En 2021, los registros médicos de Australia mostraron algo que nunca había ocurrido desde que se lleva la cuenta: ninguna mujer menor de 25 años fue diagnosticada con cáncer de cuello uterino en todo el país. No fue un año excepcionalmente bueno. Fue la consecuencia lógica de dos décadas de política sanitaria sistemática, y la señal más clara de que Australia está a punto de lograr algo sin precedentes en la historia de la medicina moderna: ser el primer país del mundo en eliminar un tipo de cáncer.
La carrera está abierta. Suecia y Ruanda también se fijaron metas ambiciosas. El Reino Unido tiene su propio programa. Pero Australia lleva ventaja, y los modelos de proyección sugieren que podría alcanzar el umbral de eliminación, definido por los científicos como menos de cuatro casos por cada 100.000 mujeres, antes de su objetivo oficial de 2035.
La vacuna que nació en un laboratorio australiano
La historia empieza en 2006, en un laboratorio de la Universidad de Queensland. Tras décadas de investigación sobre el virus del papiloma humano (VPH), los científicos australianos Ian Frazer y Jian Zhou lograron desarrollar Gardasil, la primera vacuna capaz de prevenir las cepas del virus que causan la mayoría de los casos de cáncer de cuello uterino. La autoridad reguladora de medicamentos de Australia la aprobó ese mismo año.
El VPH es la causa de prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino, el cuarto tipo de cáncer más común en mujeres a nivel mundial. Puede no presentar síntomas y desaparecer solo, pero algunas cepas de alto riesgo persisten y pueden derivar, con el tiempo, en tumores malignos. La clave es que, a diferencia de la mayoría de los cánceres, este tiene una causa viral identificada y, por lo tanto, una causa que puede prevenirse con una vacuna.
Un año después del desarrollo de Gardasil, en 2007, Australia se convirtió en el primer país del mundo en implementar un programa nacional de vacunación contra el VPH. Desde entonces, la vacuna se aplica de forma gratuita a estudiantes de secundaria de 12 y 13 años como parte del Programa Nacional de Inmunización. En 2013, el esquema se amplió para incluir también a los varones, porque pueden ser portadores del virus y transmitirlo.
La doble estrategia: vacuna y detección
La vacunación sola no alcanza. Australia lo sabe, y por eso su programa de eliminación descansa sobre dos pilares simultáneos.
El segundo pilar es el sistema de detección temprana. En 2017, Australia fue uno de los primeros países del mundo en reemplazar el Papanicolaou tradicional por una prueba de detección basada directamente en el VPH, más sensible y que solo necesita realizarse cada cinco años en lugar de cada dos. El cambio redujo la frecuencia de los controles necesarios sin comprometer la efectividad.
Más recientemente, el gobierno australiano incorporó la opción de que las propias mujeres recojan su muestra de forma autónoma, sin necesidad de un examen pélvico realizado por un profesional. La medida fue calificada de revolucionaria, especialmente para mujeres que sienten aprensión ante esos controles, para quienes viven en zonas remotas o para quienes tienen dificultades de acceso al sistema de salud. La cobertura actual supera el 85% en el grupo de edad más crítico.
Los números que muestran el avance
Desde 1982, cuando comenzaron los registros sistemáticos, las tasas de incidencia y mortalidad por cáncer de cuello uterino en Australia se redujeron a la mitad. La tasa actual es de aproximadamente 6,3 casos nuevos por cada 100.000 mujeres. Para alcanzar el umbral de eliminación, ese número debe bajar a menos de cuatro.
Los evaluadores del programa publicaron un informe que concluye que Australia va por buen camino para cumplir ese objetivo antes de 2035, y que incluso podría lograrlo antes de esa fecha. El dato de 2021, sin ningún caso en menores de 25 años, es el indicador más elocuente: muestra que la primera generación completamente vacunada ya está produciendo resultados concretos y medibles.
La profesora Karen Canfell, epidemióloga y líder mundial en el control del cáncer de cuello uterino, cuyo equipo diseñó los modelos de proyección que también usa la Organización Mundial de la Salud, lo describió de forma directa: «Aún no se trata de todas las mujeres de todas las edades, pero se puede ver que el concepto de eliminación se está haciendo realidad».
La brecha que persiste: las comunidades indígenas
El informe de progreso incluye una advertencia que los responsables del programa no minimizan: las tasas de vacunación están bajando ligeramente, con una caída especialmente marcada entre las mujeres aborígenes e isleñas del estrecho de Torres.
Las consecuencias de esa brecha son concretas. Las tasas de cáncer de cuello uterino son el doble de altas en mujeres indígenas australianas, y tienen más del triple de probabilidades de morir a causa de la enfermedad. Según la doctora Natalie Strobel, epidemióloga especializada en prevención en comunidades indígenas, a estas mujeres se les detecta el cáncer con mayor frecuencia en etapas avanzadas, cuando las opciones de tratamiento son más limitadas.
Los modelos de proyección estiman que, si se mantiene la tendencia actual, la eliminación del cáncer de cuello uterino entre las mujeres aborígenes e isleñas del estrecho de Torres llegaría 12 años después del objetivo nacional de 2035. Es decir, no en 2035, sino en 2047.
La investigadora Jocelyn Jones señala otros factores que podrían frenar el avance general: la hesitación a la vacunación que creció tras la pandemia de Covid-19, el aumento del costo de los servicios médicos y el ausentismo escolar, que hace que muchos chicos pierdan la oportunidad de vacunarse en el colegio. «La responsabilidad de ponerse al día recae en gran medida en las familias», dijo Jones, añadiendo que muchas no saben que la vacuna es gratuita.
La competencia global y lo que está en riesgo
Australia no está sola en esta carrera. Suecia y Ruanda se fijaron el objetivo de eliminar el cáncer de cuello uterino para 2027, con programas acelerados de vacunación y cribado, aunque ambos países van por detrás de los hitos clave. El Reino Unido tiene como meta 2040, pero enfrenta dificultades: tanto la cobertura de la vacuna como la del cribado cervical han bajado en los últimos años.
Lo que está en juego no es solo una competencia entre países. Es la primera vez en la historia que la OMS declaró como objetivo global la eliminación de un cáncer específico. «Es la primera vez que a nivel mundial hemos dicho que vamos a eliminar un cáncer», dijo Canfell. «Ese es un concepto nuevo para el cáncer».
El obstáculo más serio para que ese objetivo se replique más allá de los países ricos es el acceso. Australia, a través de fondos públicos y filantropía, ya está ayudando a países vecinos como Vanuatu y Papúa Nueva Guinea a avanzar en sus propios programas. Pero en marzo de 2025, la administración Trump anunció el fin del apoyo a Gavi, la alianza internacional que financia la compra de vacunas esenciales para países de bajos ingresos, lo que impactó directamente en los programas de vacunación contra el VPH en decenas de países en desarrollo.
«Por decir lo obvio, es evidente que tenemos suerte de estar en un país de altos ingresos donde contamos con una forma de sanidad universal y acceso para todos», reconoció Canfell. La eliminación del cáncer de cuello uterino es técnicamente posible en cualquier parte del mundo. El problema, una vez más, no es científico sino económico y político.
[Fuente: BBC]