El volcán Etna, en la isla italiana de Sicilia, registró una nueva fase de intensa actividad explosiva en el cráter Voragine, en medio de un incremento sostenido del temblor volcánico asociado a la dinámica del magma en el interior del edificio volcánico. Según confirmó el Istituto Nazionale di Geofisica e Vulcanologia (INGV), a través de su Observatorio Etneo con sede en Catania, la actividad estromboliana se reanudó en el cráter Voragine a las 18:22 hora local, y poco después se intensificó también la emisión de ceniza desde el Cráter de Nordeste.
Qué mide exactamente el tremor volcánico

El indicador central que sigue el INGV para monitorear el estado interno del volcán es el tremor volcánico, una señal sísmica continua que refleja la energía presente en los conductos magmáticos internos. Según el boletín semanal del organismo, la amplitud media del tremor se mantuvo en valores medios durante gran parte de la semana, hasta que un incremento repentino la llevó al rango de valores elevados, con el centroide de las fuentes sísmicas localizado en la zona del cráter Voragine, a una profundidad de entre 2.800 y 3.000 metros sobre el nivel del mar.
Además del tremor, el INGV monitorea de forma simultánea la actividad infrasónica, es decir, ondas de sonido de muy baja frecuencia generadas por las explosiones internas del volcán, que en las horas previas al nuevo episodio mostraron un marcado aumento en la cantidad de eventos registrados.
Lava fluyendo desde tres bocas distintas
De forma paralela a la actividad explosiva del Voragine, el Etna mantiene actividad efusiva activa desde tres bocas eruptivas ubicadas a 2.750, 2.090 y 1.900 metros de altitud. Según el propio observatorio, el frente más avanzado de los flujos de lava se ubica actualmente a unos 1.395 metros de altitud, entre las localidades de Rocca delle Palombe y Rocca Musarra, en la ladera del volcán.
Por qué el código naranja no significa peligro inminente para la población

Pese al repunte de actividad, el nivel de alerta para la aviación, conocido como VONA (Volcano Observatory Notice for Aviation), se mantiene por el momento en naranja, un código de colores diseñado específicamente para advertir a las autoridades aeronáuticas sobre la presencia o posible emisión de ceniza volcánica en la atmósfera. El nivel naranja indica actividad volcánica elevada o en proceso de intensificación, y exige un seguimiento especial por parte del tráfico aéreo, aunque no equivale al código rojo, reservado para erupciones ya en curso con emisión significativa de ceniza.
Ese mismo sistema de alerta ya había generado semanas atrás la cancelación de cientos de vuelos en el aeropuerto de Catania, la terminal más cercana al volcán, con operaciones desviadas hacia los aeropuertos de Comiso, Palermo y Trapani mientras la situación se normalizaba.
Un volcán con más de 3.300 metros de historia eruptiva reciente
El Etna, con una altura aproximada de 3.300 metros, es el volcán activo más grande de Europa y uno de los más monitoreados del mundo, con estaciones sísmicas, geodésicas, geoquímicas y de videovigilancia funcionando de manera ininterrumpida. Según documentó un estudio publicado en julio de 2025 en la revista Frontiers in Earth Science, el cráter Voragine protagonizó tres secuencias de fuentes de lava especialmente potentes en los últimos años: cuatro episodios entre el 3 y el 5 de diciembre de 2015, tres entre el 18 y el 21 de mayo de 2016, y seis entre el 4 de julio y el 15 de agosto de 2024, cada una con fuerte dispersión de ceniza y afectación a la infraestructura aérea de Sicilia oriental.