Durante años, los plásticos grandes y visibles han sido el rostro de la contaminación marina. Sin embargo, un nuevo estudio ha revelado una dimensión casi invisible del problema: los nanoplásticos. Estas partículas microscópicas están presentes en enormes cantidades y en todas las profundidades del océano. ¿Qué sabemos realmente de su impacto y cómo se descubrieron?
Una amenaza oculta bajo las olas
Los nanoplásticos son partículas extremadamente pequeñas, invisibles a simple vista, que se forman cuando los plásticos más grandes se fragmentan por la acción del sol, las olas y los cambios de temperatura. Hasta ahora, su presencia en los océanos era más una suposición que una certeza, debido a las dificultades técnicas para detectarlos. Pero eso acaba de cambiar.
Un equipo internacional de científicos, liderado por Dušan Materić, ha logrado medir con precisión los niveles de nanoplásticos en el Atlántico Norte. Los resultados, publicados en Nature, son impactantes: solo en los primeros 200 metros del océano se estiman 27 millones de toneladas de estas partículas. Una cifra equiparable a toda la contaminación plástica previamente calculada para esa zona.

De la superficie al fondo marino
La investigación se realizó a bordo del buque Pelagia, que recorrió el Atlántico desde Europa hasta zonas tropicales. Se tomaron muestras de agua en distintos puntos y a diferentes profundidades —10, 1.000 y más de 4.500 metros—, y se analizaron con una técnica avanzada (PTR-MS) que permite identificar los gases liberados por los plásticos al calentarse.
El hallazgo fue claro: hay nanoplásticos en todas partes. Las concentraciones más elevadas se dieron en la superficie, especialmente cerca de las costas europeas, pero incluso en las profundidades abisales se detectaron restos significativos. Esto indica que estas partículas viajan y persisten más de lo esperado, con consecuencias aún desconocidas.
Riesgos para la vida marina… y la humana
La preocupación no es solo ecológica. Debido a su tamaño diminuto, los nanoplásticos pueden atravesar membranas celulares e incorporarse a organismos vivos, incluidos los peces que acaban en nuestra mesa. Aunque aún falta investigación para comprender del todo su toxicidad, ya hay indicios de que podrían ser la fracción más dañina del plástico por su capacidad de bioacumulación.

Además, la técnica utilizada permite diferenciar tipos de plástico como PET, PS y PVC. Curiosamente, no se detectaron nanoplásticos de polietileno ni de polipropileno, lo que sugiere que podrían alterarse hasta volverse irreconocibles o desaparecer por procesos aún no comprendidos.
Un futuro que exige respuestas urgentes
El científico Facundo Scordo, del Conicet, subrayó la gravedad del hallazgo: los nanoplásticos serían la fracción dominante de la contaminación plástica marina. Su presencia en todas las capas del océano sugiere un impacto ambiental mucho más amplio y persistente de lo que se pensaba.
Para enfrentarlo, los expertos llaman a desarrollar tecnologías que impidan su entrada al mar, así como programas de monitoreo a largo plazo. La prevención —reducir plásticos innecesarios, como los de la moda rápida— y la mitigación en zonas críticas serán claves.
Este descubrimiento marca un punto de inflexión: lo que no veíamos puede estar cambiándolo todo.
Fuente: Infobae.