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Ciencia

El secreto más incómodo de la vida en la Tierra: Pudo depender de un golpe de suerte cósmico

Durante millones de años, nuestro planeta fue un desierto rocoso incapaz de albergar nada vivo. La ciencia apunta ahora a que solo un evento improbable —el impacto con otro mundo— trajo los ingredientes que transformaron a la Tierra en un oasis cósmico.
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Hace 4.568 millones de años nació el sistema solar. La joven Tierra, apenas formada, era un mundo seco, rocoso y químicamente inhóspito. Sin embargo, la vida logró surgir. ¿Cómo se produjo ese giro inesperado? Una investigación publicada en Science Advances revela que la clave pudo estar en un accidente fortuito: el choque con otro cuerpo celeste que cambió para siempre nuestro destino.

Un planeta hostil en sus orígenes

La Tierra probablemente necesitó ayuda externa para tener vida
© Unsplash – Kamran Abdullayev.

La firma química de la Tierra quedó establecida en apenas tres millones de años, un lapso sorprendentemente rápido en la escala cósmica. Los datos isotópicos analizados por el equipo suizo muestran que la combinación de elementos presentes en nuestro planeta lo convertía, en un principio, en un entorno totalmente estéril. No había rastros de las sustancias volátiles necesarias para la vida, como el agua o el carbono en estado utilizable.

El trabajo del doctor Pascal Kruttasch, de la Universidad de Berna, revela con una precisión de menos de un millón de años que la proto-Tierra se configuró como un mundo seco, incapaz de sostener ningún tipo de biología.

La huella de un impacto decisivo

La Tierra probablemente necesitó ayuda externa para tener vida
© Unsplash – Hartono Creative Studio.

Los investigadores sostienen que la Tierra se volvió habitable gracias a un episodio posterior: la colisión con Theia, un planeta del tamaño de Marte. Ese choque no solo dio origen a la Luna, sino que también pudo aportar las moléculas y compuestos volátiles que convirtieron a la Tierra en un entorno apto para la vida.

Klaus Mezger, coautor del estudio, lo resume de forma tajante: “La Tierra no debe su aptitud para la vida a un desarrollo continuo, sino probablemente al impacto tardío de un cuerpo extraño rico en agua”. Es decir, un golpe de azar cósmico habría inclinado la balanza a favor de la biología.

El azar como motor de nuestra existencia

Lo que emerge de esta investigación es un relato inquietante: si no hubiese ocurrido esa colisión, nuestro planeta seguiría siendo un desierto mineral. La vida, tal como la conocemos, podría no haber existido nunca.

El equipo planea ahora investigar con mayor detalle las propiedades físicas y químicas de aquella colisión, un evento que no solo modeló a la Tierra y a la Luna, sino que quizá abrió la única puerta hacia la evolución biológica en nuestro rincón del cosmos.

Fuente: EuropaPress.

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