Los humanos y los chimpancés comparten gran parte de su información genética, pero sus cerebros evolucionaron de maneras diferentes. Durante décadas, los científicos intentaron comprender qué mecanismos explican esta divergencia. Ahora, una investigación descubrió que un antiguo virus podría haber contribuido a modificar la actividad de un gen importante para el desarrollo cerebral.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Lund, en Suecia, identificó una secuencia viral integrada en el ADN de los chimpancés que impide la activación de un gen denominado LINC00662.
Los resultados, publicados el 23 de octubre de 2026 en la revista Science Advances, sugieren que las infecciones virales del pasado pudieron influir en la evolución de nuestros parientes más cercanos.
El virus que dejó su huella en el ADN de los chimpancés
El protagonista del descubrimiento es PTERV1, un retrovirus que infectó a los antepasados de los chimpancés hace millones de años.
Los retrovirus tienen una característica particular: pueden incorporar su material genético al ADN de las células que infectan.
Cuando estas modificaciones llegan a las células reproductivas, pueden transmitirse a futuras generaciones y permanecer en el genoma durante millones de años.
En este caso, el material genético de PTERV1 quedó integrado en diferentes regiones del ADN de los chimpancés, pero no está presente de la misma manera en los seres humanos. Los investigadores descubrieron que una de estas inserciones, ubicada en el cromosoma 19, está relacionada con el silenciamiento del gen LINC00662.
Este mecanismo ocurre mediante un proceso conocido como metilación del ADN, que permite regular qué genes permanecen activos y cuáles se desactivan.

Un experimento con CRISPR permitió reactivar el gen
Para comprobar cómo influía la secuencia viral en el desarrollo cerebral, los científicos utilizaron células madre humanas y de chimpancé para crear organoides cerebrales. Estas pequeñas estructuras tridimensionales reproducen determinadas características de las primeras etapas del desarrollo del cerebro.
Al compararlas, encontraron una diferencia significativa: el gen LINC00662 estaba activo en los modelos humanos, pero permanecía completamente silenciado en los de chimpancé.
El equipo utilizó entonces la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9 para eliminar la secuencia viral de las células de chimpancé. El resultado fue revelador: después de retirar el fragmento de PTERV1, el gen volvió a activarse.
Esto permitió demostrar que la inserción viral era responsable de su silenciamiento en las células analizadas.
¿Qué función cumple este gen en el cerebro humano?
Los investigadores también analizaron qué ocurría cuando desactivaban LINC00662 en organoides cerebrales humanos. Observaron una disminución en la actividad de genes relacionados con la maduración de las neuronas y el crecimiento de los axones, estructuras que permiten transmitir señales entre células nerviosas.
Los resultados sugieren que LINC00662 desempeña un papel importante en la regulación del desarrollo neuronal.
Sin embargo, el estudio no demuestra que este gen sea responsable de la inteligencia humana ni de las diferencias cognitivas entre ambas especies. Los experimentos se realizaron en modelos celulares que no reproducen todas las características de un cerebro completo.
This scientist discovered that an ancient virus infected chimpanzee ancestors 4 MILLION years ago but spared humans, leaving behind DNA that switched OFF a gene involved in chimpanzee brain development!
Here's the really crazy part. When researchers removed that ancient viral… pic.twitter.com/I4DkVMzteM
— Vicky Verma (@Unexplained2020) October 25, 2026
Una nueva pista sobre la evolución del cerebro humano
El descubrimiento demuestra que la evolución cerebral no depende únicamente de la aparición de nuevos genes, sino también de los mecanismos que controlan su funcionamiento.
Una antigua infección viral pudo modificar permanentemente la manera en que determinados genes se activan durante el desarrollo de los chimpancés. Los científicos planean investigar si otros fragmentos de virus antiguos tuvieron efectos similares y si algunos de estos mecanismos están relacionados con enfermedades neurológicas.
El hallazgo abre una nueva perspectiva sobre la evolución humana: parte de las diferencias entre nuestro cerebro y el de otros primates podría estar relacionada con infecciones ocurridas hace millones de años.