Cuando pensamos en las causas del cáncer, solemos enfocarnos en el estilo de vida o la genética. Sin embargo, hay agentes invisibles que, aunque menos conocidos, pueden tener un impacto profundo: las infecciones provocadas por virus y bacterias. Lo más inquietante es que, en muchos casos, esta influencia puede evitarse. Conocer este vínculo es esencial para anticiparse a la enfermedad y fortalecer las medidas de prevención.

Cómo las bacterias pueden allanar el camino al cáncer
El cáncer no aparece de la nada: surge por alteraciones en los genes que regulan el comportamiento celular. Pero más de un tercio de los casos se deben a factores modificables. Entre ellos, las infecciones por bacterias representan una amenaza muchas veces subestimada.
Algunas bacterias pueden iniciar procesos inflamatorios crónicos que alteran el equilibrio del sistema inmunitario. Un ejemplo clave es Helicobacter pylori, capaz de provocar cáncer gástrico tras años de infección. Aunque la mayoría de las personas infectadas nunca desarrollan síntomas graves, otras pueden terminar padeciendo úlceras o tumores, dependiendo de factores genéticos y ambientales.
Los tratamientos con antibióticos pueden eliminar algunas infecciones, pero también alteran la microbiota intestinal, dejando al cuerpo vulnerable a nuevas amenazas. En personas con cáncer, donde las defensas están comprometidas, las infecciones bacterianas son un riesgo adicional, y su manejo implica un uso frecuente de antibióticos, lo que puede generar resistencias.
Virus que se esconden tras los tumores
Algunos virus también tienen la capacidad de inducir cáncer. La buena noticia es que, en varios casos, podemos prevenir estas infecciones con vacunas accesibles y eficaces.
El virus del papiloma humano (VPH) es el más conocido. Es responsable de la mayoría de los casos de cáncer de cuello uterino, uno de los más comunes en mujeres. La vacuna contra el VPH, especialmente eficaz si se administra entre los 9 y 12 años, ha demostrado prevenir varios tipos de tumores asociados a este virus.
Los preservativos, aunque útiles para evitar otras infecciones, no eliminan completamente el riesgo de contagio, ya que el VPH puede alojarse en zonas no cubiertas por la profilaxis.
Otros virus peligrosos son los de la hepatitis B y C, que pueden desencadenar cáncer de hígado. Actualmente existe una vacuna preventiva contra la hepatitis B, y tratamientos antivirales efectivos para la hepatitis C, que reducen significativamente el riesgo de complicaciones graves.

La clave está en la prevención
Aunque aún se investiga cómo influyen las infecciones en el desarrollo del cáncer, ya contamos con herramientas eficaces para actuar: vacunas, tratamientos curativos y estrategias de prevención.
En los países con menos recursos, la falta de acceso a estas medidas convierte a las infecciones en una causa desproporcionada de cáncer. Por eso, es urgente reforzar los programas de vacunación y cribado, especialmente en poblaciones vulnerables. La prevención puede marcar la diferencia entre la vida y la enfermedad.
Fuente: Xataka.