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Ciencia

El misterio del olor del espacio: por qué los trajes espaciales huelen a soldadura

El espacio exterior es, en teoría, un vacío casi absoluto. No hay aire, no hay moléculas flotando y, por tanto, no debería haber olor alguno. Sin embargo, desde hace décadas, astronautas de distintas misiones y agencias espaciales coinciden en una experiencia tan desconcertante como persistente: el espacio parece tener un aroma propio.
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Tras realizar caminatas espaciales y regresar al interior de la nave, muchos tripulantes aseguran que sus trajes desprenden un olor intenso y muy característico. Las descripciones se repiten con una precisión inquietante: metal caliente, pólvora, soldadura, ozono o incluso carne quemada. No se trata de un caso aislado ni de una sugestión individual, sino de un fenómeno observado una y otra vez.

A qué huele el espacio, según quienes lo han visitado

El astronauta canadiense Chris Hadfield lo comparó con el olor de una herramienta metálica recién soldada. Don Pettit, veterano de la Estación Espacial Internacional (EEI), habló de un aroma similar al que queda tras una descarga eléctrica. Otros astronautas lo han asociado al olor posterior a fuegos artificiales o a una parrilla recién apagada.

Lo llamativo es la coherencia de los testimonios. Astronautas de la NASA, la ESA y otras agencias describen sensaciones muy parecidas, incluso sin haberse puesto de acuerdo entre ellos. Eso llevó a los científicos a preguntarse si detrás de esta experiencia había una explicación física real.

El misterio del olor del espacio: por qué los trajes espaciales huelen a soldadura
© FreePik

La clave está en la química, no en el vacío

La respuesta no es que el espacio huela, sino que deja huella química. Durante una caminata espacial, los trajes y las herramientas quedan expuestos a un entorno extremadamente agresivo: radiación ultravioleta intensa, partículas energéticas y, sobre todo, oxígeno atómico.

Este oxígeno, muy abundante en la órbita baja terrestre, es altamente reactivo. Al entrar en contacto con los materiales del traje, modifica su superficie a nivel molecular. Cuando los astronautas regresan al interior de la nave y vuelven a un ambiente rico en oxígeno, esas superficies reaccionan de nuevo y liberan compuestos químicos volátiles.

Esos compuestos son los que el olfato humano detecta como un olor metálico o a combustión. El proceso es comparable al aroma que se percibe tras una chispa eléctrica o al encender una radial: una oxidación rápida e intensa.

Entonces… ¿el espacio realmente huele?

Desde un punto de vista científico, no. El olfato humano necesita aire para funcionar, y en el vacío no hay forma de transportar moléculas hasta la nariz. Nadie puede “oler” directamente el espacio.

Lo que los astronautas perciben ocurre dentro de la nave, no fuera. Es una experiencia indirecta, el resultado de la interacción entre la química del entorno espacial y la atmósfera artificial del vehículo.

Además, el cerebro humano amplifica estas sensaciones. En microgravedad, donde el cuerpo pierde referencias habituales, los estímulos sensoriales se vuelven más intensos y memorables. El resultado es una experiencia que, aunque no sea un olor cósmico en sentido estricto, deja una impresión profunda.

El llamado “olor del espacio” no es una fragancia del universo, sino una cicatriz química del viaje. Una prueba más de que, incluso en el vacío, el espacio deja marca.

Fuente: Meteored.

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