En los años 70, Estados Unidos renunció a un motor hipersónico revolucionario por ser demasiado complejo. Hoy, más de medio siglo después, China no solo lo ha revivido, sino que ha logrado avances que podrían transformar el mundo de la aviación y la defensa. El motor de detonación oblicua, alguna vez considerado imposible, ya no parece tan lejano.
China desafía lo imposible con el motor de detonación oblicua

Investigadores chinos han dado un paso clave en la carrera por la velocidad extrema. Un equipo de la China Academy of Launch Vehicle Technology (CALT), en colaboración con la Northwestern Polytechnical University, ha conseguido estabilizar durante más de dos segundos una onda de detonación usando queroseno convencional, simulando condiciones de vuelo a Mach 8 y a 30 kilómetros de altitud.
El motor de detonación oblicua (ODE, por sus siglas en inglés) había sido descartado durante décadas debido a la dificultad de controlar su potencia. Sin embargo, esta reciente prueba superó en más de 40 veces la duración de intentos anteriores, marcando un antes y un después en el desarrollo de propulsión hipersónica.
El experimento logró mantener una onda de choque que comprimía y detonaba una mezcla de aire y combustible usando una cuña fija de 20 grados, junto a inyectores diminutos. Las cámaras ópticas registraron frentes de detonación azulados y zonas de postcombustión amarilla, validando los resultados con simulaciones numéricas. A pesar de que aún el 61% del combustible no se mezcla adecuadamente, la prueba es considerada un hito técnico.
De la Guerra Fría al futuro de la guerra hipersónica

La historia del ODE comenzó en 1958 en la Universidad de Michigan como un concepto teórico financiado por la Fuerza Aérea estadounidense, cuenta El Confidencial. Su propuesta era revolucionaria: un motor sin turbinas, impulsado por detonaciones supersónicas generadas por la geometría interna del dispositivo. Aunque prometía una eficiencia hasta 30% mayor que la combustión tradicional, el proyecto fue archivado por su inestabilidad.
China, sin embargo, ha retomado esta visión. Según un informe de la Academia de Misiles China, cualquier prueba de más de un segundo basta para considerar la tecnología viable en el ámbito militar. Las aplicaciones previstas incluyen misiles como el PL-15E, proyectiles de artillería autopropulsados, e incluso cohetes sin partes móviles.
Los problemas técnicos persisten: las ondas de detonación fluctúan y podrían dañar el motor en vuelos prolongados. Pero CALT ya trabaja en soluciones como rediseñar los inyectores o alargar los canales de mezcla. A largo plazo, se sueña con vuelos comerciales que unan Shanghái y San Francisco en solo una hora.
Con esta apuesta arriesgada, China se posiciona a la vanguardia de una carrera tecnológica que Estados Unidos abandonó. Lo que parecía inviable hace décadas podría ahora revolucionar el cielo. El ‘motor imposible’, tal vez, estaba solo esperando el momento adecuado para despegar.