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Ciencia

El volcán de Costa Rica que podría revelar si Marte tuvo vida: un lago superácido donde sobrevive una bacteria desconocida

En el cráter del volcán Poás, en Costa Rica, existe una laguna tan ácida que disuelve metales y mata casi todo lo que toca. Pero allí vive una bacteria que desafía las reglas de la biología. Los científicos creen que este entorno replica las condiciones de Marte hace 3.500 millones de años.
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En medio del verdor tropical de Costa Rica, un cráter humeante encierra un paisaje que parece arrancado de otro planeta. Allí, donde el aire arde con azufre y el agua tiene la acidez del ácido de batería, prospera una forma de vida que desafía la lógica.
El volcán Poás no solo es uno de los más activos del país: se ha convertido en un laboratorio natural único para entender cómo pudo surgir la vida en Marte cuando aún era un planeta húmedo y volcánico.

 Un lago terrestre con alma marciana

En el centro del cráter del Poás se encuentra la Laguna Caliente, un lago superácido cuya composición química recuerda a los antiguos sistemas hidrotermales del Marte primitivo. Su pH ronda los valores del ácido sulfúrico, y sus aguas concentran metales disueltos, azufre y gases volcánicos.

A pesar de ello, en ese entorno extremo sobrevive una comunidad microbiana singular: un grupo reducido de bacterias adaptadas a condiciones tóxicas y cambiantes. Para los astrobiólogos, estudiar su metabolismo puede ofrecer pistas sobre cómo la vida podría haberse originado —o resistido— en otros planetas.

“Tenemos un sesgo muy humano sobre lo que consideramos un ambiente habitable”, señala Rachel Harris, ecóloga microbiana vinculada a la NASA. “Pero para un microbio adaptado al calor, al ácido y a los metales tóxicos, el Poás es el paraíso”.

 Un volcán activo y un laboratorio vivo

El Poás es un estratovolcán con más de un millón de años de historia geológica. Su actividad continúa: en las últimas décadas ha registrado múltiples erupciones, columnas de ceniza y emanaciones de gases que han obligado a evacuar áreas cercanas.

Ese dinamismo geotérmico explica la química tan extrema del lago. La continua filtración de gases volcánicos convierte sus aguas en un caldo sulfuroso donde las condiciones cambian de forma impredecible. Justamente por eso, los científicos lo consideran un análogo terrestre de los antiguos ambientes hidrotermales marcianos.

Las imágenes satelitales captadas en 2025 muestran el contraste fascinante: una caldera de tonos ocres y verdosos, como si un fragmento del planeta rojo se hubiera abierto paso en el corazón de América Central.

 La bacteria que no aparece en ningún registro

En 2018, un equipo internacional liderado por Brian Hynek, investigador de la Universidad de Colorado en Boulder, realizó una expedición al Poás para recolectar muestras microbianas. El objetivo: analizar el ADN de los organismos que sobreviven en la Laguna Caliente y compararlos con linajes conocidos.

El resultado fue desconcertante. En el agua solo se halló una única especie bacteriana, extremadamente especializada, que utiliza el azufre del entorno como fuente de energía. Este metabolismo, basado en la quimiosíntesis en lugar de la luz solar, coincide con los modelos teóricos de vida primitiva que podrían haber existido en Marte.

Pero lo más sorprendente es que, tras la secuenciación genética, la bacteria no coincidía con ninguna especie conocida.
“Quizá nunca había sido identificada antes, y por eso no aparece en las bases de datos”, explicó Hynek. “Este lugar tiene la misma química y los mismos minerales que los sistemas hidrotermales de Marte hace 3.500 millones de años. Estudiarlo es como retroceder en el tiempo”.

Los investigadores sospechan que se trata de un linaje único, posiblemente aislado durante miles de años, que podría reescribir lo que sabemos sobre los límites de la vida.

El volcán de Costa Rica que podría revelar si Marte tuvo vida: un lago superácido donde sobrevive una bacteria desconocida
© WikiImages – Pixabay

 Un modelo de lo que Marte pudo haber sido

El vínculo entre Poás y Marte no es nuevo. Ya en 2009, las rocas analizadas por el rover Spirit en una región llamada Home Plate mostraron rastros de antiguos sistemas hidrotermales ácidos. Las similitudes con la química del Poás son tan notorias que muchos científicos lo consideran el mejor modelo terrestre para estudiar la biología marciana.

Si en un lago tan corrosivo como la Laguna Caliente puede existir una forma de vida, es plausible que Marte también haya albergado microorganismos en el pasado, cuando aún tenía agua líquida y una atmósfera más densa.
Incluso si ya desaparecieron, sus huellas —biomarcadores, fósiles microscópicos o restos químicos— podrían seguir ocultas en el subsuelo marciano.

“Marte sigue siendo un gran laboratorio natural”, afirma Hynek. “Buscar vida allí es buscar una historia que comenzó hace miles de millones de años… y que tal vez todavía no ha terminado”.

 Un cráter tropical que explica el cosmos

Las erupciones recientes del Poás obligaron a suspender nuevas expediciones, y el lago incluso llegó a desaparecer temporalmente por evaporación y drenaje subterráneo. Aun así, los científicos planean regresar cuando el entorno se estabilice.

Para ellos, este volcán centroamericano no es solo una curiosidad geológica, sino una puerta hacia las preguntas más antiguas de la humanidad: cómo empezó la vida y hasta dónde puede llegar.

El Poás demuestra que la biología no depende del confort, sino de la adaptación.
Y que quizá, para comprender otros mundos, primero debamos observar con atención los lugares más inhóspitos del nuestro.

 

 

Fuente: Infobae.

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