Saltar al contenido
Ciencia

Hace algunos años apareció un hongo capaz de disolver y volver a precipitar oro. Siete años después, otro hongo ya ha liberado platino de un meteorito en microgravedad y acerca la minería biológica al espacio

El Fusarium oxysporum no fabrica oro: moviliza el metal que ya existe en su entorno y lo deposita sobre sus filamentos. Aquella rareza descubierta en Australia parecía útil para localizar nuevos yacimientos, pero los experimentos realizados en la Estación Espacial Internacional han abierto una posibilidad mucho más ambiciosa.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

En 2019, un equipo de investigadores encontró cerca de la mina australiana de Boddington un hongo cubierto por diminutas partículas de oro. El descubrimiento parecía una rareza biológica, pero escondía un mecanismo con posibles aplicaciones para la minería: aquel organismo podía alterar químicamente uno de los metales menos reactivos de la naturaleza.

La cepa, perteneciente a la especie Fusarium oxysporum, oxidaba partículas microscópicas de oro, movilizaba parte del metal y después lo precipitaba nuevamente sobre sus filamentos. Los ejemplares que interactuaban con el oro también crecían y se extendían más que aquellos que no habían sido expuestos al metal, según reveló el estudio publicado en Nature Communications.

No estaba produciendo oro de la nada. Ningún organismo conocido puede fabricar un elemento químico mediante su metabolismo. Lo que hacía era transformar el estado químico y la distribución de un oro que ya existía en su entorno.

Aquella curiosidad descubierta en Australia empieza ahora a conectar con una posibilidad mucho más ambiciosa. Otro hongo ha conseguido liberar paladio, platino y rutenio de una roca meteorítica mientras se encontraba en microgravedad, una prueba de que la biominería podría funcionar fuera de la Tierra.

El hongo australiano podía convertirse en una pista para encontrar nuevos yacimientos

El oro destaca por su extraordinaria estabilidad química. Apenas reacciona con otras sustancias y puede permanecer durante largos periodos sin oxidarse, por lo que resultaba sorprendente que un organismo presente en el suelo pudiera intervenir en su ciclo natural.

Según explicaba CSIRO, la agencia científica nacional de Australia que participó en el descubrimiento, el Fusarium oxysporum empleaba sustancias producidas por el propio organismo para disolver partículas de oro. Después, el metal reaparecía en forma de pequeñas estructuras adheridas al micelio, la red de filamentos que constituye el cuerpo del hongo.

Los investigadores también observaron que la diversidad de hongos aumentaba en las zonas con mayores concentraciones del metal. Por eso, una de las primeras aplicaciones planteadas no consistía en cultivar pepitas, sino en utilizar determinados microorganismos como indicadores de depósitos enterrados.

CSIRO ya había estudiado otras señales biológicas del oro, como las pequeñas cantidades absorbidas por algunos eucaliptos y acumuladas en sus hojas. Incorporar hongos a esas técnicas podría ayudar a localizar yacimientos sin recurrir desde el principio a campañas intensivas de perforación.

NASA y ESA ya han llevado la biominería hasta la Estación Espacial Internacional

La biominería utiliza bacterias y hongos para liberar elementos atrapados en rocas, minerales o residuos. Algunos producen ácidos; otros alteran el estado químico de los metales o forman biopelículas capaces de degradar lentamente la superficie mineral.

Según explica la NASA, estos procesos ya se utilizan en la Tierra como una alternativa para recuperar ciertos metales con menos energía y sustancias agresivas que algunos métodos industriales tradicionales. En el espacio podrían reducir la cantidad de maquinaria y materiales que una futura colonia lunar o marciana tendría que recibir desde nuestro planeta.

El primer gran ensayo fue BioRock, una investigación de la Agencia Espacial Europea realizada en la Estación Espacial Internacional en 2019. El experimento comprobó que ciertos microorganismos podían extraer tierras raras de fragmentos de basalto incluso bajo microgravedad y niveles de gravedad semejantes a los de Marte.

Después llegó BioAsteroid. En lugar de emplear únicamente una roca terrestre semejante a las presentes en la Luna o Marte, el proyecto utilizó fragmentos de una condrita L, un tipo común de meteorito. Los reactores contenían una bacteria, el hongo Penicillium simplicissimum o una combinación de ambos. ESA explicó que el objetivo era observar cómo crecían sobre la roca y si podían liberar elementos útiles en condiciones espaciales.

El hongo liberó el 11,9% del paladio presente en el meteorito

Los resultados publicados en 2026 mostraron que Penicillium simplicissimum fue el microorganismo más prometedor para varios metales del grupo del platino. En microgravedad liberó, de media, el 19,29% del rutenio, el 11,91% del paladio y el 0,29% del platino presente en la muestra meteorítica.

El paladio fue el caso más llamativo: la presencia del hongo multiplicó aproximadamente por 5,5 la extracción respecto al control sin microorganismos. Sin embargo, los investigadores también encontraron una variabilidad elevada y comprobaron que la eficacia dependía de cada combinación de organismo, roca, elemento y condición gravitatoria.

La Universidad de Edimburgo, participante en BioAsteroid, subraya que el experimento no demuestra la viabilidad económica de explotar asteroides. Las cantidades fueron diminutas y el proceso todavía necesitaría sistemas adicionales para separar y purificar los metales liberados. Su valor reside en haber probado que un hongo puede interactuar con material extraterrestre y contribuir a extraer elementos mientras orbita la Tierra.

Todavía no sabemos cultivar oro en el espacio, ni existen granjas de hongos produciendo metales preciosos. Pero el principio básico ya funciona: introducir una roca extraterrestre en un pequeño reactor, añadir microorganismos y dejar que su metabolismo empiece a descomponerla.

El descubrimiento australiano de 2019 mostró que incluso el oro puede entrar en los ciclos biológicos. BioAsteroid ha dado el siguiente paso al demostrar que los hongos también pueden comenzar a procesar los materiales con los que algún día podrían construirse las primeras bases humanas lejos de la Tierra.

Compartir esta historia

Artículos relacionados