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Mientras las autoridades debaten la posibilidad de entrar a North Sentinel para recuperar el cuerpo de John Allen Chau, la persona que probablemente mejor conozca el terreno ha hablado. El antrop√≥logo Nath Pandit fue el √ļltimo en entrar y salir con vida entablando cierta amistad con la tribu.

Pandit, hoy con 84 a√Īos y jefe regional del Ministerio de Asuntos Tribales de la India, se embarc√≥ hace mucho tiempo con rumbo a North Sentinel. Durante d√©cadas llev√≥ a cabo varios viajes que lo convirtieron en el primer antrop√≥logo indio en ingresar con √©xito a esta isla aislada de Andaman, junto con un equipo de 20 miembros.

Su historia comenzó en enero de 1967, momento en que se aventuró por primera vez en la isla. Allí lideró a un grupo de investigadores, funcionarios del gobierno e incluso personal de la Marina para explorar North Sentinel y desarrollar contacto con la tribu.

Proveniente de una familia de académicos, el hombre inicialmente tuvo interés en la zoología, completando su licenciatura a mediados de la década de 1950, antes de estudiar antropología cultural en la Universidad de Delhi. Al finalizar sus estudios postdoctorales asumió un puesto en la facultad de la Universidad de Delhi.

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En marzo de 1966, se uni√≥ al Estudio Antropol√≥gico de la India, donde estuvo 26 a√Īos antes de retirarse en 1992. Tambi√©n escribi√≥ un relato exhaustivo de North Sentinel en 1990.

En el libro contaba que cuando √©l y su equipo aterrizaron por primera vez en la isla, los sentineleses se escondieron detr√°s de los primeros arbustos del bosque, observando silenciosamente la llegada en la orilla de lo que para nosotros ser√≠an unos ‚Äúextraterrestres‚ÄĚ.

Hoy cuenta que ‚Äúno hab√≠a nada de esa hostilidad que se comenta estos d√≠as‚ÄĚ. Siguiendo un rastro de huellas, Pandit y su equipo caminaron un kil√≥metro hacia el bosque y encontraron un √°rea abierta que constaba de 18 caba√Īas o chozas. Seg√ļn le explic√≥ a Economic Times:

Esas casas estaban ocupadas, no abandonadas. Not√© un fuego y alimentos cocinados. Vimos pescado asado, frutas silvestres. Hab√≠a arcos, flechas y lanzas por todas partes. Tambi√©n hab√≠a cestas a medio hacer. No llevaban ropa. No recolectan nada y todo lo que tienen lo guardan en sus chozas. Sin embargo, estas est√°n muy bien construidas. Eran caba√Īas abiertas de ramas de √°rboles y hojas sin puertas ni ventanas.

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En el relato de este primer viaje el antropólogo describía cómo uno de los miembros de su equipo vio brevemente a otro de la tribu, pero no hubo ninguna reunión o parecido, la hora que pasaron en la isla sucedió sin incidentes.

Fue durante las visitas posteriores cuando sí hubo contacto y cierta resistencia. En el segundo encuentro y antes de que sus botes pudieran llegar a la orilla, los sentineleses los esperaban con gestos hostiles, arcos y flechas.

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Por esta razón, el grupo decidió mantener una distancia segura e idearon una estrategia para dejar caer regalos como cocos y utensilios para que llegasen a la orilla. Para 1991, Pandit explicaba como, por primera vez, la tribu se acercó y recogió los regalos de cocos en el agua, aunque a los miembros de la expedición todavía no se les permitía entrar a la isla. El antropólogo explicaba:

Habían decidido que no éramos peligrosos, por lo que se abrieron un poco. También sabían que no teníamos intenciones de quedarnos en la isla. Nuestros idiomas pueden ser diferentes, pero los entendimos perfectamente, no nos querían allí.

No me extra√Īa que alberguen esa hostilidad hacia los forasteros. A finales del siglo XIX, un oficial naval brit√°nico Maurice Vidal Portman desembarc√≥ en la isla y secuestr√≥ a una pareja de ancianos en la orilla, junto con algunos ni√Īos. Los metieron en una prisi√≥n y los ancianos murieron pronto. A los ni√Īos los devolvieron considerando que su experimento fue un fracaso.

Pandit dice que, seg√ļn su experiencia, el grupo es en gran parte ‚Äúamante de la paz‚ÄĚ y cree que su temible reputaci√≥n es totalmente injusta. De hecho, ha explicado para la BBC que si el turista estadounidense falleci√≥ fue por su culpa:

Durante nuestras interacciones nos amenazaron, pero nunca llegó a un punto en el que mataron o hirieron. Cada vez que se agitaban, retrocedíamos. Me siento muy triste por la muerte de este joven que vino desde América. Pero cometió un error. Tuvo la oportunidad de salvarse. Pero persistió y pagó con su vida.

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Despu√©s de varias expediciones en las que intentaron establecer contacto, y tras su primer gran avance con los regalos, el siguiente paso ocurri√≥ a finales de ese mismo a√Īo de 1991, cuando la tribu sali√≥ para acercarse pac√≠ficamente a ellos en el oc√©ano:

Nos quedamos desconcertados por lo que nos permitieron. Fue su decisión reunirse con nosotros y la reunión tuvo lugar en sus propios términos. Saltamos del bote y nos quedamos con el agua hasta el cuello, distribuyendo cocos y otros regalos. Pero no se nos permitió entrar más allá. Estaban hablando entre ellos, pero no podíamos entender su idioma. Sonaba similar a los idiomas hablados por los otros grupos tribales en el área.

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También recuerda momentos de tensión, como cuando él mismo se separó del grupo y un joven miembro de la tribu lo amenazó:

Cuando estaba regalando los cocos, me separé un poco del resto de mi equipo y comencé a acercarme a la costa. Un joven sentinel hizo una mueca, tomó su cuchillo y me indicó que me cortaría la cabeza. Inmediatamente llamé al bote y me retiré rápidamente. El gesto del joven es significativo. Dejó claro que no era bienvenido.

Y desde entonces nadie más ha tenido contacto directo con la tribu. El gobierno indio abandonó cualquier expedición y los extranjeros tienen prohibido acercarse a la isla. Como hemos contado antes, el aislamiento completo de la tribu significa que cualquier contacto con el exterior podría ponerles en un riesgo mortal de enfermedad porque es probable que no tengan inmunidad contra enfermedades comunes como la misma gripe.

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Mientras se decide qu√© hacer con el posible rescate del evangelista, el se√Īor Pandit lo tiene claro. ‚ÄúSomos los agresores aqu√≠, nosotros somos los que estamos tratando de entrar en su territorio. Debemos respetar su deseo de estar solos‚ÄĚ, zanja el antrop√≥logo. [Economic Times, BBC]