Las plantas con flores dominan hoy buena parte del mundo vegetal. Están en los bosques, en los cultivos, en los jardines y en casi todo lo que comemos. Pero durante mucho tiempo hubo una idea bastante instalada: las angiospermas habrían sido actores secundarios durante buena parte del Cretácico y solo habrían explotado de verdad después del asteroide que acabó con los dinosaurios no avianos hace 66 millones de años.
Un nuevo hallazgo obliga a matizar esa historia. Según detalla Berkeley News, paleobotánicos de la Universidad de California en Berkeley analizaron un bosque fósil de Nuevo México sepultado por ceniza volcánica hace unos 74,6 millones de años, casi 10 millones de años antes de la extinción del final del Cretácico. Y lo que encontraron no fue una vegetación dominada únicamente por coníferas, helechos o plantas “antiguas”, sino un ecosistema donde las plantas con flores ya estaban prosperando de forma notable.
El estudio, publicado en Science, describe una flora fósil con 77 morfotipos de diásporas, es decir, estructuras formadas por semillas y partes asociadas que ayudan a la dispersión. Según el resumen difundido por AAAS en EurekAlert, el trabajo sugiere que la diversidad de frutos y semillas de las angiospermas ya se había desarrollado antes de la gran crisis biológica del final del Cretácico.
Un bosque sepultado como una cápsula del tiempo

El yacimiento pertenece a la Formación Jose Creek, cerca de Truth or Consequences, en Nuevo México. La capa fosilífera, conocida como Dori’s Tuff, se extiende alrededor de 1,2 kilómetros y se formó cuando una erupción volcánica cercana cubrió el bosque con ceniza. De acuerdo con Berkeley News, esa ceniza cayó en cuestión de días, lo que permitió conservar una imagen excepcionalmente precisa de aquel ecosistema.
Esa es la razón por la que los investigadores lo comparan con una “Pompeya botánica”. A diferencia de otros yacimientos vegetales, donde hojas, troncos y semillas pueden quedar mezclados por ríos, lagos o sedimentos de distintos momentos, aquí muchos restos quedaron atrapados casi en posición. En la base de la capa solidificada todavía aparecen plantas de cobertura del suelo, mientras que más arriba se encuentran hojas, flores y diásporas arrastradas desde las copas por la caída de ceniza.
La escena que emerge es muy distinta de la imagen clásica de unas angiospermas pequeñas, discretas y dispersas bajo la sombra ecológica de los dinosaurios. Según Berkeley News, el bosque incluía árboles de plantas con flores de gran tamaño, parientes de laureles y palmeras, junto con coníferas maduras, entre ellas linajes cercanos a las secuoyas.
Frutos grandes antes del “mundo de los mamíferos”
La parte más importante del estudio está en las diásporas. En muchas plantas actuales, frutos, semillas, alas, pulpas o cubiertas no son simples detalles anatómicos: son estrategias de dispersión. Algunas semillas viajan con el viento. Otras flotan. Otras dependen de animales que comen frutos, transportan semillas o las guardan para después.
Hasta ahora, la gran diversificación de esas estrategias en angiospermas se asociaba sobre todo al Paleógeno, después de la extinción de los dinosaurios, cuando se expandieron muchos grupos modernos de mamíferos y aves frugívoras. Pero el bosque de Jose Creek muestra que esa complejidad ya estaba presente antes. Según Berkeley News, el tamaño promedio de las diásporas en este yacimiento era comparable al de un arándano grande, muy por encima de otros registros cretácicos donde solían ser similares a semillas de amapola.
AAAS también destaca que algunas de esas diásporas probablemente eran dispersadas por vertebrados, aunque el estudio plantea que su aparición pudo estar relacionada con la formación de bosques cálidos, húmedos y sombríos, no necesariamente con la diversificación posterior de mamíferos modernos.
El detalle cambia mucho la interpretación. No estaríamos ante plantas esperando pasivamente a que desaparecieran los dinosaurios para ocupar el planeta, sino ante angiospermas que ya estaban probando frutos más grandes, formas más variadas y relaciones ecológicas complejas con los animales del Cretácico.
Dinosaurios, mamíferos antiguos y semillas

La pregunta inevitable es quién dispersaba esos frutos. No hay una respuesta cerrada, pero el escenario es fascinante. Science News recoge que algunas similitudes entre las diásporas fósiles y las actuales sugieren la intervención de animales cretácicos, quizá pterosaurios, mamíferos extinguidos parecidos a roedores o ciertos dinosaurios. También recuerda que ya existían evidencias de vertebrados consumiendo diásporas de otros grupos vegetales, como coníferas.
Berkeley News menciona, además, una reconstrucción artística del sotobosque con posibles dispersores como multituberculados (un grupo extinto de mamíferos) y dinosaurios marginocefalianos. No es una fotografía del pasado, claro, sino una hipótesis basada en la fauna conocida de la región y en las características de los fósiles vegetales.
Cindy Looy, profesora de Berkeley y coautora del estudio, plantea un punto sencillo: si otros grupos de plantas, como ginkgos o cícadas, ya producían semillas carnosas consumidas por animales desde hacía mucho tiempo, no sería extraño que esos animales también empezaran a aprovechar frutos grandes de angiospermas cuando estuvieron disponibles.
La revolución de las flores empezó antes
El hallazgo no significa que el asteroide no haya sido importante para la historia vegetal. La extinción del final del Cretácico reorganizó ecosistemas completos y abrió nuevas oportunidades evolutivas. Pero este bosque fósil muestra que una parte de la revolución de las angiospermas ya estaba en marcha antes del impacto.
Según Berkeley News, Jaemin Lee, autor principal del estudio, sostiene que el yacimiento representa el bosque dominado por angiospermas más antiguo conocido con diásporas mucho más grandes, además de una de las floras de hojas cretácicas más diversas descritas hasta ahora.
Esa es la verdadera sacudida del trabajo. Las plantas con flores no aparecen aquí como una promesa futura, sino como protagonistas de un ecosistema maduro, denso y lleno de interacciones. La ceniza volcánica no solo conservó semillas y frutos. Conservó una escena evolutiva que estaba ocurriendo mientras los dinosaurios todavía caminaban por Norteamérica.
La imagen final es poderosa: mucho antes de que los mamíferos modernos y las aves actuales redefinieran los bosques del planeta, ya había angiospermas invirtiendo energía en frutos más grandes, semillas más complejas y posibles alianzas con animales que hoy ya no existen. La historia de las plantas con flores no empezó después del desastre. En lugares como Jose Creek, ya estaba floreciendo antes de que el mundo cambiara para siempre.