Estamos acostumbrados a ver la luna como un tranquilo y fr√≠o acompa√Īante de nuestro planeta en el cielo nocturno, pero no siempre fue as√≠. El √ļnico Sat√©lite natural que tiene la Tierra se ha forjado en una historia de fuego y violentas colisiones c√≥smicas. El veterano artista Ron Miller nos ofrece estas espectaculares ilustraciones que nos cuentan algunos cap√≠tulos de ese oscuro pasado de la Luna.

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Miller no es un cualquiera en el mundo del arte. Es miembro de la Academia Internacional de Astronáutica, de la Asociación Internacional de Artistas Astronómicos y de varias sociedades más dedicadas a interpretar el arte de la manera mas científica posible. También ha sido asesor artístico en multitud de novelas y películas relacionadas con el espacio. Si hay alguien que puede imaginar con precisión como fueron esos instantes, ese es Ron Miller.

Comenzamos nuestro viaje hace 4.527 millones de a√Īos (a√Īo arriba, a√Īo abajo). La hip√≥tesis m√°s extendida sobre la formaci√≥n de la Luna la explica como el resultado de una violenta colisi√≥n entre la Tierra y un planetoide del tama√Īo de Marte conocido como Theia. Lo que v√©is sobre estas l√≠neas no es la Luna, sino Theia, poco antes de impactar contra la Tierra primigenia, en aquel entonces, poco m√°s que una bola de magma incandescente.

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El impacto fusion√≥ Theia con el n√ļcleo de nuestro propio planeta y envi√≥ al espacio ingentes cantidades de materia incandescente. Parte de ese material volvi√≥ a caer sobre nuestro planeta, y parte qued√≥ flotando en √≥rbita.

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Durante un corto peri√≥do (en t√©rminos astron√≥micos) La Tierra estuvo rodeada por un cintur√≥n de materia, como Saturno, hasta que los fragmentos se fueron uniendo en una √ļnica masa s√≥lida.

En aquel tiempo, la luna (en primer plano) no era m√°s que una masa de materiales incandescentes azotada por violentas explosiones a medida que nuevas part√≠culas de distinto tama√Īo se un√≠an a la masa principal.

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La superficie de la luna se fue enfriando, pero siguió sufriendo fuertes reacciones volcánicas que dejaron multitud de marcas en su superficie. La Tierra (al fondo) también se fue enfriando y recuperándose del impacto de Theia. Es probable que nuestro planeta mantuviera un fino anillo de material a su alrededor durante mucho tiempo.

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Unos 1o millones de a√Īos m√°s tarde tuvo lugar el segundo gran fen√≥meno que di√≥ forma a la Luna. Se cree que el cintur√≥n de materia generado durante la colisi√≥n con Theia form√≥ varias lunas. En alg√ļn momento, estas lunas se fusionaron. La colisi√≥n probablemente no fue tan catacl√≠smica como la de Theia contra la Tierra.

Aunque menos violenta, la colisión, vista desde la luna, hubiera sido este hermoso y letal muro de magma esparciéndose por la superficie. Se cree que esta colisión es la causa de que la Luna no sea proporcionadamente esférica.

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Durante millones de a√Īos, erupciones volc√°nicas y grandes r√≠os de lava marcaron la superficie de la Luna con muchos de los cr√°teres y planicies de Lava documentados hoy en los mapas lunares.

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A las erupciones internas se sumaron los impactos externos que ninguna atmósfera amortiguaba. Las huellas de estos impactos pueden verse en marcas como el cráter de Aitken, de 130 kilómetros de diámetro, situado en el polo sur lunar.

El asteroide que ocasion√≥ el cr√°ter de Aitken ocurri√≥ hace 3.000 millones de a√Īos. Es posible que en los oc√©anos primigenios de aquella Tierra solo contemplaran el impacto un pu√Īado de algas primitivas, pero tuvo que ser todo un espect√°culo no muy diferente a esta ilustraci√≥n.

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Illustraciones: Ron Miller