caso de ATLAS rompe esa regla. Los astrónomos creen que el cometa se formó en un entorno más hostil, expuesto a niveles de radiación muy superiores a los que experimentan los cuerpos de nuestro sistema.
Una reliquia más antigua que el Sol

Los cálculos apuntan a que 3I/ATLAS podría tener una edad de 7.000 millones de años, mucho más antiguo que los 4.500 millones del sistema solar. Esto significa que su existencia antecede a la formación de nuestro propio planeta y que transporta en su interior una memoria química de épocas estelares previas.
El telescopio Hubble confirmó además que el cometa libera entre 6 y 60 kilogramos de polvo por segundo y pequeñas cantidades de agua, incluso antes de cruzar regiones donde este tipo de sublimación suele ocurrir. Tales características lo convierten en una cápsula del tiempo cósmica.
El futuro de 3I/ATLAS
El cometa viaja a una velocidad de 61 kilómetros por segundo y mide entre 0,32 y 5,6 kilómetros de diámetro. Su trayectoria hiperbólica lo llevará a un máximo acercamiento de 1,8 unidades astronómicas de la Tierra —unos 270 millones de kilómetros—, por lo que no representa ningún peligro.
Tras alcanzar su perihelio el 29 de octubre de 2025, 3I/ATLAS se alejará definitivamente del sistema solar. Para finales de 2026, su brillo se habrá extinguido más allá de la órbita de Júpiter, dejando atrás solo los datos y preguntas que logremos obtener en el breve lapso de su visita.
El James Webb, junto con otros observatorios, tiene ahora la misión de aprovechar este fugaz encuentro para descifrar la historia de un cometa que llegó desde las profundidades de la Vía Láctea.