Durante siglos, el desierto del Sahara fue sinónimo de aridez extrema y estabilidad climática. Sin embargo, nuevas proyecciones científicas revelan que esa imagen podría cambiar drásticamente en las próximas décadas. Investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago, junto con expertos internacionales, predicen que el calentamiento global podría alterar por completo el régimen de lluvias en África, generando un escenario sin precedentes de humedad creciente en una de las zonas más secas del planeta.
Un giro inesperado en el clima africano
El estudio, publicado en npj Climate and Atmospheric Science, proyecta que las precipitaciones en el Sahara podrían aumentar hasta un 75% hacia finales del siglo XXI, bajo un escenario de emisiones elevadas de gases de efecto invernadero.
La comparación entre los registros históricos de 1965-2014 y las proyecciones de 2050-2099 muestra que, lejos de intensificar su sequedad, el desierto tenderá a recibir lluvias cada vez más frecuentes y abundantes.
Los investigadores también detectaron variaciones regionales: el sudeste africano experimentaría un aumento del 24%, el centro-sur un 17%, mientras que el suroeste podría registrar una leve disminución del 5%. Estas diferencias reflejan una compleja interacción entre el calentamiento del aire, la circulación atmosférica y la capacidad del planeta para retener humedad.
El planeta se calienta y llueve menos. Por eso en el desierto del Sahara crece la hierba.
Tú no lo entiendes porque no eres virólogo. 👇 pic.twitter.com/exud6YnCPJ— MatarAlpelicano (@MAlpelicano) September 15, 2024
“El Sahara casi duplicará sus niveles históricos de lluvia, algo que parecía impensable hace unas décadas”, explicó Thierry Ndetatsin Taguela, autor principal del trabajo. “Pero aún existen incertidumbres sobre la magnitud del cambio, y mejorar los modelos climáticos será clave para fortalecer la confianza en las proyecciones regionales”.
Cómo se elaboraron las proyecciones
Para alcanzar estos resultados, el equipo analizó 40 modelos climáticos globales centrados en ocho regiones africanas, utilizando los escenarios de emisiones SSP2-4.5 (moderado) y SSP5-8.5 (alto).
Los científicos estudiaron periodos de 50 años y ajustaron los datos según las definiciones del IPCC, con el objetivo de identificar los mecanismos físicos que controlan las lluvias.
El aumento de precipitaciones se explica principalmente por la mayor capacidad de la atmósfera para retener vapor de agua a medida que la temperatura global se eleva. Cuando el aire se satura de humedad, se forman más nubes y las lluvias se vuelven más frecuentes. En cambio, la reducción en el suroeste africano se atribuye a cambios en los movimientos verticales del aire que dificultan la formación de nubes.
Retos para la adaptación y la gestión del agua
El Sahara sólo está en un período seco y se espera que sea verde otra vez en 15.000 años. #Curiosidades pic.twitter.com/cEKy8F6X6b
— Sabias? Curiosidades (@sabiastuque_) November 10, 2014
Los autores advierten que estos cambios tendrán repercusiones directas en el suministro de agua, la agricultura y la habitabilidad de amplias zonas del continente. “Los nuevos patrones de lluvia afectarán a miles de millones de personas, dentro y fuera de África. Debemos planificar desde ahora”, subrayó Taguela.
El estudio recomienda fortalecer las infraestructuras frente a inundaciones, desarrollar cultivos adaptados a condiciones variables y reforzar los sistemas de monitoreo meteorológico. Aunque el aumento de lluvias podría parecer una buena noticia, también implica el riesgo de tormentas más intensas, erosión del suelo y pérdida de ecosistemas adaptados a la sequía.
Un futuro incierto, pero lleno de oportunidades
Si las proyecciones se cumplen, el Sahara podría convertirse en un laboratorio natural para entender cómo responde la Tierra al cambio climático. Los científicos concluyen que el desafío no será solo interpretar las lluvias que vienen, sino aprender a convivir con un desierto que, por primera vez en milenios, podría dejar de serlo.
Fuente: Infobae.