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Ciencia

El telescopio James Webb investigará el misterioso TOI-4507 b, un gigante “superinflado” que desconcierta a la astronomía

El exoplaneta TOI-4507 b, nueve veces más grande que la Tierra pero con densidad ultrabaja, pone en jaque las teorías de formación planetaria. Su órbita casi polar y su juventud lo convierten en un objetivo prioritario para el telescopio James Webb.
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Un planeta enorme, ligero y fuera de toda norma

A 578 años luz de la Tierra, los astrónomos descubrieron un mundo que no encaja en ninguno de los modelos conocidos.
TOI-4507 b tiene el tamaño de Júpiter, pero apenas una décima parte de su masa, lo que significa que su densidad es sorprendentemente baja: una atmósfera tan ligera y extendida que los científicos lo describen como un “planeta superinflado” o super-puff.

El hallazgo, difundido por Space.com, plantea preguntas profundas sobre cómo pueden formarse y mantenerse mundos tan frágiles alrededor de estrellas jóvenes.


Una órbita casi imposible

El entorno en el que se mueve TOI-4507 b no es menos enigmático. Su estrella anfitriona tiene solo 700 millones de años, lo que la convierte en una de las más jóvenes analizadas con planetas confirmados.
El exoplaneta completa una vuelta cada 105 días, un periodo anómalo para su tipo, ya que la mayoría de los planetas “inflados” se sitúan muy cerca de sus estrellas y giran en cuestión de días.

Además, su órbita es casi polar: gira alrededor de la estrella en un ángulo de unos 90 grados respecto a su eje de rotación. Ese detalle sugiere que algo alteró violentamente el sistema en su pasado.


Un desafío para la física planetaria

En otros exoplanetas de baja densidad, el hinchamiento atmosférico suele explicarse por el calentamiento por marea —la fricción gravitacional generada por la estrella—. Pero TOI-4507 b está demasiado lejos para que ese efecto sea significativo.

Tampoco encaja la hipótesis de los anillos, ya que las temperaturas que reinan en su órbita impedirían que estructuras de ese tipo sobrevivieran mucho tiempo.
Por eso, los investigadores proponen escenarios alternativos: quizá un choque entre protoplanetas alteró el disco de formación, o la presencia de un compañero masivo modificó lentamente su trayectoria.
Sea cual sea la causa, los datos apuntan a un sistema extremadamente complejo, capaz de desafiar los modelos clásicos de evolución planetaria.


De TESS al James Webb: una prioridad científica

El descubrimiento se basó en observaciones del satélite TESS de la NASA y del telescopio ASTEP en la Antártida.
Aunque el estudio todavía no ha pasado por revisión por pares, su singularidad lo ha convertido en un objetivo prioritario para el telescopio espacial James Webb.

El Webb podrá analizar la composición química de su atmósfera mediante espectroscopía infrarroja, buscando trazas de hidrógeno, helio, metano o agua. Con ello, los astrónomos esperan descifrar cómo un planeta tan joven y ligero ha logrado conservar una envoltura gaseosa tan voluminosa.


Un laboratorio natural para entender otros mundos

TOI-4507 b podría ser la clave para revisar nuestras ideas sobre los límites del tamaño y la densidad planetaria.
Su estudio con el James Webb permitirá comparar su atmósfera con la de otros gigantes gaseosos y quizá redefinir las fronteras entre planetas y enanas marrones, los cuerpos que se sitúan justo en el límite entre planeta y estrella.

En palabras de los investigadores,

“Cada vez que encontramos un planeta que no encaja en las reglas, ampliamos las reglas del universo.”

Fuente: Infobae.

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