El universo primitivo todavía esconde numerosos misterios, y algunos podrían estar ocultos detrás de enormes cantidades de polvo cósmico. Un equipo internacional de astrónomos identificó las características de un cuásar distante que contiene un agujero negro supermasivo de aproximadamente 1.100 millones de veces la masa del Sol, formado cuando el universo tenía menos de mil millones de años.
El objeto, denominado J1440+0019, fue estudiado mediante observaciones del telescopio espacial James Webb (JWST) y del conjunto de radiotelescopios ALMA, ubicado en Chile.
Los resultados, publicados el 9 de octubre de 2026 en el repositorio científico arXiv, muestran que el polvo presente alrededor de estos objetos puede alterar su apariencia y dificultar su identificación mediante los métodos tradicionales de observación.
Un agujero negro gigantesco cuando el universo era muy joven
Los cuásares se encuentran entre los objetos más luminosos del cosmos. Su extraordinario brillo proviene del material que cae hacia un agujero negro supermasivo y se calienta hasta alcanzar temperaturas extremas.
Esta intensa emisión de energía permite detectarlos incluso a miles de millones de años luz de distancia.
Sin embargo, encontrar estos objetos en el universo temprano presenta dificultades importantes. Muchas búsquedas astronómicas se basan en la radiación ultravioleta emitida por sus núcleos, pero el polvo interestelar puede absorber parte de esa luz y hacer que algunos cuásares pasen inadvertidos.
J1440+0019 representa un ejemplo de este fenómeno. Aunque su agujero negro mantiene una actividad intensa, el polvo modifica la radiación que llega hasta los telescopios.
Los científicos estimaron que el objeto posee una masa cercana a 1.100 millones de soles y acumula materia a un ritmo elevado, una característica particularmente interesante para comprender cómo crecieron los primeros agujeros negros.

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James Webb y ALMA revelaron lo que el polvo mantenía oculto
Para investigar las propiedades del cuásar, los astrónomos combinaron dos instrumentos capaces de observar diferentes regiones del espectro electromagnético.
El telescopio James Webb utilizó su espectrógrafo NIRSpec para analizar la luz infrarroja procedente del núcleo. Esto permitió estudiar su composición y estimar las propiedades del agujero negro central. Por su parte, ALMA detectó la radiación milimétrica emitida por el gas y el polvo fríos presentes en la galaxia que alberga el cuásar.
Los resultados mostraron que J1440+0019 se encuentra dentro de una galaxia extraordinariamente luminosa y rica en polvo, con una masa estimada de este material equivalente a unos 400 millones de soles.
Además, los investigadores identificaron señales compatibles con corrientes de gas ionizado que se alejan del entorno del agujero negro a velocidades de hasta 3.600 kilómetros por segundo.
¿Cuántos agujeros negros podrían permanecer ocultos?
El descubrimiento plantea una pregunta fundamental sobre nuestra comprensión del universo temprano: ¿cuántos agujeros negros supermasivos podrían estar pasando inadvertidos debido al polvo que los rodea?
Los métodos convencionales de búsqueda suelen favorecer la detección de cuásares con emisiones ultravioletas relativamente despejadas. Esto significa que los objetos parcialmente oscurecidos podrían estar infrarrepresentados en los registros astronómicos.
Sin embargo, el estudio analiza un único cuásar, por lo que todavía no permite determinar cuántos sistemas similares existen.
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Una nueva oportunidad para investigar el universo primitivo
El hallazgo demuestra la importancia de combinar observaciones infrarrojas y milimétricas para obtener una visión más completa de las primeras galaxias.
Los investigadores consideran que futuros estudios de grandes regiones del cielo podrían identificar otros cuásares parcialmente ocultos y ayudar a reconstruir la evolución de los agujeros negros supermasivos.
Comprender cómo estos objetos alcanzaron masas tan enormes en tan poco tiempo continúa siendo uno de los grandes desafíos de la astronomía moderna.
Por ahora, J1440+0019 ofrece una nueva pista: algunos de los objetos más extremos del universo podrían estar allí, pero el polvo cósmico impide que los veamos con claridad.