El 5 de septiembre, el satélite Terra de la NASA pasó sobre África occidental y encontró buena parte del paisaje de Mali prácticamente borrado bajo una enorme mancha marrón. No eran nubes. El instrumento MODIS estaba observando una gigantesca masa de polvo levantada desde una de las regiones más secas del planeta.
La imagen habría resultado mucho menos llamativa unos meses antes. Cada año, cantidades descomunales de polvo abandonan el norte de África y algunas consiguen atravesar miles de kilómetros sobre el océano. Lo extraño era el calendario: el verano estaba llegando a su fin y, con él, suele disminuir gran parte de la actividad de polvo de África occidental. Esta tormenta todavía tenía suficiente energía como para cubrir Mali y parte de los países vecinos. Y tampoco se quedó allí. Las imágenes de los días posteriores mostraron los aerosoles moviéndose hacia el oeste hasta derramarse sobre el Atlántico.
La gigantesca nube probablemente empezó con una tormenta que empujó aire hacia el suelo

Tianle Yuan, científico atmosférico del Goddard Space Flight Center de la NASA, señala que episodios como este suelen estar asociados a los llamados haboobs. El mecanismo es espectacular. Una tormenta convectiva genera potentes corrientes descendentes; cuando esa masa de aire golpea la superficie, se extiende horizontalmente como una enorme ráfaga y levanta sedimentos secos. El resultado puede ser una pared de polvo que después continúa expandiéndose y viajando impulsada por los vientos.
Desde el espacio, todo ese proceso acaba pareciendo una sola mancha. MODIS (el espectrorradiómetro instalado en Terra) captó precisamente cómo el polvo ocultaba el terreno el 5 de septiembre. La NASA publicó la escena como su imagen del día del 10 de septiembre.
No es difícil encontrar material para producir semejantes episodios. El Sáhara y las regiones áridas circundantes constituyen la mayor fuente de polvo atmosférico del planeta: NASA ha estimado que los vientos levantan unos 800 millones de toneladas métricas de polvo del norte de África cada año.
El polvo llegó al Atlántico, pero esta vez probablemente no cruzará todo el océano

Que una nube africana alcance el mar no significa necesariamente que vaya a detenerse allí. Entre finales de primavera y el verano aparece con frecuencia la denominada Saharan Air Layer, una enorme masa de aire caliente, extremadamente seca y cargada de partículas que puede desplazarse hacia el oeste a bastante altura. Esa estructura permite que algunas nubes sobrevivan al viaje y crucen todo el Atlántico hasta el Caribe e incluso América.
En 2020, por ejemplo, una de estas irrupciones llegó a extenderse unos 2.500 kilómetros sobre el Atlántico mientras avanzaba hacia el Caribe y Estados Unidos. Otras observaciones han seguido plumas de manera prácticamente continua desde África hasta Sudamérica.
La nube observada ahora sobre Mali parece tener menos recorrido. NASA considera improbable que complete una travesía transatlántica, precisamente porque septiembre queda fuera del momento más favorable de la temporada para esos grandes viajes.
El Niño podría cambiar las reglas, aunque ni siquiera sabemos todavía en qué dirección
Hay además una nueva variable entrando en escena: El Niño.
Yuan explica que el fenómeno puede desplazar la Zona de Convergencia Intertropical y alterar la convección sobre el Sahel y Mali. Pero sus efectos podrían funcionar en sentidos opuestos: unas condiciones más secas dejan mayor cantidad de sedimentos sueltos disponibles para levantar, mientras que una reducción de la convección significaría menos tormentas potentes capaces de generar haboobs. Por eso ni siquiera una nube tan gigantesca permite sacar conclusiones simples sobre lo que ocurrirá en los próximos meses.
Lo que sí dejó Terra fue una fotografía extraordinaria de la maquinaria atmosférica en acción: una tormenta levantó parte del suelo de África occidental, lo convirtió en una masa visible desde cientos de kilómetros sobre la Tierra y, pocos días después, ese pedazo de continente ya estaba flotando sobre el Atlántico.