La cosmología moderna descansa sobre una idea tan elegante como incómoda de comprobar: si miramos el universo a escalas lo bastante grandes, debería verse más o menos igual en cualquier dirección. No importa hacia dónde apuntemos el telescopio ni desde qué lugar hipotético del cosmos observemos. A gran escala, la materia tendría que distribuirse sin direcciones privilegiadas.
Ese supuesto se conoce como principio cosmológico y es una de las bases del modelo estándar del universo. Pero un nuevo estudio publicado en Nature acaba de ponerlo bajo presión. Según Francesco Sylos Labini y Marco Galoppo, la distribución de galaxias observada por el Dark Energy Spectroscopic Instrument muestra estructuras anisotrópicas persistentes a escalas del orden de un gigaparsec, es decir, miles de millones de años luz. De acuerdo con el artículo, esas señales superan las de controles isotrópicos y simulaciones ΛCDM con una significancia conservadora superior a 3 sigma.
El problema no es que existan filamentos, sino que duren demasiado
A pequeña escala, el universo no es uniforme. Eso lo sabemos desde hace mucho. Hay galaxias, cúmulos, supercúmulos, vacíos enormes y filamentos que forman la llamada red cósmica. La cuestión no es si esa estructura existe, sino cuándo empieza a desdibujarse estadísticamente.
Según explica Phys.org, la idea clásica es que, aunque localmente veamos regiones llenas de galaxias y otras casi vacías, al alejarnos lo suficiente esa textura debería parecer homogénea e isotrópica, como una tela que pierde el detalle de sus fibras cuando la miramos desde lejos.
Lo que hicieron Sylos Labini y Galoppo fue buscar si las galaxias, además de agruparse, conservan direcciones preferentes. Para eso usaron una estadística llamada Angular Distribution of Pairwise Distances, o ADPD, que mide cómo se orientan los pares de galaxias según su separación. En un universo estadísticamente isotrópico, esos pares deberían repartirse de forma más o menos uniforme entre todos los ángulos.
El resultado fue distinto. De acuerdo con Nature, los mapas ADPD muestran crestas verticales que indican un exceso de pares alineados en direcciones concretas, trazando estructuras filamentosas coherentes. Al compararlas con simulaciones ΛCDM diseñadas con la misma geometría y el mismo número de galaxias, los autores encontraron que las simulaciones tendían a una distribución angular casi uniforme, mientras que los datos observados mantenían señales direccionales.
DESI le dio a la cosmología un mapa difícil de ignorar
El hallazgo se apoya en uno de los proyectos más ambiciosos de cartografía cósmica. Según Berkeley Lab, DESI completó en 2026 su mapa tridimensional planificado tras cinco años de observaciones y superó sus propios objetivos: registró más de 47 millones de galaxias y cuásares, además de más de 20 millones de estrellas cercanas usadas para estudiar la Vía Láctea.
El instrumento está instalado en el telescopio Nicholas U. Mayall, en Kitt Peak, Arizona, y utiliza miles de fibras ópticas robóticas para recoger luz de galaxias lejanas. Esa luz se descompone en espectros, lo que permite medir distancias y reconstruir la posición tridimensional de millones de objetos. Según Berkeley Lab, DESI ha producido el mapa 3D de alta resolución más grande del universo hasta ahora y seguirá ampliándolo hasta 2028.
Ese volumen de datos hace que el resultado sea especialmente interesante. No estamos ante una anomalía observada en un puñado de galaxias, sino ante una señal estadística extraída de grandes muestras y comparada con controles aleatorios, catálogos sintéticos y simulaciones cosmológicas.
Los autores intentaron descartar los sospechosos obvios
En cosmología, una señal extraña puede venir del universo o de la forma en que lo observamos. Por eso, una parte clave del estudio consistió en probar si la anisotropía podía estar causada por la geometría del sondeo, por la selección de galaxias o por distorsiones producidas al medir distancias mediante corrimiento al rojo.
Según Nature, los autores compararon los datos con 200 realizaciones de Poisson, 330 catálogos simulados ΛCDM y catálogos aleatorizados que conservaban aspectos de la geometría del sondeo. También evaluaron el impacto de las distorsiones en espacio de redshift y concluyeron que no explicaban la señal observada.
Esto no significa que el caso esté cerrado. La propia cobertura de Phys.org subraya que el estudio no identifica por sí solo el origen físico de la anisotropía y que el universo podría volverse isotrópico a escalas todavía mayores. Pero sí deja un problema claro: la señal observada parece más persistente de lo que predice el marco estándar.
No nos pone en el centro del universo, pero sí complica el mapa
Hay un matiz importante. Este resultado no implica que la Tierra ocupe un lugar especial ni que el principio copernicano quede destruido. El principio copernicano dice que no somos observadores privilegiados. El principio cosmológico, en su versión fuerte, va más allá: sostiene que el universo es homogéneo e isotrópico a gran escala.
Según recoge Phys.org a partir del estudio, la detección de anisotropías a gran escala puede contrastar con la formulación estándar del principio cosmológico y, aun así, seguir siendo compatible con el principio copernicano.
Dicho de otra forma: el universo podría no tenernos en el centro y, al mismo tiempo, no ser tan direccionalmente uniforme como pensábamos. Esa diferencia es sutil, pero enorme para la cosmología.
Lo que está en juego es el modelo estándar
El modelo ΛCDM ha sido extraordinariamente exitoso. Explica la expansión del universo, la radiación cósmica de fondo, la formación de estructuras y la distribución general de galaxias usando ingredientes como materia oscura fría, energía oscura y relatividad general. Pero depende de ciertas simplificaciones estadísticas, entre ellas que el universo se vuelva homogéneo e isotrópico a escalas suficientemente grandes.
El nuevo trabajo no derriba todo ese edificio. Lo que hace es señalar una grieta potencial en uno de sus supuestos. Según Nature, los resultados motivan una reevaluación de cómo se realizan realmente la homogeneidad y la isotropía en el universo observado, además de nuevas pruebas cosmológicas basadas en estadísticas direccionales.
Los propios autores plantean que, si estas anisotropías se confirman, habría que explorar modelos más generales de las ecuaciones de Einstein, escenarios con inhomogeneidades a gran escala o nuevas formas de crecimiento de estructura, incluidas posibilidades relacionadas con materia oscura autointeractuante o efectos de retroalimentación de las propias inhomogeneidades sobre la evolución cósmica.
La próxima palabra la tendrán DESI y Euclid
La cautela es obligatoria. En cosmología, un resultado de más de 3 sigma es interesante, pero no basta para reescribir los manuales. Hace falta comprobarlo con más datos, con otros métodos y con otros mapas del cielo. DESI seguirá extendiendo su cartografía y, según Berkeley Lab, aumentará su cobertura de 14.000 a 17.000 grados cuadrados antes de 2028.
También entra en escena Euclid, la misión espacial de la Agencia Espacial Europea diseñada para estudiar el universo oscuro. Según la ESA, Euclid observará miles de millones de galaxias hasta 10.000 millones de años luz y mapeará la estructura a gran escala del universo para estudiar cómo se expandió y cómo se formaron sus estructuras.
El resultado de Nature no significa que el universo haya dejado de ser comprensible. Quizá la señal desaparezca con catálogos más grandes. Quizá se deba a un sesgo todavía no identificado. O quizá esté mostrando que la red cósmica conserva una memoria direccional mucho más profunda de lo que esperaban los modelos actuales.
Por ahora, lo más fascinante es que el problema no viene de una imagen borrosa ni de una medición marginal. Viene del mapa más ambicioso que tenemos de la distribución de galaxias. Y ese mapa está sugiriendo que, cuando miramos suficientemente lejos, el universo quizá no se vuelve tan uniforme como nos habíamos acostumbrado a pensar.