Cuando miramos al cielo, vemos galaxias, cúmulos, filamentos y una vastedad salpicada de luz. Pero a gran escala, lo que falta puede ser tan importante como lo que brilla. El universo no está distribuido como una pared lisa, sino como una red: zonas densas donde se acumula materia y enormes regiones más vacías entre ellas.
Según NASA, la estructura a gran escala del universo forma una especie de red cósmica de filamentos, láminas y nudos de materia, construida a partir de pequeñas diferencias de densidad que crecieron con la gravedad desde el universo temprano. En ese mapa inmenso, los vacíos cósmicos no son rarezas menores: son parte esencial de la arquitectura del cosmos.
La pregunta incómoda es si nosotros estamos dentro de uno de esos huecos. Una investigación liderada por Indranil Banik, de la Universidad de Portsmouth, sugiere que la Tierra, el Sistema Solar y toda la Vía Láctea podrían encontrarse cerca del centro de un gran vacío local. De acuerdo con la universidad, ese vacío tendría aproximadamente mil millones de años luz de radio y una densidad cerca de un 20% inferior al promedio del universo.
Una red de materia… y vacíos

El universo a gran escala no es uniforme en el sentido cotidiano de la palabra. Hay galaxias agrupadas en cúmulos, cúmulos conectados por filamentos y regiones enormes con mucha menos materia. Esa estructura reticular surgió de fluctuaciones primordiales tras el Big Bang y fue creciendo durante miles de millones de años.
La hipótesis del vacío local no aparece de la nada. Según el artículo publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, la idea de una subdensidad local ya había sido planteada por conteos de galaxias, especialmente en el infrarrojo cercano. En ese marco aparece el llamado vacío KBC, una región que sería alrededor de un 20% menos densa hasta unos 300 megapársecs, es decir, casi mil millones de años luz.
Si vivimos cerca del centro de una región así, la gravedad de las zonas más densas que la rodean tiraría de la materia hacia afuera. Según explicó Banik en el comunicado de Portsmouth, ese flujo haría que los objetos cercanos parecieran alejarse de nosotros más rápido de lo que lo harían en un universo perfectamente homogéneo.
El matiz es importante: no se trata de una “nada” absoluta ni de un agujero en el espacio. Un vacío cósmico sigue teniendo galaxias, gas, materia oscura y estructura. Lo que cambia es la densidad promedio. Y, en cosmología, una diferencia de densidad suficientemente grande puede alterar la forma en que interpretamos las velocidades y distancias.
La tensión de Hubble y la ilusión de velocidad
El problema que está detrás de todo esto es la tensión de Hubble, una de las grietas más famosas de la cosmología moderna. La constante de Hubble mide la tasa de expansión del universo, pero distintas formas de calcularla no dan el mismo resultado.
Por un lado, los datos del universo temprano, especialmente los del fondo cósmico de microondas medidos por Planck y analizados bajo el modelo cosmológico estándar, apuntan a un valor cercano a 67,4 km/s/Mpc. Por otro, las mediciones del universo cercano con estrellas Cefeidas y supernovas tipo Ia dan valores más altos, alrededor de 73-74 km/s/Mpc. La ESA resume precisamente esa diferencia como una tensión que aún necesita explicación.
La hipótesis del vacío local ofrece una salida elegante porque no empieza cambiando toda la física del universo. Propone algo más cercano: quizá el problema no sea la expansión global, sino nuestra posición dentro de una región peculiar. Si estamos en una zona menos densa, las galaxias cercanas podrían presentar velocidades adicionales inducidas por el flujo de materia hacia regiones más densas. Eso daría la apariencia de una expansión local más rápida.
Según la Universidad de Portsmouth, Banik plantea que la tensión de Hubble es en gran medida un fenómeno local, con menos evidencia de discrepancia en etapas más tempranas del universo. Por eso, una explicación local como un gran vacío sería una vía prometedora para atacar el problema.
Pero no es una solución aceptada por todos. El mismo comunicado señala que un vacío tan grande y profundo es controvertido porque no encaja fácilmente con el modelo cosmológico estándar, que espera una distribución más uniforme de la materia a escalas tan enormes.
Las huellas del Big Bang y la pista clave

La pista más reciente viene de las oscilaciones acústicas bariónicas, o BAO. Son huellas dejadas por ondas de presión en el universo temprano, antes de que la materia y la radiación se desacoplaran. A veces se las describe como el “sonido del Big Bang”, no porque podamos escucharlas literalmente hoy, sino porque fueron ondas primordiales congeladas en la distribución de galaxias.
Estas BAO funcionan como una regla cósmica. Si sabemos cuál era su escala característica, podemos comparar cómo se ve esa escala a distintas distancias y reconstruir la historia de expansión del universo.
Según Portsmouth, el nuevo análisis presentado en el National Astronomy Meeting 2025 sostiene que las BAO apoyan la idea de un vacío local. La razón es que un vacío distorsionaría ligeramente la relación entre la escala angular de las BAO y el corrimiento al rojo, porque los movimientos inducidos por la subdensidad y su efecto gravitatorio se sumarían a la expansión cósmica.
El artículo publicado en MNRAS compara modelos con vacío frente a un modelo homogéneo basado en Planck. Sus autores encontraron que, al usar distancias BAO isotrópicas de las últimas dos décadas, los modelos con vacío reducen la tensión estadística respecto a los datos: el modelo sin vacío pasa de una tensión de alrededor de 3,3 sigma a valores entre 1,1 y 1,4 sigma en los modelos con vacío.
Ese resultado no prueba por sí solo que vivimos dentro de una burbuja cósmica. Sí hace algo igualmente interesante: convierte una hipótesis arriesgada en una explicación que empieza a competir con datos concretos. De acuerdo con el propio estudio, las desviaciones respecto al modelo homogéneo aparecen con más fuerza a bajo corrimiento al rojo, justo donde una solución local debería dejar señales más visibles.
Un universo más extraño de lo pensado
La idea de que estamos dentro de un vacío cósmico tiene una virtud narrativa enorme: cambia nuestra posición en el universo sin colocarnos en el centro por privilegio, sino por rareza estadística. No seríamos especiales en sentido antiguo, pero sí podríamos estar mirando el cosmos desde una región poco representativa.
Aun así, todavía falta mucho para convertir esta hipótesis en una nueva pieza del modelo cosmológico. Otro estudio reciente en MNRAS, centrado en contrastar modelos del vacío KBC con datos de distancias directas de CosmicFlows-4, encontró tensiones importantes: dependiendo del perfil adoptado, los campos de velocidad preferían un vacío mucho más pequeño, de menos de 70 megapársecs, y algunos modelos chocaban con estimaciones recientes del flujo de galaxias.
Eso deja el escenario abierto. Las BAO parecen dar oxígeno a la hipótesis del vacío local, pero otras pruebas todavía pueden estrecharla, modificarla o descartarla. La propia Universidad de Portsmouth señala que el siguiente paso será comparar estos modelos con otros métodos para reconstruir la expansión cósmica, como los cronómetros cósmicos, que usan galaxias antiguas para estimar cuánto se expandió el universo mientras su luz viajaba hacia nosotros.
La posibilidad es fascinante porque desplaza la pregunta. Tal vez la tensión de Hubble no sea solo una señal de nueva física, ni solo un error de medición escondido, sino también un problema de perspectiva. Desde dentro de un vacío, el universo cercano podría parecer más acelerado de lo que realmente es a escala global.
Quizá el cosmos no nos esté dando dos respuestas distintas. Quizá estamos haciendo una de las preguntas desde un lugar extraño: una burbuja menos densa, rodeada de materia que tira hacia afuera, donde las galaxias cercanas parecen huir un poco más rápido. En un universo tejido por filamentos y huecos, hasta el vacío puede tener algo que decir.