Cuando pensamos en el Sahara, imaginamos dunas interminables, calor extremo y escasez de agua. Pero lo que se esconde bajo sus arenas podría reescribir nuestra comprensión del clima y la historia del continente africano. Un nuevo estudio publicado en Nature ha detectado señales de un antiguo río subterráneo congelado en el tiempo, un vestigio de la era en la que este desierto fue un paraíso verde.
Un río oculto bajo el desierto más grande

El Sahara, que se extiende por más de 9 millones de kilómetros cuadrados en el norte de África, es el desierto cálido más extenso del planeta. Hoy, alberga solo algunos oasis dispersos y carece de ríos permanentes, pero no siempre fue así. Según el estudio, bajo su superficie existe un enorme sistema de canales fluviales enterrados, entre ellos el cañón de Cap Timiris, un antiguo cauce de más de 400 kilómetros de largo ubicado frente a las costas de Mauritania.
Utilizando tecnología de radar orbital, los científicos detectaron estructuras geomorfológicas fósiles que no dejan lugar a dudas: en esta zona, hace miles de años, fluían potentes ríos que alimentaban un ecosistema totalmente diferente al actual.
Cuando el Sahara fue una región fértil

El objetivo principal de la investigación es reconstruir el paleodrenaje del Sahara: es decir, estudiar cómo se distribuía el agua en épocas anteriores. Este tipo de análisis permite rastrear la evolución climática de una región y entender cómo y cuándo se transformó en un desierto.
Los datos revelan que, durante varios periodos húmedos, el Sahara estuvo cubierto de vegetación, lagos y cursos de agua activa. Las redes fluviales encontradas son similares a las de regiones hoy consideradas templadas. Este hallazgo no solo es fascinante desde una perspectiva geológica, sino que también puede tener aplicaciones prácticas: el estudio de antiguos drenajes podría llevar al descubrimiento de nuevas reservas subterráneas de agua o minerales.