El cementerio espacial más famoso de la Tierra está a punto de recibir nuevos ocupantes. El 31 de agosto y el 1 de septiembre, la Agencia Espacial Europea prevé que Samba y Tango, los dos últimos satélites de la misión Cluster, reingresen en la atmósfera sobre un rincón remoto del Pacífico Sur.
No caerán intactos. La fricción atmosférica destruirá buena parte de sus estructuras y los fragmentos que sobrevivan terminarán en el océano. La ESA ha calculado sus trayectorias para alejarlas de poblaciones, embarcaciones y rutas aéreas.
Es una operación que resume perfectamente para qué sirve esta región: retirar objetos de la órbita sin convertir su regreso en una ruleta rusa sobre zonas habitadas.
El lugar donde el espacio puede quedar más cerca que la tierra

Punto Nemo no es una isla, una boya ni una formación visible. Es una coordenada matemática situada en el Pacífico Sur y conocida como el polo oceánico de inaccesibilidad: el punto del mar más alejado de cualquier superficie terrestre.
Está aproximadamente a 2.688 kilómetros de sus tres costas más cercanas: la isla Ducie, Motu Nui (junto a Rapa Nui) y la isla Maher, frente a la Antártida. La posición fue calculada en 1992 por el ingeniero croata-canadiense Hrvoje Lukatela, de modo que no se trata de un descubrimiento reciente. La NOAA sitúa sus coordenadas en 48°52,6′ sur y 123°23,6′ oeste.
Su aislamiento produce una paradoja extraordinaria. Cuando la Estación Espacial Internacional pasa directamente sobre la zona, sus tripulantes, a unos 400 kilómetros de altura, pueden estar mucho más cerca que cualquier persona situada en tierra firme. Eso solo ocurre si no navega algún barco por las inmediaciones, pero la comparación permite entender la escala del lugar.
Las aguas superficiales también son pobres en nutrientes debido a la circulación del gran giro del Pacífico Sur. Eso reduce la productividad biológica, aunque no convierte el océano en un espacio sin vida ni justifica tratarlo como un vertedero ilimitado.
No hay una montaña de naves bajo una coordenada

El nombre “cementerio de naves espaciales” puede llevar a imaginar estaciones, satélites y cohetes apilados exactamente bajo Punto Nemo. La realidad es menos cinematográfica.
Las agencias utilizan una región muchísimo mayor conocida como Área Oceánica Deshabitada del Pacífico Sur. Las trayectorias se calculan para que los restos caigan dentro de extensos corredores, ya que una nave se fragmenta durante el descenso y sus piezas pueden distribuirse a lo largo de cientos de kilómetros.
La estación soviética Mir fue dirigida hacia el Pacífico Sur en marzo de 2001. Antes de la maniobra final, una nave Progress redujo su órbita y dio el último impulso que la hizo entrar en la atmósfera. Buena parte de la estructura se quemó; lo que quedó terminó en el océano.
La próxima gran protagonista será la ISS. Estados Unidos y sus socios planean mantenerla operativa hasta 2030, y la NASA seleccionó a SpaceX para construir el vehículo que controlará su descenso.
Todavía no se ha anunciado una coordenada final exacta. El plan consiste en aprovechar la fricción atmosférica, vaciar la estación, ajustar su trayectoria y ejecutar una última maniobra sobre un área oceánica sin población. El punto más solitario de la Tierra no es una tumba precisa: es el centro simbólico de una enorme zona donde termina aquello que alguna vez construimos para no tocar el suelo.