BMW lleva décadas experimentando con combustibles alternativos, pero nunca había estado tan cerca de lanzar un vehículo de hidrógeno a gran escala. Lo que antes parecía un experimento marginal hoy tiene fecha: 2028. La compañía alemana quiere demostrar que el futuro eléctrico no se escribirá solo con baterías de litio, sino también con tanques de hidrógeno.
La fábrica que marca un antes y un después

En Steyr, Austria, BMW remodeló su planta para producir la tercera generación de celdas de combustible. Son un 25% más compactas que las usadas en los iX5 Hydrogen de prueba, pero mantienen la misma potencia gracias a una mejora en densidad energética. Esa eficiencia será clave para integrarlas en la arquitectura Neue Klasse, que debutará con el iX3 y que ya contempla la propulsión por hidrógeno.
Según Joachim Post, miembro del Directorio de Desarrollo, este paso sumará “un sistema de alto rendimiento y cero emisiones” a la cartera de BMW. No se trata de un prototipo aislado, sino de un movimiento estratégico para diversificar su futuro eléctrico.
Una alianza que refuerza la apuesta

BMW no está sola en esta carrera. Desde 2014 trabaja junto a Toyota en el desarrollo de estas celdas: los alemanes se encargan del sistema integral y los japoneses de la producción de las celdas. De esa colaboración surge la versión que verá la luz en 2028, con más autonomía, mayor potencia y un consumo optimizado.
El funcionamiento es simple en apariencia, pero sofisticado en ejecución: el hidrógeno reacciona con oxígeno para generar electricidad, y el único residuo es vapor de agua. A diferencia de un BEV tradicional, el sistema mantiene la batería en un estado óptimo y reduce su tamaño, peso y coste.
Hidrógeno contra litio

El argumento más poderoso del hidrógeno está en la autonomía y el tiempo de recarga. El iX5 Hydrogen ya demostró que puede recorrer 504 kilómetros con un tanque de seis kilos y reabastecerse en apenas tres minutos. Todo ello con un motor de 396 caballos de fuerza y 710 Nm de torque, en línea con un eléctrico de altas prestaciones.
El desafío está fuera del coche: la infraestructura. Las estaciones de hidrógeno siguen siendo escasas, lo que limita su despliegue global. Sin embargo, BMW confía en que el avance tecnológico y las alianzas comerciales generen el ecosistema necesario para que esta opción sea viable.
Un futuro con dos caminos
Hyundai, Audi y la propia Toyota ya han puesto a prueba modelos FCEV, aunque con ventas modestas. Pero la apuesta de BMW es clara: el hidrógeno no sustituirá al litio, sino que convivirá con él. Un escenario donde el conductor pueda elegir entre baterías o hidrógeno según sus necesidades.
Con la vista puesta en 2028, BMW quiere abrir ese capítulo. Y lo hará con un mensaje directo: el futuro eléctrico no será solo cuestión de enchufes, también de hidrógeno comprimido y vapor de agua como huella.