Aunque gran parte de la atención sobre el mercurio se ha centrado en el aire o los océanos, un nuevo estudio global ha encendido las alarmas sobre otra ruta crítica: los ríos. Investigadores han revelado que los niveles de mercurio fluvial han aumentado drásticamente en los últimos dos siglos, y su impacto silencioso está dejando una huella duradera en los ecosistemas y la salud pública.
Un flujo tóxico que arrastra siglos de contaminación

Según un trabajo liderado por la Universidad de Tulane y publicado en Science Advances, los ríos transportan actualmente más de 1.000 toneladas métricas de mercurio al año hacia los océanos, frente a las 390 toneladas estimadas en la era preindustrial. El aumento del 150 % se atribuye directamente a la actividad humana: descargas industriales, erosión del suelo, aguas residuales y minería.
Utilizando un modelo informático llamado MOSART-Hg, los científicos reconstruyeron cómo ha cambiado el flujo de mercurio desde 1850 hasta hoy. Validaron sus proyecciones con sedimentos costeros de distintas regiones del mundo, y la coincidencia fue concluyente. Este modelo no solo traza el pasado, sino que permite evaluar la efectividad de políticas actuales como el Convenio de Minamata, que busca limitar la contaminación por mercurio a escala global.
Los efectos del mercurio son devastadores: una vez en el ambiente, se convierte en metilmercurio, una forma altamente tóxica que se acumula en peces y mariscos. Su consumo puede causar daños neurológicos, problemas cardiovasculares y efectos severos en el desarrollo fetal e infantil.
Zonas críticas y señales de advertencia global

El estudio señala a América del Norte y del Sur como las regiones más responsables del aumento total (41 %), seguidas por el sudeste asiático (22 %) y el sur de Asia (19 %). El caso del Amazonas es especialmente grave: supera las 200 toneladas métricas anuales, con un 75% atribuido a la minería artesanal y la deforestación. En China, en cambio, el incremento está vinculado a emisiones industriales, especialmente en el río Yangtsé.
No todas las regiones siguen esta tendencia. El Mediterráneo, por ejemplo, muestra niveles inferiores a los preindustriales, probablemente gracias a la construcción de represas como la de Asuán, que bloquean sedimentos contaminados.
Este estudio concluye que los ríos pueden servir como indicadores sensibles de cambio ambiental a corto plazo. Su monitoreo continuo podría ofrecer una herramienta decisiva para evaluar el impacto real de las medidas contra la contaminación por mercurio y proteger, antes de que sea tarde, los delicados equilibrios que sostienen la vida en el planeta.