Un cambio silencioso pero crucial ocurre en los cielos del planeta: las nubes de tormenta que antes protegían a los océanos del exceso de radiación solar están desapareciendo de sus zonas habituales. Investigadores de la NASA han detectado este movimiento y alertan sobre sus implicancias en el balance energético global y en el inesperado aumento de las temperaturas registrado en los últimos años.
Las nubes de tormenta ya no están donde solían estar

Según George Tselioudis, del Instituto Goddard de la NASA, las observaciones satelitales de las últimas décadas muestran que las zonas más nubladas sobre los océanos se han reducido y desplazado hacia latitudes más altas. Este patrón implica que menos nubes están reflejando la luz solar y más energía está siendo absorbida por el mar.
En concreto, las franjas nubosas entre los 30 y 60 grados de latitud —donde giran los ciclones extratropicales— han comenzado a contraerse. Mientras tanto, las zonas subtropicales más secas se expanden. Esta transformación no solo altera la formación de tormentas, sino que también afecta directamente el delicado balance térmico del planeta.
Un efecto en cadena sobre el equilibrio energético de la Tierra

La segunda parte de la investigación, publicada en 2025, relaciona estos desplazamientos con un incremento en la cantidad de energía solar que retienen los océanos: 0,37 vatios por metro cuadrado por década. Esto se suma al aumento general de 0,47 vatios por metro cuadrado observado desde 2005, provocado por múltiples factores como gases de efecto invernadero, menor cobertura de hielo y ahora, también, menos nubes.
Para los científicos, esta pérdida de nubosidad reflectante representa una pieza clave que faltaba en el rompecabezas del desequilibrio energético global. Y podría explicar, en parte, por qué las temperaturas oceánicas y atmosféricas del año 2023 sorprendieron incluso a los modelos más pesimistas.
¿Qué está provocando este desplazamiento?
Aunque aún no se conoce la causa exacta, una hipótesis fuerte señala el calentamiento acelerado del Ártico. Esta diferencia térmica respecto del ecuador estaría ampliando las células de Hadley y empujando las nubes hacia los polos. Pero los investigadores advierten que se trata de un sistema muy complejo y que otras dinámicas podrían estar influyendo.
Lo que sí es seguro, según los expertos, es que comprender este fenómeno será clave para mejorar los modelos climáticos y anticipar los escenarios futuros del planeta. ¿Podremos actuar antes de que el cielo cambie demasiado?