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Ciencia

En un manglar colombiano encontraron microplásticos dentro del 96% de los cangrejos analizados: y descubrieron que los propios animales los rompen en pedazos todavía más pequeños

El plástico no solo termina adentro de los animales. En algunos casos, el propio cuerpo del animal se convierte en la máquina que lo tritura y lo devuelve al ambiente convertido en algo todavía más difícil de eliminar
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Distintas investigaciones recientes coinciden en un mismo punto de partida: los microplásticos dejaron de ser un contaminante que simplemente flota en el agua o se acumula en la arena. Hoy aparecen dentro del cuerpo de animales tan distintos entre sí como cangrejos, pulpos, peces y murciélagos, en ecosistemas que van desde manglares urbanos en Colombia hasta zonas protegidas en pleno corazón de la Amazonía.

El cangrejo que rompe el plástico con los dientes del estómago

Cangrejo Violinista
© By NOAA – http://www.csc.noaa.gov/acebasin/specgal/inverts.htm, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1974158

En los manglares urbanos de Turbo, en el golfo de Urabá (Colombia), un equipo de la Universidad de Antioquia liderado por José Riascos estudió al cangrejo violinista Minuca vocator, una especie de apenas 3 centímetros que se alimenta filtrando materia orgánica del sedimento. Durante 66 días de trabajo de campo entre 2023, el equipo aplicó microesferas de plástico marcadas con colores fluorescentes y después analizó a 95 cangrejos: 91 de ellos habían incorporado las partículas, con un promedio de 49 microesferas por individuo, una de las tasas de absorción más altas jamás registradas en la naturaleza, según la Universidad de Antioquia.

El hallazgo más inquietante no fue la ingestión en sí, sino lo que ocurre después: cerca del 15% de esas microesferas aparecieron fracturadas dentro del organismo de los cangrejos, un proceso que en la naturaleza (por acción del sol, las olas y la arena) suele tardar décadas o siglos, pero que estos animales logran en apenas cuestión de días o semanas. Según explicó Riascos, el estómago de estos cangrejos cuenta con una estructura similar a pequeños dientes, la explicación más plausible de por qué el plástico se parte al pasar por ese compartimiento. Fragmentar el plástico no significa eliminarlo: al ser expulsado, termina generando partículas todavía más pequeñas y potencialmente más riesgosas para el resto del ecosistema.

El pulpo que sostiene una pesquería entera

En Campeche, México, un estudio publicado en julio de 2026 en la revista Regional Studies in Marine Science analizó el tracto digestivo de 95 pulpos mayas (Octopus maya), capturados por pescadores ribereños en 2021 y 2024. El 93,68% de los ejemplares (89 de 95) tenía microplásticos en su organismo, con un total de 367 partículas identificadas y un promedio que subió de 3,18 partículas por individuo en 2021 a 4,62 en 2024, un incremento del 30,8% en apenas tres años. Esta especie representa cerca del 75% de toda la captura regional de pulpo en la península de Yucatán, una pesquería de la que dependen directamente comunidades enteras, según relevó El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

Los propios investigadores aclaran que, como en México no se consume habitualmente el tracto digestivo del pulpo, retirar las vísceras reduce buena parte de la exposición directa para quienes lo comen. Aun así, remarcan que todavía faltan estudios para saber si esta contaminación afecta el crecimiento o la reproducción de la especie a largo plazo.

Murciélagos, peces y tapires de la Amazonía

Murcielago
© John Torcasio – Unsplash

La contaminación por microplásticos no se limita a ambientes costeros. En el Parque Nacional Anavilhanas, en plena Amazonía, investigaciones citadas por Mongabay Latam encontraron microplásticos en cerca de 8 de cada 10 peces analizados, y hasta en el 95% de los murciélagos estudiados, además de rastros de contaminación en tapires y en nidos de otras especies. Que este tipo de partículas aparezca incluso en áreas protegidas, lejos de grandes centros urbanos, confirma que el plástico ya circula por prácticamente cualquier ecosistema del planeta, sin importar cuán remoto o resguardado esté.

La conexión inesperada con las bacterias resistentes

A esta problemática se suma otro hallazgo preocupante: distintas investigaciones encontraron que las bacterias expuestas a microplásticos pueden desarrollar mayor resistencia a los antibióticos. Estas diminutas partículas de plástico favorecen la formación de biopelículas, un entorno que protege a las bacterias y facilita la propagación de genes de resistencia entre distintas poblaciones microbianas. La combinación resulta preocupante: el mismo material que hoy aparece dentro de cangrejos, pulpos, peces y murciélagos podría estar contribuyendo, en paralelo, a uno de los mayores desafíos sanitarios del siglo, la resistencia bacteriana a los tratamientos antibióticos disponibles.

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