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Ciencia

El ADN de 163 personas enterradas en un estado olvidado de la Edad del Bronce revela que sus habitantes no eran un pueblo diferente. China construyó fronteras políticas mediante rituales, élites y símbolos compartidos

El cementerio de Dahekou perteneció al desconocido estado de Ba durante la dinastía Zhou Occidental. Sus linajes maternos muestran una continuidad de más de dos milenios con las poblaciones neolíticas del río Amarillo, pese a la aparición de nuevas identidades políticas.
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Hace aproximadamente 3.000 años, el sur de la actual provincia china de Shanxi estaba ocupado por una entidad política llamada Ba. Ningún gran texto histórico conservado habla de ella. Su existencia fue reconstruida a partir de inscripciones grabadas en objetos de bronce y de un inmenso cementerio que contenía más de 2.200 tumbas.

Ahora, el ADN recuperado de quienes fueron enterrados allí permite responder una pregunta más profunda: ¿los estados de la antigua China surgieron porque poblaciones diferentes conquistaron nuevos territorios o porque comunidades biológicamente relacionadas comenzaron a identificarse mediante otros rituales, símbolos y estructuras de poder?

Un estudio publicado en el Journal of Archaeological Science ha obtenido genomas mitocondriales completos de 207 individuos del cementerio de Dahekou. Tras aplicar filtros contra la contaminación, la baja cobertura y el parentesco materno repetido, los investigadores utilizaron 163 para reconstruir la historia de la población. El resultado revela una marcada continuidad genética con comunidades que ya vivían en la cuenca media del río Amarillo durante el Neolítico.

Un estado desaparecido de los libros apareció dentro de 2.200 tumbas

El ADN de 163 personas enterradas en un estado olvidado de la Edad del Bronce revela que sus habitantes no eran un pueblo diferente. China construyó fronteras políticas mediante rituales, élites y símbolos compartidos
© Jiashuo Zhang et al. 2026.

Dahekou se encuentra cerca de Yicheng, en el valle inferior del río Fen. El cementerio fue excavado entre 2007 y 2017 y estuvo en uso desde los primeros siglos de la dinastía Zhou Occidental hasta comienzos del periodo de Primaveras y Otoños, aproximadamente entre mediados del siglo XI y principios del VIII a. C.

Las tumbas muestran una sociedad profundamente jerarquizada. Algunos individuos fueron enterrados con vasijas cerámicas relativamente sencillas, mientras otros recibieron decenas de objetos de bronce, jade, armas, carros y recipientes rituales.

Dos enterramientos pertenecientes a dirigentes de Ba contenían 65 y 53 vasijas de bronce, respectivamente. Su riqueza superaba incluso la de algunas tumbas de los estados vecinos de Jin y Peng. Las inscripciones de estos objetos permitieron identificar el nombre del linaje Ba, ausente de las crónicas transmitidas hasta la actualidad.

El hallazgo demuestra que los documentos históricos ofrecen una imagen incompleta de la China del Bronce. Durante la dinastía Zhou coexistieron numerosos estados y linajes regionales conectados con el poder central mediante alianzas, tributos, matrimonios y ceremonias, pero algunos desaparecieron sin dejar una narración escrita propia.

La población permaneció mientras cambiaban los estados y las culturas

El ADN de 163 personas enterradas en un estado olvidado de la Edad del Bronce revela que sus habitantes no eran un pueblo diferente. China construyó fronteras políticas mediante rituales, élites y símbolos compartidos
© Jiashuo Zhang et al. 2026.

El ADN mitocondrial se transmite principalmente de madres a hijos y permite seguir los linajes femeninos a lo largo del tiempo. Al compararlo con 905 genomas antiguos de Eurasia oriental y central, el equipo encontró que Dahekou se agrupaba especialmente cerca de las poblaciones neolíticas tardías de la cuenca media del río Amarillo.

Las afinidades más fuertes aparecieron con comunidades asociadas a Taosi y Shimao, anteriores en más de dos milenios a la dinastía Zhou. Esto sugiere que la aparición del estado de Ba no estuvo acompañada por una sustitución completa de quienes habitaban la región. La estructura política cambió, pero una parte importante de la población local permaneció.

La continuidad no significa aislamiento. Los habitantes de Dahekou también compartían linajes maternos con comunidades de los cursos superior e inferior del río Amarillo, una señal de movimientos, matrimonios e intercambios entre regiones durante la Edad del Bronce. Sus descendientes genéticos presentan además una mayor afinidad con poblaciones actuales del norte de China que con las del sur.

Un estudio anterior basado en la forma de los cráneos había relacionado a la población de Dahekou con grupos antiguos del centro-norte de Shanxi y con comunidades que posteriormente quedaron integradas en el estado de Jin. Ambos trabajos apuntan hacia una población regional dinámica, conectada con sus vecinos, pero sin una ruptura biológica brusca durante la existencia de Ba.

Los rituales pudieron crear fronteras donde la genética apenas encontraba diferencias

La gran conclusión no es que la genética haya demostrado por sí sola cómo nació un estado. El estudio únicamente analiza ADN mitocondrial, por lo que reconstruye la historia materna y no ofrece una imagen completa de la ascendencia masculina ni del conjunto del genoma.

Sin embargo, sus resultados respaldan una posibilidad poderosa: las diferentes entidades políticas de la dinastía Zhou no tenían por qué corresponder a poblaciones biológicamente separadas.

Los habitantes de Ba podían compartir antepasados con comunidades vecinas y, al mismo tiempo, considerarse miembros de otro estado. Los rituales funerarios, las vasijas de bronce, las redes de élites, las alianzas y la lealtad a un linaje gobernante habrían servido para construir esa identidad colectiva.

Las enormes diferencias entre las tumbas refuerzan esta interpretación. El poder se representaba mediante objetos específicos, banquetes ceremoniales y reglas sobre quién podía ser enterrado con determinados bienes. Incluso una noble de rango medio descubierta en el cementerio recibió más de 430 piezas de bronce, cerámica, jade y concha.

Dahekou muestra así que un estado no necesita surgir de la llegada de un pueblo completamente nuevo. Puede aparecer cuando una población antigua reorganiza sus jerarquías, crea instituciones y acepta símbolos capaces de separar políticamente a personas que, desde el punto de vista genético, continúan perteneciendo a una misma historia regional.

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