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Ciencia

El Mar de Aral ha liberado 748 millones de toneladas de CO₂ desde que comenzó a secarse. Científicos españoles proponen volver a cubrirlo de agua y financiar su restauración con créditos de carbono

El antiguo fondo del lago todavía almacena carbono suficiente para emitir otros 605 millones de toneladas de CO₂. Recuperar parte de su superficie exigiría modernizar los regadíos de Asia Central, pero ya existe una prueba de que la restauración parcial es posible.
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Cuando el mar de Aral comenzó a desaparecer durante la década de 1960, las consecuencias fueron visibles: los puertos quedaron rodeados de arena, la pesca se desplomó y millones de hectáreas de fondo salino pasaron a formar un nuevo desierto. Ahora, un estudio revela que bajo aquel desastre ecológico se escondía otro problema mucho menos evidente.

El lecho descubierto ha liberado aproximadamente 748 millones de toneladas de dióxido de carbono desde 1960. La cifra procede de una investigación liderada por el Centro de Estudios Avanzados de Blanes, del CSIC, y publicada en Science. Además, los sedimentos todavía contienen carbono suficiente para generar otros 605 millones de toneladas de CO₂ si continúan expuestos al aire.

Los autores proponen utilizar esas emisiones que podrían evitarse para financiar una recuperación parcial del lago. La idea consiste en convertir el carbono protegido mediante la reinundación en créditos comercializables y destinar los ingresos a modernizar las infraestructuras de riego que continúan consumiendo gran parte del agua de los ríos Amu Daria y Sir Daria.

Cuando desapareció el agua, el fondo del lago comenzó a emitir carbono

El Mar de Aral ha liberado 748 millones de toneladas de CO₂ desde que comenzó a secarse. Científicos españoles proponen volver a cubrirlo de agua y financiar su restauración con créditos de carbono
© Carolyn Drake/Magnum.

Los lagos acumulan durante siglos restos de plantas, algas y otros organismos en sus sedimentos. Mientras permanecen cubiertos por agua, el oxígeno penetra con dificultad y buena parte de esa materia orgánica queda almacenada sin descomponerse completamente.

Cuando el lago se seca, esa protección desaparece. El oxígeno entra en contacto con los sedimentos y reactiva microorganismos que degradan la materia orgánica, liberando el carbono en forma de CO₂. El antiguo sumidero se convierte así en una fuente de emisiones.

Para reconstruir el proceso, el equipo recorrió en 2022 el fondo desecado del Aral y recogió muestras en zonas que quedaron expuestas en momentos diferentes. Los antiguos bordes llevan más de medio siglo secos, mientras que otras áreas perdieron el agua mucho más recientemente. Esa secuencia espacial permitió observar cómo disminuía el carbono almacenado con el paso del tiempo.

El estudio combinó análisis de sedimentos, mediciones directas de CO₂, imágenes de satélite y fotogrametría con drones. Sus resultados indican que aproximadamente la mitad de las emisiones se produce durante los primeros 15 años después de quedar expuesto un sector del fondo. Cerca de una quinta parte del carbono también habría sido transportada por el viento junto con el polvo.

La vegetación que ha comenzado a ocupar algunas zonas apenas compensó el daño: según Science, su crecimiento absorbió menos del 1% del carbono liberado. Plantar arbustos puede contener el polvo y reducir la erosión, pero no sustituye el aislamiento que proporcionaba la capa de agua.

La propuesta convertiría el carbono protegido en miles de millones de dólares

El Mar de Aral ha liberado 748 millones de toneladas de CO₂ desde que comenzó a secarse. Científicos españoles proponen volver a cubrirlo de agua y financiar su restauración con créditos de carbono
© US Geological Survey and NASA.

Los investigadores calculan que impedir la emisión de las 605 millones de toneladas de CO₂ restantes podría generar entre 3.600 y 18.000 millones de dólares en el mercado voluntario de carbono. La enorme diferencia se debe a que estos créditos no poseen un precio único y su valor depende del tipo de proyecto, la certificación y la demanda.

No se trataría de reconstruir inmediatamente todo el mar de Aral de 1960. El escenario analizado contempla invertir unos 9.700 millones de dólares en mejorar los canales, reducir las pérdidas durante el transporte y hacer más eficiente el riego agrícola. El agua ahorrada permitiría recuperar aproximadamente el 50% de la superficie original y proteger el equivalente a 323 millones de toneladas de CO₂.

Los créditos no existen todavía y su aprobación no sería automática. Habría que demostrar cuánto carbono se evita realmente, garantizar que los sedimentos permanecerán inundados y evitar contabilizar dos veces la misma reducción. La propuesta es, por ahora, un mecanismo financiero planteado por los autores, no un programa acordado por Kazajistán y Uzbekistán.

También exigiría cooperación entre los países que comparten los ríos de la cuenca. La NASA recuerda que la desecación comenzó cuando la Unión Soviética desvió sus aguas para ampliar los cultivos irrigados, especialmente el algodón. El lago perdió posteriormente más del 90% de su superficie y dejó un fondo salino expuesto a tormentas de polvo.

Una parte del mar de Aral ya ha demostrado que puede recuperarse

La recuperación parcial no es únicamente una simulación. Kazajistán construyó en 2005 el dique de Kok-Aral para retener el agua del Sir Daria en la cuenca norte. Según el Banco Mundial, aquella intervención aumentó el volumen del pequeño Aral un 68%, redujo a la mitad su salinidad y multiplicó por más de tres la producción pesquera.

El proceso continúa. A comienzos de 2026, el volumen del Aral Norte había pasado de 18.400 a 23.000 millones de metros cúbicos desde 2023, y Kazajistán pretende elevarlo hasta 34.000 millones durante los próximos años.

Repetir esa recuperación en la enorme cuenca meridional será mucho más difícil. Requerirá agua que actualmente mantiene una agricultura regional de la que dependen millones de personas. Sin embargo, el nuevo estudio añade un elemento que no figuraba en las cuentas: dejar secar el lago también posee un coste climático.

El mar de Aral ya no es únicamente el símbolo de una catástrofe soviética. Su fondo continúa emitiendo el carbono que acumuló durante siglos. Volver a cubrir parte de esos sedimentos no devolvería inmediatamente el ecosistema perdido, pero podría impedir que uno de los mayores desastres hídricos del planeta siga alimentando también el cambio climático.

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