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Ciencia

El universo está lleno de ecos que no podemos ver. Descubren tres nuevos “círculos de radio extraños” y abren una ventana al pasado cósmico

Detectados solo con radiotelescopios, estos anillos gigantes de energía podrían ser los restos de explosiones antiguas provocadas por agujeros negros supermasivos. Su hallazgo desafía las teorías sobre cómo se formaron las galaxias y ofrece nuevas pistas sobre los primeros momentos del universo.
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En los mapas más profundos del cielo, entre galaxias lejanas y nubes de gas, aparecieron unos anillos de energía que nadie esperaba. No brillan, no emiten luz visible ni rayos X, y sin embargo se expanden silenciosamente a través del espacio, como ecos fantasmales de una explosión cósmica olvidada.

Son los llamados “círculos de radio extraños” (ORC, por sus siglas en inglés): estructuras gigantes detectadas solo por radiotelescopios, invisibles a cualquier otro tipo de observación.

El hallazgo, publicado el 2 de octubre en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, acaba de sumar tres nuevos ejemplares, descubiertos por científicos ciudadanos que trabajan en el RAD@home Astronomy Collaboratory, una plataforma colaborativa de la India. Sus dimensiones son tan descomunales —hasta un millón de años luz de diámetro— que desafían cualquier comparación terrestre.

Una ventana al pasado del universo

Tres nuevos “círculos de radio extraños”. El hallazgo que podría cambiar lo que sabemos sobre los agujeros negros y el universo temprano
© Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Uno de los nuevos ORC es en realidad una doble estructura entrelazada, una especie de eco cósmico que se extiende 978.000 años luz a través del espacio, incrustado en una neblina de radiación difusa. Es el más distante y más potente jamás registrado, una reliquia que podría haberse formado tras una explosión galáctica en los albores del cosmos.

Los otros dos ORC están asociados a radiogalaxias gigantes, donde los agujeros negros supermasivos arrojan poderosos chorros de partículas. Cuando la materia cae en espiral hacia estos colosos, se acelera y gira alrededor de los campos magnéticos, generando radiación de sincrotrón: una señal que viaja durante millones de años y solo puede captarse en las frecuencias de radio.

Los investigadores sospechan que estos anillos son huellas fósiles de un evento catastrófico, como una fusión de galaxias, una supernova descomunal o la eyección de energía por un agujero negro en erupción.

Lo que los anillos esconden

Tres nuevos “círculos de radio extraños”. El hallazgo que podría cambiar lo que sabemos sobre los agujeros negros y el universo temprano
© RAD@home Astronomy Collaboratory (India).

El radiotelescopio LOFAR, uno de los más sensibles del planeta, confirmó la existencia de las nuevas estructuras y reveló que los ORC no son objetos aislados, sino parte de un fenómeno mucho más amplio.

Podrían ser las cicatrices electromagnéticas del universo, residuos de antiguas colisiones y estallidos que moldearon el entorno galáctico en los primeros mil millones de años tras el Big Bang.

Estos descubrimientos también ayudan a entender cómo los vientos galácticos y los chorros de agujeros negros redistribuyen la materia, el gas y la radiación en escalas cósmicas. Cada anillo podría ser una especie de registro fósil de la violencia con la que el universo joven aprendió a organizarse.

Ciencia ciudadana para un universo sin fronteras

Tres nuevos “círculos de radio extraños”. El hallazgo que podría cambiar lo que sabemos sobre los agujeros negros y el universo temprano
© Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

A diferencia de los grandes proyectos espaciales, este avance nació de la colaboración entre científicos profesionales y observadores aficionados. Miles de voluntarios analizaron imágenes astronómicas desde sus hogares, detectando patrones que las inteligencias artificiales aún no saben reconocer.

“Es probable que existan miles de ORC más dispersos por el universo”, señalan los investigadores. “Solo necesitamos entrenar nuestros ojos —y nuestros algoritmos— para verlos.”

Su descubrimiento demuestra que el cosmos aún guarda secretos al alcance de cualquiera que sepa mirar con curiosidad y paciencia. Y que, pese a los avances tecnológicos, los mayores hallazgos pueden empezar con algo tan humano como una sospecha: ahí hay algo que no encaja.

Un universo lleno de huellas invisibles

Cada nuevo ORC detectado amplía nuestro entendimiento sobre cómo las galaxias nacen, envejecen y liberan energía. Pero también nos recuerda lo poco que realmente sabemos del espacio profundo: un lugar donde los eventos más violentos dejan señales tan sutiles que tardamos milenios en oírlas.

Los astrónomos lo comparan con escuchar el eco de una tormenta ocurrida antes de que existiera la Tierra. Y quizás sea eso lo que más asombra de estos círculos de radio: que siguen expandiéndose, silenciosos, recordándonos que el universo aún resuena con su propia historia.

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