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Ciencia

La Luna no tiene atmósfera, así que la basura que dejamos allí desde 1960 sigue intacta: más de 70 naves espaciales yacen en su superficie y ahora hay que decidir qué hacer con ellas antes de que lleguen las misiones tripuladas

Según la Oficina de Historia de la NASA, más de 70 naves espaciales yacen en la superficie lunar como resultado de impactos deliberados, aterrizajes y accidentes ocurridos durante seis décadas de exploración. La ausencia de atmósfera conserva los restos en un entorno extremadamente estable: los módulos de descenso de las misiones Apolo, sondas soviéticas, y vehículos más recientes de China, India, Japón y empresas privadas. El debate sobre cómo proteger este patrimonio histórico crece a medida que nuevas misiones se preparan para volver a la Luna
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En la Tierra, un avión estrellado en la selva desaparece en décadas devorado por la vegetación, la humedad y la oxidación. En la Luna, la etapa de descenso del módulo Eagle que posó a Neil Armstrong en 1969 está exactamente igual que el día en que los astronautas la dejaron y subieron al módulo de ascenso. Sin atmósfera, sin viento, sin agua, sin bacterias que descompongan, nada cambia. Eso convierte a la Luna en el archivo histórico más perfecto del universo para la tecnología humana del siglo XX. Y también en el basurero espacial mejor conservado del sistema solar: más de 70 naves yacen allí, y nadie decidió todavía qué hacer con ellas.

Qué hay allí: seis décadas de historia espacial distribuida en miles de kilómetros de superficie

Sonda Lunar
© By NASA – Transferred from english wikipedia – en:Image:Lunar module AS12-51-7507.jpgPrimary source: http://www.hq.nasa.gov/office/pao/History/alsj/a12/as12-51-7507.jpg, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=109148

La acumulación comenzó en los años sesenta con las primeras sondas automáticas de exploración. Los programas Ranger, Surveyor y Lunar Orbiter de la NASA enviaron docenas de sondas que impactaron deliberadamente contra la superficie o aterrizaron para explorarla. El programa soviético Luna hizo lo mismo. Luego llegaron las misiones Apolo: las etapas de descenso de los módulos lunares de las misiones 11, 12, 14, 15, 16 y 17 permanecen en los sitios exactos donde aterrizaron los astronautas entre 1969 y 1972.

Como detalla Perfil en su cobertura del informe de la Oficina de Historia de la NASA, a esos restos históricos se suman vehículos enviados más recientemente por China, India, Japón y empresas privadas, algunos de los cuales tuvieron aterrizajes fallidos. Brian Odom, historiador y jefe interino de la Oficina de Historia de la NASA, describió estos artefactos como «testimonios físicos de uno de los mayores logros tecnológicos de nuestra especie» y señaló que «cuentan la historia de cómo la humanidad llegó por primera vez a otro mundo».

Por qué están perfectamente conservados: la ausencia de atmósfera como máquina del tiempo

En la Tierra, los metales se oxidan, los polímeros se degradan con la radiación UV y los materiales orgánicos son descompuestos por microorganismos. Nada de eso ocurre en la Luna. La ausencia de atmósfera significa ausencia de humedad, ausencia de oxígeno libre que oxide los metales y ausencia de organismos capaces de descomponer los materiales. La radiación solar y cósmica sí afecta las superficies expuestas con el tiempo, pero los objetos metálicos mantienen su integridad estructural durante décadas o siglos. Las huellas que dejaron los astronautas en el suelo lunar en 1969 probablemente duren millones de años.

Esa estabilidad excepcional convierte a los objetos lunares en un tipo de patrimonio arqueológico sin precedentes: son artefactos perfectamente fechados, en su ubicación original, sin ninguna perturbación posterior. Los especialistas los describen como un museo distribuido a lo largo de miles de kilómetros de superficie lunar.

El problema que se avecina: cómo proteger ese patrimonio cuando lleguen las nuevas misiones

Luna
© By NASA/JPL/Space Science Institute – http://photojournal.jpl.nasa.gov/catalog/PIA02321, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=13282513

Con el programa Artemis de la NASA y las misiones lunares chinas del programa Chang’e preparándose para llevar astronautas de regreso a la Luna en los próximos años, el debate sobre cómo gestionar ese patrimonio histórico se vuelve urgente. Los cohetes de aterrizaje y despegue generan plumas de polvo lunar que pueden desplazarse a gran velocidad y potencialmente alterar los sitios históricos a kilómetros de distancia. Un vehículo que aterriza en las proximidades del sitio Apolo 11 podría dañar o desplazar objetos que han permanecido intactos desde 1969.

No existe actualmente ningún tratado internacional que proteja específicamente los sitios históricos lunares. La Outer Space Treaty de 1967 establece que ningún país puede reclamar soberanía sobre la Luna, pero no regula la protección de artefactos. EE.UU. publicó en 2011 unas directrices voluntarias para la protección de los sitios Apolo, sin carácter vinculante. A medida que más actores, tanto gubernamentales como privados, planifican misiones lunares, la ausencia de un marco legal claro se convierte en un problema real.

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