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El legado incómodo de El silencio de los corderos: el equipo reconoce hoy sus errores sobre género

Treinta y cinco años después de su estreno, miembros clave del equipo de El silencio de los corderos admiten que la película contiene elementos problemáticos en su representación de género. Ted Levine y el productor Edward Saxon reconocen que algunas decisiones fueron “desafortunadas” y que el filme ha causado daño.
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Pocas películas han marcado tanto la historia del cine moderno como El silencio de los corderos. Ganadora de los cinco grandes premios Oscar y convertida en un clásico indiscutible del thriller psicológico, su influencia sigue intacta. Sin embargo, con el paso del tiempo y el avance del debate social, su legado también se ha vuelto más complejo. Hoy, a 35 años de su estreno, parte de su equipo revisa críticamente una de sus aristas más controvertidas: la representación de Buffalo Bill y las acusaciones de transfobia que han acompañado al filme durante décadas.

Un clásico revisado desde el presente

Dirigida por Jonathan Demme y protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster, El silencio de los corderos (1991) sigue siendo una referencia obligada del cine de suspense. Sin embargo, el personaje de Buffalo Bill —un asesino en serie que secuestra y asesina mujeres— ha sido objeto de críticas por su asociación con una identidad de género no normativa.

Aunque la película insiste en que Buffalo Bill “no es realmente transexual”, la construcción del personaje y ciertos diálogos han sido interpretados durante años como una representación dañina hacia la comunidad trans.

Ted Levine y una mirada más consciente

Ted Levine, quien dio vida a Buffalo Bill, ha reconocido recientemente que su percepción del personaje ha cambiado con el tiempo. En declaraciones a The Hollywood Reporter, el actor admite que hay elementos del guion que hoy no se sostienen.

“Hay ciertos aspectos de la película que no envejecieron bien”, explica Levine. “Todos sabemos más ahora, y yo soy mucho más consciente de los problemas transgénero. Algunas frases de la película son desafortunadas”.

El actor insiste en que nunca interpretó a Buffalo Bill como un personaje gay o trans. “Para mí era un hombre heterosexual profundamente perturbado. Eso era lo que estaba haciendo”, afirma. Aun así, reconoce que el impacto cultural del personaje ha sido negativo: “Es lamentable que la película haya contribuido a vilipendiar eso. Está totalmente mal”.

“No hubo mala intención, pero sí falta de sensibilidad”

El productor Edward Saxon también ha abordado la polémica. Según Saxon, el equipo creativo nunca tuvo la intención de asociar la identidad trans con la violencia del personaje, pero admite que no supieron anticipar el daño potencial.

“No fuimos lo suficientemente sensibles al legado de estereotipos que ya existían y a su capacidad para causar dolor”, señala. “Hay arrepentimiento, aunque no hubo mala intención”.

Saxon añade que, en el contexto de la época, el equipo creía que quedaba claro que Buffalo Bill era un individuo con una patología extrema, no una representación de ninguna identidad real. Sin embargo, reconoce que esa distinción no fue suficiente.

Un legado brillante, pero no intocable

Con un presupuesto de 19 millones de dólares, El silencio de los corderos recaudó más de 130 millones en todo el mundo y obtuvo siete nominaciones al Oscar, ganando cinco estatuillas, incluida Mejor película. Su importancia cinematográfica es incuestionable.

Pero el caso demuestra que incluso los grandes clásicos deben revisarse a la luz de nuevas sensibilidades. Reconocer errores no borra su valor artístico, pero sí permite entender cómo el cine también refleja —y a veces refuerza— los prejuicios de su tiempo. Revisar ese legado, hoy, forma parte de una conversación necesaria.

Fuente: SensaCine.

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