Los agujeros negros son algunos de los objetos más misteriosos del universo. Su gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar una vez que atraviesa el horizonte de sucesos. Sin embargo, el material que los rodea puede emitir enormes cantidades de energía.
Ahora, un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) descubrió un comportamiento inesperado: mientras un agujero negro perdía brillo, las regiones externas de su disco comenzaron a calentarse.
La investigación, publicada el 22 de octubre de 2026 en la revista Nature Astronomy, reveló que este fenómeno está relacionado con una especie de sombra producida por el propio disco de materia. El descubrimiento podría cambiar la manera en que los científicos interpretan las observaciones de estos objetos extremos.
El agujero negro que sorprendió a los astrónomos
El protagonista de la investigación es MAXI J0637−430, un sistema binario formado por un agujero negro y una estrella compañera.
La gravedad del agujero negro atrae materia de esa estrella, que se acumula alrededor de él formando una estructura conocida como disco de acreción. A medida que el material se acerca al centro, alcanza temperaturas extraordinariamente elevadas y emite radiación, especialmente en forma de rayos X.
Estos sistemas pueden experimentar erupciones durante las cuales su luminosidad aumenta enormemente.
Sin embargo, cuando los investigadores observaron cómo MAXI J0637−430 comenzaba a apagarse después de una erupción, encontraron algo que no encajaba con lo esperado.
11/2、MAXIは13個目のブラックホールを発見し「MAXI J0637-430」と命名しました👏
このX線新星は銀河系の外側の全然恒星が無い領域にあり、大恒星のなれの果てのはずのブラックホールが、どこで誕生してどのようにしてたどり着いたのか、甚だ不明であるw
二万光年の孤独なんて、私、耐えられないわ pic.twitter.com/FG5qzQ8XeH
— JAXAきぼう利用ネットワーク (@JAXA_Kiboriyo) November 8, 2019
La extraña sombra que proyecta un agujero negro
Durante el momento de mayor luminosidad, las regiones internas del disco aumentaron su grosor vertical. Esta estructura actuó como una barrera, bloqueando parte de la radiación procedente de las zonas más cercanas al agujero negro.
Como consecuencia, las regiones exteriores permanecieron relativamente frías, protegidas por esa sombra.
Pero cuando la erupción comenzó a debilitarse, ocurrió lo contrario.
La parte interna del disco se volvió más delgada y dejó de bloquear la radiación. Aunque el sistema producía menos energía, las regiones exteriores quedaron más expuestas a los rayos X y comenzaron a calentarse.
El fenómeno es comparable a retirar una pantalla que cubre una lámpara: aunque la fuente emita menos luz, una superficie previamente protegida puede recibir más iluminación.
Cómo descubrieron que el disco estaba cambiando de forma
Los astrónomos utilizaron el instrumento X-shooter del Very Large Telescope (VLT), situado en Chile, para estudiar la luz visible e infrarroja del sistema.
Durante el máximo de la erupción detectaron intensas líneas espectrales de hidrógeno y helio, compatibles con un disco exterior relativamente frío.
Dos semanas después, cuando la emisión de rayos X había disminuido aproximadamente a la mitad, esas señales prácticamente desaparecieron. Los nuevos espectros indicaban que las regiones exteriores estaban recibiendo una irradiación mucho mayor.
Para comprender el fenómeno, los investigadores combinaron esas observaciones con datos de los telescopios espaciales NICER, Swift y NuSTAR.
Los resultados respaldaron la hipótesis de que la geometría interna del disco había cambiado.
Por qué este descubrimiento podría cambiar lo que sabemos de los agujeros negros
Los modelos tradicionales predicen que los discos de acreción aumentan considerablemente su grosor cuando se aproximan a niveles extremos de luminosidad.
Sin embargo, el equipo encontró indicios de que este fenómeno puede aparecer cuando el sistema alcanza apenas entre el 10% y el 20% del llamado límite de Eddington. Este límite representa una referencia fundamental para estudiar el equilibrio entre la gravedad y la presión de la radiación.
El descubrimiento es importante porque muchas mediciones de agujeros negros dependen de modelos que suponen discos relativamente delgados. Si estas estructuras cambian de forma antes de lo previsto, podrían verse afectadas las estimaciones de propiedades como su velocidad de rotación.
El hallazgo demuestra que, para comprender cómo un agujero negro devora materia, no alcanza con medir cuánta energía emite: también es necesario conocer cómo cambia la forma del material que lo rodea.