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Ciencia

El universo podría llevar 28 años acusando a un culpable que nadie ha visto. Un nuevo análisis apunta a que la energía oscura nació de una trampa en nuestras mediciones

La edad de las estrellas que explotan y el movimiento de nuestra región del cosmos podrían estar deformando una de las observaciones más importantes de la astronomía moderna. La propuesta es explosiva, aunque todavía está lejos de borrar la energía oscura del mapa.
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La cosmología moderna se sostiene sobre una idea difícil de digerir: casi siete de cada diez partes del contenido energético del universo corresponderían a algo que no emite luz y cuya naturaleza seguimos sin comprender. Lo llamamos energía oscura porque parece empujar al espacio a expandirse cada vez más deprisa.

Ahora, varios análisis están atacando justo el lugar donde comenzó esa historia. No proponen una nueva partícula ni una fuerza desconocida. Plantean algo bastante más incómodo: que quizá interpretamos mal las explosiones estelares que nos convencieron de que el universo acelera.

La gran prueba dependía de unas explosiones que parecían comportarse siempre igual

El universo podría llevar 28 años acusando a un culpable que nadie ha visto. Un nuevo análisis apunta a que la energía oscura nació de una trampa en nuestras mediciones
© NASA.

A finales de los años noventa, dos equipos observaron supernovas de tipo Ia situadas a enormes distancias. Estas explosiones, vinculadas a enanas blancas, pueden utilizarse como «candelas estandarizables»: después de corregir ciertas propiedades de su luz, los astrónomos estiman cuánto deberían brillar y comparan ese valor con lo que finalmente llega a la Tierra.

Las supernovas lejanas aparecían más tenues de lo previsto. La interpretación fue que estaban más lejos de lo que correspondería a un universo que se expande a velocidad constante. La expansión, por tanto, debía estar acelerándose. El descubrimiento terminó recibiendo el Nobel de Física de 2011 y convirtió a la energía oscura en una pieza central del modelo ΛCDM.

Ese modelo describe un cosmos compuesto aproximadamente en un 68% por energía oscura y un 27% por materia oscura. Pero hay un detalle fundamental: la energía oscura no se observa como una estrella, un planeta o una nube de gas. Su presencia se deduce por sus supuestos efectos y por la forma en que diferentes mediciones cosmológicas encajan entre sí.

Dos pequeños sesgos podrían haber fabricado una aceleración gigantesca

El universo podría llevar 28 años acusando a un culpable que nadie ha visto. Un nuevo análisis apunta a que la energía oscura nació de una trampa en nuestras mediciones
© NASA / CXC / UMass / Q.D. Wang; Radio: NRF / SARAO / MeerKAT.

El equipo del físico Subir Sarkar lleva años examinando si las supernovas cuentan la misma historia al mirar hacia cualquier punto del cielo. En un estudio publicado en 2025, sus investigadores analizaron Pantheon+, un catálogo con 1.701 observaciones de supernovas de tipo Ia, y encontraron una variación direccional en la expansión local. Su interpretación es que parte de la aceleración podría reflejar el movimiento colectivo de galaxias cercanas y nuestra posición dentro de ese flujo.

La segunda sospecha afecta al brillo de las propias explosiones. Investigadores de la Universidad Yonsei sostienen que la edad de la población estelar de la que procede una supernova influye en su luminosidad incluso después de aplicar las correcciones habituales. Si las explosiones del universo joven no son exactamente iguales a las cercanas, una parte de su aparente lejanía podría no deberse a la expansión.

Sarkar y sus colaboradores aplicaron en junio de 2026 una corrección basada en esa posible evolución del brillo al catálogo Pantheon+. El resultado de la prepublicación es radical: el parámetro que describe la aceleración cambia de signo y apunta a un universo que actualmente se desacelera. Bajo esa lectura concreta, la energía oscura dejaría de ser necesaria para explicar los datos de las supernovas.

La propuesta combina así dos efectos. Nuestro vecindario cósmico no sería perfectamente representativo del universo y las supuestas bombillas estándar podrían cambiar sutilmente con la edad. Una desviación minúscula en cada extremo terminaría alterando la distancia calculada a objetos situados a miles de millones de años luz.

La energía oscura no ha desaparecido: acaba de entrar en un juicio mucho más incómodo

El universo podría llevar 28 años acusando a un culpable que nadie ha visto. Un nuevo análisis apunta a que la energía oscura nació de una trampa en nuestras mediciones
© YouTube / Fiske Planetarium.

La conclusión está lejos de ser aceptada. Otro equipo internacional sostiene que el efecto de la edad es mucho menor y que las correcciones modernas por la masa y el entorno de la galaxia anfitriona ya absorben buena parte de esa diferencia. Según su análisis, las supernovas continúan indicando una expansión acelerada.

Los investigadores surcoreanos respondieron que esas correcciones podrían estar ocultando precisamente la señal que se intenta medir. El debate se complicó todavía más en julio de 2026, cuando otra prepublicación encontró indicios de desaceleración en Pantheon+, pero no la asimetría direccional esperada por el equipo de Sarkar. En otras palabras, algunos trabajos desafían al modelo estándar mientras se contradicen entre sí sobre la causa.

Además, la energía oscura no depende únicamente de las supernovas. El fondo cósmico de microondas, las oscilaciones acústicas de bariones y la distribución de las grandes estructuras aportan restricciones independientes. DESI tampoco la ha eliminado: sus resultados más recientes sugieren que podría evolucionar con el tiempo, algo muy diferente de la constante inmutable incluida en el ΛCDM clásico.

Por ahora, nadie ha demostrado que la energía oscura sea una ilusión. Lo que sí empieza a resquebrajarse es la seguridad de que entendemos perfectamente cómo medirla. Si las supernovas envejecen peor como reglas cósmicas de lo que pensábamos, quizá no desaparezca la mayor parte del universo, pero sí tendremos que cambiar por completo la historia que contamos sobre ella.

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