Saltar al contenido
Ciencia

Un planeta al menos siete veces más masivo que la Tierra completa un año cada 14 horas y acabará devorado por su estrella. Nunca la eclipsó: lo encontraron siguiendo el resplandor de su cara abrasada

El candidato permanecía fuera del alcance del principal método de detección de exoplanetas. Los astrónomos combinaron el brillo cambiante de sus hemisferios con el movimiento que provoca en su estrella para demostrar que estaba allí.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La mayoría de los exoplanetas descubiertos delata su presencia al cruzar por delante de su estrella. Durante unos instantes bloquean una pequeña parte de su luz y producen un minúsculo eclipse que telescopios como Kepler o TESS pueden reconocer.

El posible planeta que orbita KIC 9139163 nunca hace eso. Su trayectoria está inclinada respecto a la Tierra y no pasa por delante del disco estelar. Para los métodos tradicionales debería haber continuado siendo invisible.

Sin embargo, cada 0,6 días (unas 14 horas) el brillo del sistema experimentaba una variación diminuta y persistente. Un equipo internacional liderado por Sylvain N. Breton, del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia, concluyó que la mejor explicación es un mundo extremadamente próximo a su estrella.

El estudio fue aceptado para su publicación en Astronomy & Astrophysics, aunque los investigadores continúan denominando al objeto “candidato” hasta que nuevas observaciones afiancen su naturaleza y propiedades.

Lo encontraron mirando cómo cambiaba su cara

Un planeta al menos siete veces más masivo que la Tierra completa un año cada 14 horas y acabará devorado por su estrella. Nunca la eclipsó: lo encontraron siguiendo el resplandor de su cara abrasada
© Getty Images / Detlev van Ravenswaa/Picture Press RM.

Aunque el planeta no eclipse su estrella, su posición modifica la cantidad total de luz que recibe el telescopio. En un punto de la órbita muestra principalmente su hemisferio diurno, caliente e iluminado. Después deja ver una proporción mayor de su cara nocturna.

Esa sucesión genera una curva de fase: una ondulación extremadamente pequeña en el brillo combinado de la estrella y el planeta. Es el equivalente astronómico de observar las fases de Venus, pero a cientos de billones de kilómetros y sin separar visualmente ambos objetos.

Los investigadores combinaron las mediciones históricas de Kepler con observaciones de TESS. Después utilizaron HARPS-N, el espectrógrafo instalado en el Telescopio Nazionale Galileo de La Palma, para medir el pequeño bamboleo gravitatorio que el acompañante provoca en la estrella.

Las velocidades radiales establecieron una masa mínima de 7,3 veces la terrestre. Al incorporar la inclinación estimada de la órbita, los modelos apuntan a unas 8,4 masas terrestres y un radio de aproximadamente 2,43 veces el de nuestro planeta.

Un mundo acuático sin océanos

Un planeta al menos siete veces más masivo que la Tierra completa un año cada 14 horas y acabará devorado por su estrella. Nunca la eclipsó: lo encontraron siguiendo el resplandor de su cara abrasada
© www.stellarcatalog.com.

La combinación de masa y radio coloca al objeto entre las supertierras y los subneptunos. Su densidad sería aproximadamente un 59% de la terrestre, demasiado baja para un planeta compuesto únicamente por roca y hierro.

Una posible estructura interna incluiría hasta alrededor de un 50% de agua. Eso ha llevado al equipo a describirlo como un hot water world, pero la expresión “mundo de agua hirviendo” puede resultar engañosa.

Los telescopios no han detectado directamente moléculas de agua ni una superficie oceánica. La cifra surge de comparar la densidad calculada con modelos de composición planetaria. Bajo la irradiación extrema de su estrella, esa agua no formaría mares como los terrestres: podría existir como vapor, fluido supercrítico o capas sometidas a presiones enormes.

El planeta está además dentro del llamado desierto neptuniano. Es una zona orbital muy próxima a las estrellas donde escasean los mundos del tamaño de Neptuno, probablemente porque la radiación elimina progresivamente sus envolturas de hidrógeno y helio.

Las nubes cambiaron mientras nadie miraba

Kepler y TESS observaron el sistema con seis años de diferencia. Al comparar sus curvas de fase, los investigadores encontraron cambios en la amplitud y desplazamientos opuestos en el punto de máximo brillo.

La explicación propuesta es una atmósfera cambiante, con nubes reflectantes que se forman o se desplazan cerca de las regiones más frías. El propio equipo advierte que esta interpretación es provisional porque los datos de TESS presentan más ruido y contaminación.

La cercanía también expone al planeta a intensas interacciones gravitatorias y magnéticas. Estas fuerzas impulsan una rápida evolución orbital que, con el tiempo, podría terminar llevándolo hasta el interior de su estrella. El estudio no implica que esa desaparición sea inminente a escala humana.

Lo importante es que el planeta nunca tuvo que pasar frente a su estrella para ser descubierto. Su propia atmósfera actuó como una baliza, revelando una población de mundos que siempre fue más numerosa que la conocida, pero que la geometría había mantenido fuera de nuestra vista.

Compartir esta historia

Artículos relacionados