Por siglos, la humanidad ha observado el espectáculo de los relámpagos sin entender del todo cómo nacen. Aunque Benjamin Franklin demostró su naturaleza eléctrica, la ciencia no había podido explicar de dónde obtenían las nubes tanta energía. Un nuevo modelo sugiere que la respuesta podría provenir de mucho más lejos de lo que imaginábamos: del propio espacio exterior.
Una hipótesis que conecta el cosmos con la Tierra

La investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Atmospheres, propone que los rayos se inician gracias a rayos cósmicos, partículas subatómicas de alta energía procedentes del Sol, supernovas y otras fuentes misteriosas. Al impactar la atmósfera, estas partículas generan electrones de alta velocidad que desencadenan una avalancha eléctrica capaz de formar un rayo.
El equipo liderado por Victor Pasko, profesor de ingeniería eléctrica en Penn State, utilizó datos de satélites, sensores terrestres y aviones espía para construir un modelo que simula las condiciones en las tormentas antes del impacto. Los resultados ofrecen la primera explicación cuantitativa y precisa sobre cómo un relámpago toma forma en la naturaleza.
Una reacción en cadena invisible y poderosa

Según el modelo, los protones acelerados por los rayos cósmicos chocan con moléculas de nitrógeno y oxígeno, multiplicando electrones que generan fotones de alta energía. Este proceso desencadena la descarga eléctrica, incluso en nubes con campos eléctricos mucho más débiles de lo que se creía necesario.
El hallazgo también explica por qué se detectan destellos de rayos gamma y emisiones de rayos X antes de que se vea el relámpago. “Estas avalanchas relativistas producen nuevos electrones por efecto fotoeléctrico, amplificando la reacción en cadena y liberando energía en un instante”, explicó Pasko.
Con este descubrimiento, la ciencia da un paso más para desentrañar uno de los fenómenos naturales más enigmáticos, conectando tormentas terrestres y partículas viajeras del universo en un mismo hilo eléctrico.