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Ciencia

La obesidad dejó de ser una epidemia que avanza igual en todo el mundo: un análisis de 200 países en 44 años muestra que se estabilizó en los países ricos y se acelera en los más pobres, y que el Ozempic todavía no cambió nada

Un estudio publicado en Nature que analizó datos de más de 200 países entre 1980 y 2024 encontró que la obesidad ya no avanza de forma uniforme en el mundo. En Europa occidental y algunas economías desarrolladas la curva se estabilizó; en Estados Unidos y países anglosajones frenó pero en niveles altos; y en América Latina, África, Asia y Medio Oriente sigue creciendo y cada vez más rápido. Los nuevos medicamentos como Ozempic todavía no modificaron esa tendencia global
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Durante décadas, el diagnóstico sobre la obesidad fue consistente y casi universal: la epidemia avanzaba en todos los países, año tras año, sin importar el nivel de desarrollo. Ese relato, instalado desde fines del siglo XX, comenzó a mostrar fisuras. Un nuevo análisis internacional publicado en la revista Nature, basado en datos de más de 200 países a lo largo de 44 años, propone que la obesidad global ya no es un fenómeno uniforme. Es una epidemia que se fragmentó.

El estudio identificó tres velocidades distintas según la región y el nivel de ingreso de cada país. En algunos, la curva frenó. En otros, se estabilizó después de alcanzar niveles muy altos. Y en el grupo más numeroso, el que concentra la mayor preocupación, la tendencia sigue en ascenso y con más fuerza que antes.

Tres velocidades, tres realidades

El primer grupo está formado por países de Europa occidental y otras economías de ingresos altos. En estas regiones, la obesidad mostró señales de desaceleración sostenida en los últimos años, después de décadas de crecimiento continuo. La prevalencia sigue siendo significativa, pero el ritmo de expansión se moderó hasta alcanzar una meseta. No es que el problema esté resuelto, pero la inercia que dominó el período previo se interrumpió.

El segundo grupo incluye a Estados Unidos y otros países anglosajones. También aquí se percibe una desaceleración, pero con una diferencia clave: esa estabilización llegó después de que las tasas de obesidad alcanzaran niveles muy elevados, tanto en adultos como en niños. La curva dejó de subir al ritmo anterior, pero lo hizo desde un piso alto.

El tercer grupo es el más numeroso y el que más preocupa a los investigadores. Abarca países de América Latina, África, Asia y Medio Oriente. En estas regiones, la obesidad no solo no se estabilizó sino que sigue creciendo, y a una velocidad mayor que en el pasado. Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que ese crecimiento no se limita a países donde la obesidad partía de niveles bajos. También se observa en contextos donde la prevalencia ya era considerable. La expansión ocurre incluso donde el problema ya tiene una base significativa.

La brecha que se ensancha

El patrón que emerge del análisis tiene una lógica estructural clara: los países que lograron desacelerar o estabilizar la obesidad son, en su mayoría, economías de ingresos altos con sistemas de salud más robustos. Los países donde la prevalencia sigue en aumento corresponden, en su mayoría, a ingresos medios o bajos.

Esa correlación señala un desplazamiento progresivo de la carga global del problema. La obesidad deja de concentrarse en el mundo desarrollado y adquiere cada vez más peso en regiones en desarrollo. Ese proceso ocurre en paralelo con cambios estructurales que lo explican en parte: la urbanización acelerada, la transformación de los hábitos alimentarios y la mayor disponibilidad y asequibilidad de alimentos ultraprocesados en mercados que hasta hace pocos años no tenían ese nivel de exposición.

La consecuencia es una brecha que se ensancha entre regiones. Mientras algunos países empiezan a doblar la curva, otros están viviendo el mismo proceso de expansión que los países desarrollados atravesaron décadas atrás, pero con menos recursos para responder.

El Ozempic y por qué todavía no aparece en los datos

Una de las preguntas inevitables al leer el estudio es qué rol podrían jugar los nuevos medicamentos contra la obesidad, en particular los basados en semaglutida y tirzepatida, comercializados bajo nombres como Ozempic o Wegovy, que mostraron resultados contundentes en ensayos clínicos y generaron una expectativa considerable sobre su impacto potencial a escala poblacional.

La respuesta del estudio es cautelosa pero clara: dentro del período analizado, que va de 1980 a 2024, el impacto de estos medicamentos sobre las tendencias globales es todavía limitado. La popularización de estos fármacos comenzó a crecer recién en 2023, y su adopción masiva es incipiente dentro de una ventana de análisis que abarca más de cuatro décadas.

A eso se suma que su acceso es profundamente desigual. Los medicamentos llegaron primero, y de forma casi exclusiva, a países de alto poder adquisitivo. En las regiones donde la obesidad sigue creciendo más rápido, estos tratamientos no están ampliamente disponibles, no cuentan con cobertura en los sistemas de salud públicos y su costo los pone fuera del alcance de la mayoría de la población. Para que un medicamento cambie una tendencia epidemiológica global, necesita llegar a escala global. Ese momento, si llega, todavía no ocurrió.

Un diagnóstico que obliga a cambiar el enfoque

El estudio no solo describe lo que está pasando. También propone un cambio en la forma de pensar el problema. Durante décadas, la pregunta central fue cuántas personas viven con obesidad en el mundo. El análisis sugiere que esa métrica, aunque sigue siendo relevante, ya no es suficiente para entender la dinámica real de la epidemia.

La pregunta que importa ahora es cómo evoluciona esa cifra en cada región y a qué velocidad. Una prevalencia alta pero estable es un desafío distinto a una prevalencia media pero en ascenso acelerado. Las políticas de salud pública, los recursos necesarios y las intervenciones más efectivas son diferentes en cada caso, y tratarlos como si fueran el mismo problema lleva a respuestas que no se ajustan a la realidad de cada contexto.

Lo que el análisis de 44 años y más de 200 países deja en claro es que la obesidad global ya no tiene un solo ritmo ni una sola cara. Y que la brecha entre quienes pudieron frenarla y quienes todavía no pueden hacerlo no es técnica ni médica: es, fundamentalmente, económica.

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