En Quintana Roo, la batalla contra el sargazo suele empezar cuando las enormes manchas marrones ya están frente a la costa. Barcos sargaceros, kilómetros de barreras, maquinaria y cuadrillas intentan impedir que la macroalga termine acumulándose y descomponiéndose sobre las playas.
Pero para el ingeniero Guillermo Alvarado, especialista en química petrolífera y biotecnología verde, esa estrategia está atacando principalmente el final del problema.
Su propuesta es mirar también hacia tierra.
Alvarado sostiene que las aguas residuales insuficientemente tratadas aportan nitrógeno, fósforo y otros nutrientes a las aguas costeras de Quintana Roo. Ese cóctel puede favorecer el crecimiento de algas y contribuir a unos ecosistemas cada vez más enriquecidos en nutrientes. Según explicó a Noticaribe, Quintana Roo estaría tratando alrededor del 65% de sus aguas residuales, pero hacerlo no significa necesariamente eliminar suficientemente esos compuestos antes de que alcancen el mar.
La idea no implica que las aguas residuales mexicanas sean responsables por sí solas de la gigantesca masa de sargazo que cruza el Atlántico. La historia es bastante más complicada. Pero sí existen estudios que muestran que la costa del Caribe mexicano está recibiendo cantidades importantes de nutrientes de origen humano.
El suelo de Quintana Roo convierte lo que ocurre tierra adentro en un problema marino

Hay una particularidad geológica que complica todo: la península de Yucatán está formada en gran medida por roca caliza extremadamente permeable.
El agua puede infiltrarse con facilidad, desplazarse por acuíferos y finalmente desembocar en el mar mediante descargas submarinas. Con ella pueden viajar nutrientes procedentes de aguas residuales, fosas sépticas y urbanización.
Ese fenómeno lleva años apareciendo en los datos. Un estudio sobre Akumal, Mahahual y otros puntos del Caribe mexicano detectó señales de nitrógeno de origen antropogénico en zonas costeras. En octubre de 2018, las descargas de agua subterránea estudiadas llegaron a aportar aproximadamente 70 veces más nitrógeno y 194 veces más fósforo que la descomposición local del propio sargazo.
Otra investigación encontró en Puerto Juárez (cerca de Cancún) las mayores concentraciones de determinados indicadores de enriquecimiento y una firma isotópica compatible con contaminación procedente de aguas residuales. La zona sin desarrollo urbano utilizada como comparación mostraba valores mucho menores.
No es un problema descubierto este año. Trabajos anteriores ya habían relacionado el crecimiento turístico de Quintana Roo con mayores aportes de nitrógeno procedentes de aguas residuales hacia los ecosistemas costeros.
El sargazo necesita nutrientes, pero todavía no sabemos exactamente de dónde llegan todos

Aquí aparece el matiz importante. Desde 2011 existe en el Atlántico tropical el llamado Great Atlantic Sargassum Belt, una enorme franja de sargazo que puede extenderse desde África occidental hasta el Caribe. Los investigadores saben que estas algas están recibiendo cantidades de nitrógeno y fósforo superiores a las observadas históricamente en el mar de los Sargazos. Lo que todavía no está completamente resuelto es qué fuentes alimentan ese crecimiento a escala oceánica.
Entre las hipótesis aparecen las descargas de los ríos Amazonas y Congo, afloramientos oceánicos, mezcla vertical de aguas, deposición atmosférica y otros procesos. Un estudio publicado en Nature Communications concluyó precisamente que el enriquecimiento nutricional es fundamental para explicar el fenómeno, pero que determinar el origen exacto de esos nutrientes sigue siendo una de las grandes preguntas.
Por eso sería excesivo decir que las aguas residuales de Quintana Roo están creando por sí mismas las mareas de sargazo. Lo que sí sabemos es que llegan a una costa que ya presenta signos de enriquecimiento, y que allí pueden empeorar un círculo bastante incómodo: entra sargazo, se descompone, libera todavía más materia orgánica y nutrientes y deteriora la calidad del agua.
México está intentando detenerlo antes de que toque tierra. Ahora aparece otra idea: quitarle alimento
La Secretaría de Marina acaba de reforzar precisamente la otra parte de la estrategia. En lugar de esperar a que las algas alcancen la playa, está utilizando monitoreo satelital, barreras y embarcaciones para interceptarlas mar adentro. El despliegue incluye 11 buques sargaceros costeros, un buque oceánico y más de 13 kilómetros de barreras.
Alvarado propone complementar esa batalla con una planta piloto capaz de tratar inicialmente unos 200.000 litros de aguas residuales, para comprobar cuánto pueden reducirse los nutrientes antes de alcanzar el ambiente.
La diferencia de enfoque es importante. Hasta ahora buena parte del esfuerzo consiste en encontrar, detener y retirar el sargazo. La nueva pregunta es si también hay que empezar a perseguir aquello que lo alimenta. Porque retirar toneladas de algas puede dejar una playa limpia durante unos días. Reducir los nutrientes que llegan al mar intenta intervenir mucho antes: cuando el próximo sargazo todavía está creciendo.