Una población humana desaparecida hace cientos de miles de años pudo dejar su ADN dentro de otra. Esa segunda población se cruzó después con una tercera y transmitió parte de aquella herencia genética. El resultado de esa cadena todavía puede encontrarse en personas que viven hoy.
No tenemos un fósil identificado de aquel primer grupo con ADN recuperable. Tampoco sabemos cómo era, dónde vivió exactamente o qué nombre debería ocupar en el árbol humano. Su existencia ha sido reconstruida siguiendo el viaje de pequeños fragmentos genéticos: desde un linaje separado hace aproximadamente 1,8 millones de años hasta los denisovanos y, finalmente, algunas poblaciones modernas.
El hallazgo forma parte de un estudio publicado en Science que presenta TRACE, un método capaz de detectar ascendencia arcaica sin disponer del genoma del antepasado desaparecido.
Una herencia que llegó con escala en los denisovanos

Los investigadores encontraron dos historias diferentes. La más antigua comienza con una población “superarcaica” perteneciente a una rama que se había separado del resto del linaje humano hace cerca de 1,8 millones de años.
Ese grupo se cruzó en Eurasia con los denisovanos, probablemente hace más de 200.000 años. Mucho después, los denisovanos tuvieron descendencia con Homo sapiens. Parte del ADN superarcaico viajó así dentro del genoma denisovano y terminó llegando indirectamente a los humanos modernos.
La señal apareció especialmente en genomas de Oceanía, donde algunas poblaciones conservan hasta aproximadamente un 4% de ADN denisovano. Los propios denisovanos habrían recibido entre un 3% y un 5% de su genoma de aquel antepasado mucho más antiguo, por lo que solo una fracción diminuta consiguió completar todo el recorrido hasta nosotros.
No es una demostración de que ese grupo fuera Homo erectus. La antigüedad permite plantear posibles relaciones con poblaciones de ese periodo, pero TRACE detecta una historia genética, no identifica una especie concreta.
Otro fantasma está presente en todas las poblaciones analizadas

El segundo linaje desconocido tomó un camino más directo. Se había separado de nuestros antepasados hace más de medio millón de años y volvió a mezclarse con Homo sapiens en África, antes de la gran expansión hacia Eurasia.
El equipo analizó 503 genomas completos pertenecientes a poblaciones de África oriental y occidental, Europa, Asia meridional y Asia oriental. En todas encontró fragmentos procedentes de este mismo linaje fantasma. Cada persona estudiada conservaba de media entre un 0,49% y un 1,1% de esa ascendencia.
Su presencia tanto en africanos como en no africanos indica que el cruce ocurrió antes de la principal migración fuera de África. Cuando una parte de aquella población comenzó a extenderse por otros continentes, ya transportaba consigo la herencia del grupo desconocido.
TRACE lee los árboles escondidos dentro del genoma
Nuestro ADN no posee un único árbol genealógico. Cada fragmento puede haber seguido un recorrido distinto y compartir un antepasado con otras personas en momentos muy diferentes.
TRACE (siglas de Tracking Archaic Contributions via ARG Estimation) reconstruye esas genealogías locales mediante gráficos de recombinación ancestral. Después busca regiones cuya historia se remonta anormalmente lejos.
Como prueba, el sistema recuperó correctamente segmentos conocidos de origen neandertal y denisovano. Luego encontró regiones igual de antiguas que no coincidían con ninguno de esos genomas. La conclusión más probable era que procedían de poblaciones todavía no identificadas.
El método no sustituye al ADN extraído de un fósil. Sin restos directos no es posible saber con certeza qué aspecto tenían aquellos grupos ni asignarles un nombre. Pero cambia dónde podemos buscarlos: ya no solamente bajo el suelo de una cueva, sino también dentro del genoma de personas vivas.
La evolución humana deja así de parecer una sucesión limpia de especies que se reemplazaron unas a otras. Se parece más a una red en la que grupos separados durante cientos de miles de años volvieron a encontrarse, tuvieron descendencia y desaparecieron sin irse del todo.