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Ciencia

El sorprendente efecto secundario del Ozempic que nadie esperaba encontrar en un estudio sobre violencia

Los mismos mecanismos que aplacan el antojo de comida podrían afectar al mismo tiempo la tendencia hacia la conducta violenta.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Hemos llegado al punto en que se bromea sobre las drogas GLP-1 como la semaglutida (ingrediente activo de Ozempic y Wegovy) como la solución para todo tipo de problemas, y no solo la obesidad. Hoy se dio a conocer un estudio que sugiere que las GLP-1 incluso podrían tener el potencial de disminuir la tendencia a ser violentos.

En la Universidad Rutgers unos científicos analizaron los datos de una encuesta de representación nacional que comparaba a usuarios de GLP-1 actuales y del pasado. En quienes actualmente estaban bajo tratamiento con GLP-1s, encontraron que era notablemente menor el vínculo entre la impulsividad y la propensión a la violencia. Aunque los hallazgos de este equipo lejos están de ser prueba irrefutable de que las drogas GLP-1 pueden reducir la conducta violenta, ameritan que se siga analizando el tema, según los autores de este trabajo.

“Consideramos que este estudio es un primer paso, no una respuesta definitiva”, le dijo a Gizmodo Daniel Semenza, director de investigaciones en el Centro de Investigación de la Violencia con Armas de Nueva Jersey, en la Facultad de Salud Pública de Rutgers.

Las GLP-1 y la conducta

Las drogas GLP-1, por tratar la obesidad, pueden tratar o reducir el riesgo de muchas afecciones de la salud que están estrechamente relacionadas con la obesidad, como las enfermedades cardíacas o el dolor de rodillas. Pero hay estudios que también indicaron que estas drogas tienen efectos sobre la conducta, más allá de sólo reducir el apetito. Son varios los estudios que encontraron evidencia de que las GLP-1 pueden aminorar los antojos dañinos de beber alcohol o usar drogas recreativas, por ejemplo.

Esos beneficios potenciales de reducción de la adicción probablemente sean a causa de la forma en que las drogas pueden afectar el control de los impulsos y el procesamiento de las recompensas, y eso fue lo que encendió la curiosidad de Semenza y su equipo.

“Como criminólogos e investigadores de la violencia eso fue algo que nos llamó la atención porque la impulsividad y el consumo de alcohol se cuentan entre los factores de riesgo conductual más conocidos en términos de la violencia. Y quisimos explorar si el uso de GLP-1s podría estar relacionado con cambios en la relación entre esos factores de riesgo y la conducta violenta. Por lo que sabemos ningún estudio previo había analizado esta cuestión directamente”, afirmó Semenza.

El equipo recurrió a los datos recabados el verano pasado en una encuesta de representación nacional, efectuada con 7.521 adultos estadounidenses. Específicamente se centraron en 821 personas que informaban haber usado drogas GLP-1, de las cuales 597 todavía estaban en tratamiento con estas drogas. Se les preguntó sobre su consumo de alcohol y su nivel de impulsividad, como por ejemplo si les gustaba participar de una persecución a toda velocidad o si disfrutaban de ver peleas de puñetazos. Además (garantizando la confidencialidad), se les preguntó si habían participado de delitos violentos en el último año.

Los investigadores notaron una diferencia importante entre quienes tomaban GLP-1 y los que antes la tomaban pero ya habían dejado el tratamiento.

“En el grupo de antiguos usuarios los que tenían mayores niveles de impulsividad y consumo de alcohol informaron niveles mucho más elevados de conducta violenta, algo que se condice con décadas de investigaciones anteriores. En el grupo de usuarios actuales, esas relaciones eran mucho menos pronunciadias”, explicó Seemenza.

En general, el vínculo entre la impulsividad y la violencia era un 62% más débil en el grupo de usuarios actuales de drogas GLP-1, en tanto que el vínculo entre el consumo de alcohol y la violencia era 52% menor. Dicho esto, tras análisis más profundos, no era tan clara la evidencia de que las GLP-1 afectaran específicamente la relación entre el consumo de alcohol y la conducta violenta. El equipo publicó sus hallazgos en Criminology.

“Los agonistas de receptores GLP-1 parecen afectar el procesamiento de recompensas, los antojos, la regulación del estrés y el control de la conducta”, afirmó Semenza. “Una interpretación de lo que hallamos es que esta medicación podría debilitar el alcance en el que se traducen en conducta violenta las tendencias impulsivas o el riesgo relacionado con el alcohol”.

¿Qué significa esto?

Los autores advierten que se trata de un estudio observacional de sección cruzada, lo que significa que no puede demostrar que haya relación de causa y efecto entre el uso de las GLP-1 y la reducción de la conducta violenta. Tampoco indican que las GLP-1 puedan eliminar directamente la violencia o prevenir los delitos.

“Lo que encontramos es un patrón que sugiere que la medicación GLP-1 puede influir en los caminos conductuales que tienen relevancia en el riesgo de violencia”, dijo Semenza.

Habrá que seguir investigando para confirmar los hallazgos de este equipo y entender exactamente cómo es que las GLP-1 afectan a estos caminos, y los investigadores se disponen a seguir estudiando.

“Un próximo paso importante es el análisis de estas preguntas utilizando bases de datos longitudinales a gran escala, y datos de administración,, que permitan que la investigación pueda determinar la causalidad y los tiempos», explicó Semenza. “Nos interesa en particular si hay patrones similares que surjan de datos de seguimiento de uso de medicación y participación del sistema legal penal a lo largo del tiempo”.

En términos generales, añade que la ciencia todavía tiene mucho por aprender sobre cómo pueden afectar la conducta en general estas drogas cada vez más populares.

“La comunidad científica está empezando a entender los efectos conductuales generales de estas medicaciones. Nuestro estudio sugiere que los resultados en relación con la violencia podrían formar parte de esa conversación, pero hace falta seguir investigando mucho más antes de poder sacar conclusiones firmes”, afirmó Semenza.

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