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El plan de China en la Luna es fascinante e impensado, pero: ¿será posible?

China quiere instalar una base permanente en la Luna que funcione con energía nuclear y paneles solares. El proyecto, que comparte con Rusia, podría cambiar para siempre la carrera espacial. Pero aún persisten dudas técnicas, políticas y científicas. ¿Es realmente viable?

La idea suena más a ciencia ficción que a una agenda geopolítica concreta, pero es real: China planea instalar una base de investigación permanente en el polo sur de la Luna. No lo hará sola. Rusia también forma parte de esta aventura cósmica que podría marcar un antes y un después en la historia de la exploración espacial. Lo más sorprendente es el corazón energético del proyecto: una central nuclear construida directamente en la superficie lunar. ¿Qué tan factible es esta propuesta? ¿Cuáles son los riesgos? ¿Y por qué el mundo debería prestar atención?

Un sueño lunar con núcleo atómico

China planea construir una central nuclear en la Luna como parte de su ambiciosa base lunar internacional
© iStock.

En una reciente presentación, el ingeniero jefe de la misión Chang’e-8, Pei Zhaoyu, reveló los detalles preliminares del plan: una central nuclear en la Luna será uno de los pilares energéticos de la futura Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS). El objetivo es ambicioso: construir una fuente de energía constante que permita sostener la vida, los experimentos científicos y las operaciones robóticas, sin depender de los ciclos irregulares de luz solar en el satélite.

Además, se planea el despliegue de paneles solares de gran escala que complementen la matriz energética. Esta dualidad permitiría mitigar los riesgos de apagones, especialmente durante las largas noches lunares que duran el equivalente a 14 días terrestres.

China vs. NASA: Dos visiones para conquistar la Luna

China planea construir una central nuclear en la Luna como parte de su ambiciosa base lunar internacional
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Este proyecto no ocurre en el vacío. China busca posicionarse como potencia espacial dominante hacia 2030, un objetivo que coincide en tiempo y espacio con el programa Artemis de la NASA, que pretende llevar astronautas estadounidenses nuevamente al polo sur lunar en 2025.

Ambas misiones apuntan a la misma región del satélite, rica en recursos como hielo de agua, clave para producir oxígeno y combustible. Pero la estrategia china es más inclusiva desde lo institucional: el “Proyecto 555” busca reunir a 50 países, 500 instituciones científicas y 5.000 investigadores de todo el mundo en torno a la ILRS.

¿Realismo o propaganda científica?

El entusiasmo es evidente, pero también lo son las dudas. Construir y operar un reactor nuclear fuera de la Tierra no es un reto menor. Requiere garantizar seguridad en condiciones extremas, asegurar materiales resistentes a la radiación y al vacío espacial, y establecer protocolos para prevenir cualquier tipo de accidente.

Tampoco hay que ignorar los obstáculos geopolíticos. Aunque China y Rusia están alineadas, muchas potencias espaciales no verían con buenos ojos una infraestructura nuclear en el espacio sin supervisión internacional clara. Y aún más: ¿qué ocurrirá si el ILRS se convierte en un foco de tensiones territoriales o científicas en un satélite que, hasta hoy, no pertenece a nadie?

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