En 1998, tres astrofísicos descubrieron algo que no esperaban: el universo no solo se expande desde el Big Bang sino que lo hace cada vez más rápido. Ese hallazgo ganó el Nobel de Física en 2011 y se convirtió en uno de los pilares del modelo cosmológico estándar. El año pasado, un equipo de la Universidad de Yonsei en Corea del Sur publicó un estudio que desafiaba ese pilar: analizando las mismas supernovas usadas para medir la expansión, concluyeron que la aceleración se había detenido. La cosmología entró en una discusión sobre si había que replantear la física del universo. Esta semana llegó la respuesta: el estudio surcoreano tenía un problema metodológico y la aceleración cósmica sigue siendo real.
La herramienta del debate: por qué las supernovas tipo Ia son los «marcadores kilométricos» del cosmos

Para medir cómo se expande el universo en diferentes épocas de su historia, los astrónomos necesitan objetos cuya luminosidad intrínseca sea conocida. Las supernovas de tipo Ia cumplen esa función: ocurren cuando una enana blanca colapsa sobre sí misma, y todas estas explosiones comparten casi la misma luminosidad intrínseca. Eso permite calcular la distancia a una supernova midiendo cuánto más tenue aparece de lo esperado: si una supernova se ve más tenue, está más lejos. Mirar supernovas lejanas equivale a mirar hacia el pasado, porque la luz tardó millones o miles de millones de años en llegar. Comparando cómo se alejaban las galaxias en el pasado con cómo se alejan ahora, los astrónomos pueden reconstruir la historia de la expansión.
El equipo surcoreano de Young-Wook Lee propuso que esas distancias deberían calibrarse de forma diferente, teniendo en cuenta la edad de las estrellas que finalmente explotan como supernova. Argumentaron que este «efecto de la edad» alteraba las conclusiones anteriores y que, al corregirlo, la aceleración desaparecía. Según DW en su cobertura del nuevo estudio, el equipo liderado por Phil Wiseman de la Universidad de Southampton y que incluye al Nobel Adam Riess revisó esa hipótesis usando muestras de supernovas más grandes y encontró que el efecto no existe.
La respuesta con dos premios Nobel: «No encontramos evidencia del pretendido efecto de la edad»
Adam Riess, coautor del nuevo trabajo y ganador del Nobel de Física de 2011 por el codescubrimiento de la expansión acelerada, fue directo: «No encontramos evidencia del pretendido ‘efecto de la edad’ en las muestras calibradas de supernovas más grandes utilizadas por la comunidad cosmológica durante la última década». El autor principal, Phil Wiseman, añadió: «Las mediciones anteriores y bien aceptadas estaban, de hecho, bien, y nuestra comprensión actual sobre el destino del universo sigue siendo sólida».
El coautor Brodie Popovic resumió el estado de la cuestión: «El universo sigue acelerándose. Todavía hay mucho que no sabemos y que nos entusiasma aprender, pero creemos que estamos en el camino correcto». Young-Wook Lee, autor del estudio impugnado, respondió a su vez que el contraanálisis presenta «graves fallas metodológicas» e inconsistencias internas. El debate no está formalmente cerrado, pero el peso del consenso científico volvió a inclinarse hacia el modelo estándar.
Lo que sigue siendo un misterio: qué es exactamente la energía oscura

Que la expansión se acelere no significa que se entienda por qué. La energía oscura, la fuerza que los astrónomos atribuyen a esa aceleración, representa el 68% del contenido total del universo, junto a un 27% de materia oscura y apenas un 5% de materia ordinaria, la que forma estrellas, planetas y todo lo observable. Nadie sabe qué es la energía oscura ni cómo funciona a escala fundamental. Dos observatorios podrían aportar respuestas en los próximos años: el Observatorio Vera C. Rubin en Chile y el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento está previsto para septiembre de 2026. Ambos están diseñados para mapear la distribución de galaxias a lo largo del tiempo con una precisión sin precedentes, lo que permitirá estudiar la historia de la expansión con mucho mayor detalle.