Saltar al contenido

Rayos X desde el espacio: Cómo la NASA explora el interior de la Luna sin aterrizar en ella

Gracias al análisis de variaciones gravitacionales, la NASA descubrió estructuras ocultas bajo la superficie de la Luna y el asteroide Vesta. Sin necesidad de aterrizajes, esta técnica está revelando secretos del sistema solar y transformando la forma en que entendemos mundos lejanos.

La gravedad no sólo mantiene a los planetas en órbita, también es una ventana al interior de cuerpos celestes. A través de análisis precisos de trayectorias orbitales, los científicos de la NASA están logrando descifrar la estructura interna de la Luna, asteroides y lunas distantes, sin tocar su superficie. Este enfoque abre nuevas posibilidades para la exploración del sistema solar, más segura, económica y reveladora.

Lo que la gravedad revela sobre la Luna

Rayos X desde el espacio: cómo la NASA explora el interior de la Luna sin aterrizar en ella
© NASA/JPL-Caltech.

En un estudio publicado en Nature, los científicos utilizaron datos de la misión GRAIL para crear el mapa gravitacional más preciso de la Luna. Este análisis permitió observar cómo la gravedad terrestre deforma su estructura, fenómeno conocido como deformación por marea. Curiosamente, la cara visible del satélite se deforma más que la oculta, lo que indica diferencias internas entre ambos hemisferios.

Este hallazgo respalda la hipótesis de que la cara cercana vivió una intensa actividad volcánica. Se cree que la acumulación de elementos radiactivos generó suficiente calor como para provocar erupciones masivas, formando las llanuras oscuras conocidas como “mares”. Además de ofrecer pistas sobre su pasado geológico, este modelo también mejora la navegación de futuras misiones tripuladas y robóticas.

Vesta: un asteroide que rompe las reglas

Rayos X desde el espacio: cómo la NASA explora el interior de la Luna sin aterrizar en ella
© NASA/JPL-Caltech/UCLA/MPS/DLR/IDA.

Mientras tanto, otro estudio publicado en Nature Astronomy se centró en Vesta, un gran asteroide del cinturón principal. Se esperaba que tuviera una estructura diferenciada, con núcleo, manto y corteza, pero los datos de la misión Dawn revelaron una distribución de masa sorprendentemente homogénea.

El análisis del momento de inercia —cómo gira y cómo se reparte su masa— sugiere que Vesta no está estratificado como se pensaba. Esto desafía las teorías que lo consideraban un ejemplo de formación planetaria temprana y plantea nuevas preguntas sobre la evolución de cuerpos pequeños en el sistema solar. Vesta podría ser el resultado de una colisión o la fusión de fragmentos primitivos.

Un método no invasivo con futuro prometedor

Rayos X desde el espacio: cómo la NASA explora el interior de la Luna sin aterrizar en ella
© NASA/JPL-Caltech.

Estos descubrimientos liderados por Ryan Park, del JPL, muestran cómo el análisis gravitacional puede usarse como una suerte de rayos X espaciales. Ya se ha aplicado con éxito en Ceres —donde reveló una estructura parcialmente diferenciada— y en Io, la luna de Júpiter, donde se descartó la presencia de un océano global de magma.

Lo revolucionario de este enfoque es que no requiere aterrizajes. Basta con observar cómo una sonda orbita y reacciona a la atracción gravitacional para deducir lo que ocurre bajo la superficie. Este método se vuelve ideal para cuerpos sin atmósfera o difíciles de perforar, como asteroides o lunas heladas.

A medida que más misiones adopten esta técnica, el estudio del campo gravitacional se consolidará como una herramienta esencial para explorar los secretos mejor guardados del sistema solar. Una prueba más de que, incluso sin poner un pie sobre ellos, podemos conocer mundos enteros.

También te puede interesar