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Ciencia

El océano acaba de desafiar una regla que parecía intocable desde hace más de un siglo

Una serie de mediciones realizadas durante años en una región del océano reveló un comportamiento inesperado que podría cambiar la forma de interpretar algunas corrientes marinas.
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Hay reglas de la ciencia que parecen tan sólidas que resulta difícil imaginar que puedan fallar. Durante más de un siglo, una de ellas ha ayudado a los investigadores a explicar cómo se desplaza el agua de los océanos cuando recibe el impulso del viento.

Pero una serie de observaciones realizadas en una zona especialmente particular del planeta acaba de introducir una excepción difícil de ignorar.
Los científicos encontraron corrientes que no siguen el comportamiento esperado según uno de los principios fundamentales de la oceanografía física. Y lo más interesante es que no se trata de una medición aislada: el fenómeno apareció de forma recurrente durante años.

El escenario de esta anomalía se encuentra en la bahía de Bengala, donde una combinación de vientos, temperatura, estratificación del agua y movimientos atmosféricos diarios parece crear unas condiciones capaces de alterar el comportamiento habitual de las corrientes superficiales.

El hallazgo, publicado en Science Advances por investigadores de la NOAA, el Indian National Center for Ocean Information Services y la Universidad de Zagreb, plantea una pregunta mucho más profunda: ¿hasta qué punto las reglas que utilizamos para comprender los océanos describen realmente todo lo que ocurre en ellos?

Descubren una burbuja de agua salada en el océano Índico. Y podría haber sido decisiva para enfriar el planeta hace 20.000 años
© Unsplash / Jeremy Bishop.

La teoría que parecía tener la respuesta

Para entender la sorpresa hay que retroceder hasta 1905, cuando el oceanógrafo sueco Vagn Walfrid Ekman desarrolló una teoría que se convertiría en uno de los pilares de la oceanografía moderna.

Su modelo describe cómo el viento y la rotación de la Tierra influyen sobre las corrientes oceánicas. En el hemisferio norte, el agua superficial debería desviarse hacia la derecha respecto a la dirección del viento como consecuencia del efecto de Coriolis. En el hemisferio sur, ocurre lo contrario.

El movimiento no se limita a la superficie. A medida que aumenta la profundidad, la dirección y la intensidad de la corriente van cambiando, dando lugar a lo que se conoce como espiral de Ekman.

Durante décadas, este concepto ha permitido interpretar numerosos procesos relacionados con el océano y la atmósfera. También resulta fundamental para comprender fenómenos que afectan al transporte de calor, nutrientes y carbono, elementos esenciales para estudiar el clima terrestre.

Por eso, descubrir una región donde el agua parece responder en sentido contrario no es una simple curiosidad.

La anomalía apareció en una boya situada a unos 13,5 grados de latitud norte. El dispositivo acumuló aproximadamente diez años de observaciones y mostró un patrón que se repetía: en determinadas condiciones, las corrientes superficiales se desplazaban hacia la izquierda respecto al viento dominante.

Era justamente la dirección opuesta a la esperada para esa región del hemisferio norte.

El extraño mecanismo que cambia las reglas

La explicación no parece estar en un error de las mediciones, sino en las condiciones extraordinarias de esta parte del océano.

La bahía de Bengala presenta una marcada estratificación. Una capa superficial cálida permanece separada de aguas más frías situadas debajo mediante una estructura conocida como termoclina. Esta configuración dificulta el intercambio vertical entre distintas capas y modifica la forma en que la energía del viento se transmite al océano.

El fenómeno se vuelve especialmente llamativo durante el monzón del suroeste, entre julio y agosto. En ese periodo aparecen brisas terrestres diurnas bastante regulares que pueden avanzar cientos de kilómetros mar adentro desde la costa india.

Aunque estos vientos son relativamente débiles, con velocidades aproximadas de entre 1 y 2 metros por segundo, su comportamiento periódico resulta determinante.

Los investigadores comprobaron que estas oscilaciones pueden clasificarse como flujos superinerciales, es decir, movimientos cuya frecuencia supera la frecuencia inercial característica de la zona.

Cuando los vientos giran en sentido horario siguiendo un ciclo diario, las corrientes generadas pueden terminar desplazándose hacia la izquierda.
Así, el fenómeno no necesariamente contradice las leyes físicas en las que se basa la teoría de Ekman. Más bien revela que determinadas condiciones dinámicas pueden producir un comportamiento que el modelo clásico no contempla de manera suficiente.

Por qué este descubrimiento importa mucho más de lo que parece

La bahía de Bengala no es una región cualquiera. Sus procesos atmosféricos y oceánicos están estrechamente relacionados con el sistema del monzón asiático, que influye sobre las condiciones climáticas de una enorme parte del continente.

Por eso, comprender con precisión cómo interactúan el viento y las corrientes puede tener consecuencias que van mucho más allá de la oceanografía.

Una representación más exacta de estos movimientos podría ayudar a mejorar los modelos climáticos y a comprender mejor cómo se distribuyen el calor, los nutrientes y el carbono en los océanos.

También existen aplicaciones prácticas. Las simulaciones de corrientes son importantes para operaciones de búsqueda y rescate, para anticipar la trayectoria de contaminantes después de un derrame de petróleo y para estudiar distintos procesos biogeoquímicos marinos.

El siguiente paso será comprobar si lo ocurrido en la bahía de Bengala es una excepción local o parte de un fenómeno mucho más extendido.
Los investigadores esperan obtener nuevas pistas mediante futuras observaciones satelitales capaces de medir simultáneamente los vientos y las corrientes oceánicas con una resolución mucho mayor.

Si aparecen patrones similares en otras regiones, el hallazgo podría adquirir una dimensión todavía mayor. Una teoría formulada hace más de 120 años seguiría siendo fundamental, pero tendría que incorporar una pieza que hasta ahora había permanecido prácticamente oculta.

Y quizá esa sea la parte más interesante del descubrimiento: el océano no estaría desafiando la física, sino demostrando una vez más que la naturaleza puede ser mucho más compleja que nuestros modelos para describirla.

 

[Fuente: MSN]

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