Para los insectos el olfato es algo complicado. Las investigaciones muestran que a pesar de las limitadas capacidades neuronales los insectos dependen de indicios olfatorios para encontrar su alimento, sus parejas, y para evitar a los depredadores. En general, lo hacen por medio de sus antenas. Pero no siempre es así.
Los esfíngidos, como la polilla del tabaco, huelen a través de sus alas, según un estudio que se publicó hoy en el Journal of Experimental Biology. En este trabajo reciente se investigó una función de los pelos sensores de las alas de la polilla, algo que no se había explorado antes. Encontraron que esos pelos contribuyen activamente al “sentido” del olfato de la polilla, y que no se trata de solo un intercambio de sustancias químicas. Revelaron que esos pelos reaccionaban ante el fuerte olor de las damas de noche, donde las polillas ponen sus huevos.
Oler y volar
Según el trabajo las alas de los insectos tienen numerosas sencillas, diminutos receptores cuya forma se parece a una pequeña cúpula o un cabello. La sensilia tiene un rol clave en el control de vuelo del insecto y por eso es que las investigaciones se han centrado principalmente en su función mecánica. Aunque se sabía que la sensilia también tiene funciones químicas, el interés estuvo puesto en explorar el rol como sensores de sabor.
En los últimos años, sin embargo, se encontró evidencia que respalda la hipótesis de que las alas del mosquito de la fiebre amarilla sirve como órgano olfatorio, como una “nariz”. Y por otro lado, en otros estudios se identificaron genes similares en las alas de la polilla del tabaco. Los hallazgos hicieron que el equipo de investigadores se preguntara si podían oler con las alas.
Las alas y la ciencia

Para este estudio el equipo recortó cuidadosamente los bordes de las alas de la polilla y rociaron sobre éstas una niebla de oro. Cuando pusieron las alas bajo el microscopio vieron que entre los pelos que suelen tener las alas de los insectos había pelos “más gruesos y porosos que podrían contribuir al sentido del olfato del insecto”, según declararon. Luego detectaron 33 receptores de sabor y olor, 15 de los cuales estaban ubicados sobre los bordes del ala.
Para probar si realmente los pelos servían para oler el equipo adosó un circuito eléctrico al ala para ver a qué aromas reaccionaba el ala. Les sorprendió que el ala reaccionara solamente a dos olores que son comunes en las plantas llamadas Dama de Noche. Los investigadores hicieron la prueba de recortar los bordes de las alas para ver si los pelos del borde eran los que “olían” y encontraron que las alas seguían reaccionando al olor de la planta.
“Casi todos los estudios de los pelos sensores de las alas de las mariposas y las polillas se han centrado en el sentido del tacto”, declaró Sonja Bisch-Knaden, coautora del estudio y bióloga del Instituto Max Planck de Ecología Química. “Eso sugiere que la polilla tiene pelos sensores especiales en toda el ala y no solo en los bordes, con los que pueden percibir esos olores”.