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El telescopio espacial James Webb se prepara para estudiar el infierno a 50 años luz

El planeta se llama 55 Cancri e, y es una supertierra envuelta en fuego en la que llueve lava.

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Ilustración que muestra el posible aspecto de 55 Cancri e.
Ilustración que muestra el posible aspecto de 55 Cancri e.
Imagen: NASA, ESA, CSA, Dani Player (STScI)

Los espejos del telescopio espacial James Webb ya están alineados y sus instrumentos listos para operar a pleno rendimiento. ¿Qué mejor manera de probarlos que estudiar el mismísimo infierno? El nombre de este infierno es 55 Cancri, y pronto podremos observarlo como nunca antes.

En la agenda del James Webb para este verano está previsto el estudio de dos supertierras LHS 3844 b y 55 Cancri e. El segundo de estos planetas ya lo conocimos de una recopilación de planetas-monstruo que la NASA hizo en 2019. Así es como los astrónomos de la agencia describen este mundo extremo situado a 55 años luz:

Imagina que la Tierra estuviera mucho, mucho más cerca del Sol. Tan cerca que un año entero dura solo unas pocas horas. Tan cerca que la gravedad ha bloqueado un hemisferio bajo la luz del día abrasadora de forma permanente y el otro sumido en una oscuridad sin fin. Tan cerca que los océanos se evaporan, las rocas comienzan a derretirse y las nubes arojan lava. No existe nada parecido en nuestro sistema solar.

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La distancia que separa a 55 Cancri de Copérnico, una enana amarilla muy similar a nuestro Sol, es solo una fracción de la distancia que separa a Mercurio de nuestra estrella. A resultas de ello no solo es que su órbita sea de solo 18 horas. Es que la radiación que recibe lo ha convertido en una olla a presión en la que el agua de los océanos evaporados está atrapada en forma de fluido supercrítico. Toda la superficie del planeta es un inmenso océano de lava.

LHS 3844 b y 55 Cancri e comparados con la Tierra y Neptuno.
LHS 3844 b y 55 Cancri e comparados con la Tierra y Neptuno.
Imagen: NASA, ESA, CSA, Dani Player (STScI)
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Sin embargo, hay no pocos misterios relativos a 55 Cancri e. Las observaciones que se han hecho de este exoplaneta con ayuda del telescopio espacial Spitzer indican que la región más caliente de este mundo devastado no es la que da directamente al Sol. ¿Por qué? Una posible explicación es que el planeta tenga una densa atmósfera de oxígeno y nitrógeno a altas presiones que reparte el calor como ocurre en Venus. Si es así, el telescopio James Webb tiene la sensibilidad necesaria para captar las frecuencias de luz que rebotan del planeta y deducir si realmente tiene atmósfera y la composición de esta.

Otra de las posibles hipótesis es que 55 Cancri e no esté anclado completamente a su estrella, sino que gire tres veces sobre sí mismo por cada dos vueltas a su estrella (algo llamado resonancia 3:2). Si esto resulta cierto, los instrumentos del James Webb podrán medir las diferencias de calor de este ciclo día-noche y averiguar si, como se sospecha, llueve lava sobre el planeta. El ciclo de día y noche haría que la superficie de roca líquida se vaporizara durante el día y se condensara para caer en forma de lava al atardecer.

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LHS 3844 b no es tan radical como 55 Cancri e, pero su falta completa de atmósfera permitirá calibrar los espectroscopios del James Webb estudiando directamente la composición de su superficie. En ambos casos, lo que descubramos será de vital importancia para el estudio de exoplanetas, de su formación, y para la búsqueda de vida. Va a ser un verano fascinante para los aficionados a la astronomía. [NASA]